La Fed y el petróleo vuelven a poner a prueba la resistencia de las bolsas

Las bolsas afrontan un septiembre en el que dos variables vuelven a concentrar buena parte de la atención de los inversores: las tasas de interés y los precios de la energía. Barclays advierte que las acciones se han vuelto más sensibles a los movimientos del petróleo y a la volatilidad de los rendimientos, justo cuando el impulso proporcionado por las ganancias corporativas del segundo trimestre comienza a perder fuerza.

La consecuencia inmediata es un mercado menos protegido frente a las sorpresas macroeconómicas. Mientras el petróleo retoma su avance por el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán, el gas europeo ha alcanzado su nivel más alto desde comienzos de 2023. Aunque todavía permanece muy por debajo de los máximos registrados durante la crisis energética de 2022, el repunte es suficiente para reavivar el temor a que la inflación tarde más en moderarse.

La energía vuelve a entrar en el cálculo de la inflación

El encarecimiento del petróleo y del gas no afecta únicamente a las empresas energéticas. Eleva los costos de transporte, producción y electricidad, y puede trasladarse gradualmente a los precios que pagan los consumidores. Esa transmisión complica la tarea de los bancos centrales: si mantienen una política restrictiva durante más tiempo, aumentan la presión sobre el crédito y la actividad; si relajan las condiciones demasiado pronto, corren el riesgo de alimentar nuevamente la inflación.

Los estrategas de Barclays, dirigidos por Emmanuel Cau, consideran que unos precios de la energía elevados durante un periodo prolongado añadirían presión alcista tanto a la inflación como a las tasas de interés. El mercado ya descuenta ahora una probabilidad cercana a dos tercios de que la Reserva Federal suba las tasas en septiembre. Además, los economistas del banco revisaron su previsión y esperan dos incrementos adicionales este año, en septiembre y diciembre.

La expectativa refleja un cambio relevante en la percepción de los inversores. Durante buena parte del año, la fortaleza de los beneficios empresariales permitió que las acciones absorbieran unas condiciones financieras más exigentes. Las compañías consiguieron sostener sus márgenes y justificar valoraciones elevadas, incluso con tasas relativamente altas. Ahora, sin embargo, ese respaldo empieza a desvanecerse y el entorno macroeconómico recupera protagonismo.

La Reserva Federal enfrenta un mercado más dividido

El tono más restrictivo de Kevin Warsh en Jackson Hole contribuyó a reforzar la idea de que la Fed no tiene prisa por iniciar una relajación monetaria. En paralelo, algunas señales de moderación de la actividad estadounidense sugieren que el crecimiento podría estar perdiendo impulso. Esa combinación deja al mercado ante una tensión difícil de resolver: la economía se enfría lo suficiente como para justificar cautela, pero la inflación energética podría impedir que el banco central cambie rápidamente de postura.

Por eso, el informe de nóminas se perfila como una prueba inmediata para las expectativas de septiembre. El dato de inflación al consumidor de la semana siguiente tendrá un peso aún mayor: un mercado laboral resistente junto con una inflación persistente reforzaría la posibilidad de nuevas subidas, mientras que una desaceleración clara en ambos indicadores podría aliviar los rendimientos y ofrecer apoyo a las acciones.

El Banco Central Europeo también podría elevar las tasas una vez más este mes. No obstante, Barclays señala que los riesgos aumentarían si los precios de la energía permanecen altos y crecen las preocupaciones sobre una posible estanflación, es decir, una combinación de inflación persistente y crecimiento débil. Para Europa, la energía representa una vulnerabilidad especialmente visible porque afecta de manera directa a la industria y a la competitividad regional.

Un otoño con varios focos de volatilidad

Las decisiones monetarias no serán el único catalizador. Barclays identifica un calendario de otoño cargado de riesgos: las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos, las conversaciones entre Xi Jinping y Donald Trump y la continuidad de las tensiones geopolíticas. Cada uno de estos acontecimientos puede modificar las expectativas sobre comercio, gasto público, cadenas de suministro y seguridad energética.

La recomendación de los estrategas no equivale a abandonar las bolsas. Su visión hacia el cierre del año sigue siendo favorable, pero está condicionada a que las tasas y el petróleo se estabilicen. En ese contexto, consideran prudente cubrir parte de las carteras y reducir tácticamente la exposición al riesgo. La lógica es clara: cuando los beneficios dejan de actuar como amortiguador, pequeñas variaciones en los rendimientos o en los costos energéticos pueden producir movimientos desproporcionados en los activos más valorados.

La guerra de Ucrania añade una segunda lectura para Europa

La evolución de las negociaciones entre Rusia y Ucrania podría cambiar el panorama energético europeo. Barclays sostiene que el reciente repunte del gas ha frenado la ampliación de la participación del mercado bursátil europeo, una señal de que los inversores han dejado de concentrarse únicamente en las empresas ganadoras y han comenzado a castigar el riesgo de costos más elevados.

Incluso un avance creíble hacia un acuerdo, aunque no conduzca de inmediato a la paz definitiva, sería probablemente bien recibido por los mercados europeos. Los sectores cíclicos podrían beneficiarse de una mejora en las perspectivas de costos: automóviles, materiales y otras industrias intensivas en energía tendrían margen para recuperar rentabilidad. Las empresas de infraestructura y los grupos industriales también podrían anticipar oportunidades vinculadas a una eventual reconstrucción de Ucrania.

El reverso de esa reacción favorecería menos a la energía, las utilities y otros sectores defensivos, que suelen atraer capital cuando aumentan la incertidumbre y el temor a una desaceleración. La cuestión central para los próximos meses, por tanto, no será simplemente si las bolsas suben o bajan, sino qué combinación de tasas, petróleo, crecimiento y riesgo geopolítico terminará imponiéndose. Mientras esa respuesta siga abierta, el mercado dependerá menos del optimismo corporativo y mucho más de la capacidad de los bancos centrales y de la política internacional para contener nuevas presiones.

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