El gobernador de Sinaloa con licencia, Rubén Rocha Moya, anunció su regreso al cargo y, un día después, solicitó nuevamente licencia por tiempo indefinido. El episodio provocó el rechazo público de la presidenta Claudia Sheinbaum, gobernadores y dirigentes de Morena, y dejó al mandatario sin respaldo visible dentro de la coalición gobernante.
Rocha Moya sostiene que es inocente de los cargos que le atribuye el Departamento de Justicia de Estados Unidos, que habría solicitado al Gobierno mexicano su detención con fines de extradición junto con la de otros nueve funcionarios sinaloenses. La versión oficial presentó su retorno como una decisión personal, aunque el columnista Leo Zuckermann cuestiona que pudiera haber actuado sin autorización política.

El anuncio ocurrió poco después de una carta de Andrés Manuel López Beltrán dirigida al presidente Donald Trump. En ella afirmó que Estados Unidos le canceló la visa, calificó la medida de “hitleriana” y exigió la salida de Marco Rubio y Christopher Landau del Departamento de Estado. El texto abrió dudas sobre la participación de su padre, López Obrador, y sobre si Sheinbaum conoció o aprobó la carta antes de su publicación.
Zuckermann plantea que ambos episodios exhibieron versiones contradictorias, falta de coordinación e interrogantes sobre la autoridad efectiva dentro de Morena y del Gobierno. En el caso de Rocha, Sheinbaum se deslindó de la decisión y consiguió respaldo político para frenarla; el gobernador terminó solicitando otra licencia.
El autor vincula estas controversias con el debate sobre la libertad de expresión. Critica el argumento gubernamental de que existe un “ecosistema de amplificación digital” dedicado a difundir narrativas contra el Gobierno y sostiene que los medios y comentaristas reaccionan a hechos generados por los propios políticos, como la carta de López Beltrán y el regreso anunciado por Rocha Moya.
