La inversión de capital privado en las Américas comenzó 2026 con señales de moderación, aunque los sectores vinculados con la energía, la infraestructura digital y los minerales críticos mantienen el interés de los fondos. De acuerdo con el estudio Pulse of Private Equity Q1’2026 de KPMG, durante el primer trimestre se registraron USD 247,000 millones en inversiones distribuidas en 1,980 acuerdos.
El resultado trimestral se produjo en un contexto de menor actividad acumulada. En los últimos 12 meses, el valor total de las inversiones pasó de USD 1.3 billones a USD 1.2 billones. Además, el flujo total de operaciones acumuladas cayó por primera vez en siete trimestres por debajo de las 10,000 transacciones.

A pesar de esta desaceleración, el comportamiento del mercado apunta hacia una concentración del capital en actividades consideradas estratégicas para los próximos años. En América Latina, la energía, la infraestructura digital y los minerales críticos aparecen entre los destinos que comienzan a consolidarse, impulsados por transformaciones estructurales que no dependen únicamente de los ciclos económicos de corto plazo.
La transición energética es uno de los factores que sostiene esta orientación. La electrificación de la economía, el crecimiento de las fuentes renovables y la expansión de la movilidad eléctrica están elevando la demanda de minerales necesarios para el desarrollo tecnológico y energético. Bajo estas condiciones, los inversionistas identifican en América Latina una disponibilidad de recursos que, según el panorama descrito por KPMG, ofrece ventajas difíciles de replicar en otras regiones.
El interés ya no se limita a la extracción minera. Los fondos de capital privado están observando oportunidades a lo largo de una cadena de valor más amplia, que incluye infraestructura energética, redes de transmisión, sistemas de almacenamiento, procesamiento de recursos, logística y proyectos relacionados con el desarrollo industrial de largo plazo. La búsqueda abarca, por tanto, tanto los recursos como las instalaciones necesarias para integrarlos en actividades productivas.
El contexto geopolítico también está modificando las decisiones de inversión. La competencia entre economías por asegurar el acceso a recursos estratégicos ha llevado a reevaluar mercados que anteriormente recibían menor atención. En ese escenario, algunos países latinoamericanos comienzan a posicionarse como destinos atractivos por la combinación de recursos naturales, perspectivas de crecimiento y esfuerzos para fortalecer sus marcos de inversión.
El atractivo actual de la región no está descrito únicamente como una respuesta a los precios de determinados recursos. Frente a ciclos anteriores, la atención se dirige a sectores considerados relevantes para la competitividad económica de las próximas décadas. Esa perspectiva amplía el horizonte de los proyectos y coloca la energía, la infraestructura y el procesamiento de minerales dentro de una misma agenda de inversión.
Para captar una mayor proporción de esos flujos, la riqueza natural deberá acompañarse de condiciones institucionales y operativas más sólidas. Entre los elementos valorados por los inversionistas se encuentran la certidumbre regulatoria, la estabilidad institucional, una infraestructura moderna y criterios claros en materia ambiental, social y de gobierno corporativo. La disponibilidad de recursos, por sí sola, no garantiza la llegada de inversiones de largo plazo.
América Latina cuenta así con una oportunidad para fortalecer su posición dentro de la nueva economía energética global. La abundancia de minerales críticos, junto con el potencial de crecimiento de las energías renovables y la infraestructura, puede favorecer su papel como destino del capital privado. El desafío señalado es convertir esa riqueza geológica en una ventaja competitiva sostenible que atraiga inversión y contribuya al crecimiento económico durante la transición energética.
