Los precios del petróleo mantuvieron una estabilidad relativa el martes 30 de junio de 2026, aunque cerraron con las mayores caídas mensuales y trimestrales desde los primeros meses de la pandemia de Covid-19. Los mercados observan con atención las posibles conversaciones entre Estados Unidos e Irán programadas en Doha, en un contexto marcado por un alto el fuego provisional tras cuatro meses de conflicto armado.
El futuro del Brent cerró en 72.92 dólares por barril tras una baja de 23 centavos, equivalente a 0.3 por ciento. Por su parte, el West Texas Intermediate (WTI) descendió 1.25 dólares, es decir 1.8 por ciento, hasta ubicarse en 69.50 dólares por barril. Ambos contratos se encuentran cerca de los niveles registrados el 27 de febrero, víspera del inicio de las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán.

Contexto del conflicto y su impacto en el mercado
La guerra que estalló a finales de febrero ha mantenido una tensión constante sobre el suministro energético global. El Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20 por ciento del petróleo mundial, ha operado de manera intermitente debido a restricciones navales y riesgos de seguridad. El alto el fuego provisional alcanzado hace dos semanas generó expectativas de una reapertura completa del paso marítimo, aunque la ausencia de una reunión de alto nivel entre enviados estadounidenses y autoridades iraníes en Doha ha generado dudas sobre el avance de las negociaciones.
Analistas de UBS señalaron que la disponibilidad de buques que anteriormente permanecían varados ha incrementado temporalmente la oferta desde el Golfo Pérsico. Esta situación explica en parte por qué los precios no han reflejado aún una prima de riesgo significativa pese a la prolongación del conflicto. Morgan Stanley, por su lado, revisó sus proyecciones y ahora anticipa un superávit implícito de 4.8 millones de barriles diarios en el mercado mundial para 2027.
Caídas históricas en junio y el segundo trimestre
Durante junio, el Brent acumuló una pérdida cercana al 20 por ciento, después de haber descendido 19 por ciento en mayo. Esta es la mayor caída mensual desde el desplome del 55 por ciento registrado en marzo de 2020, cuando la demanda mundial se contrajo drásticamente por las medidas de confinamiento. En el segundo trimestre, el Brent retrocedió aproximadamente 38 por ciento, contrastando con el alza del 94 por ciento observada en el primer trimestre del año.
La mezcla mexicana de exportación, en tanto, registró un ligero avance de 0.25 por ciento para cerrar junio en 67.20 dólares por barril. Este comportamiento contrasta con la tendencia general de los índices de referencia internacionales y refleja las particularidades del mercado latinoamericano frente a las fluctuaciones del Brent y el WTI.
Condiciones técnicas y cambios en la composición del Brent
El Brent permaneció 13 días consecutivos en territorio de sobreventa técnica, mientras que el WTI lo hizo durante 11 sesiones. Esta situación suele indicar que los precios han caído de forma acelerada y que podrían presentarse rebotes técnicos en el corto plazo, aunque el fondo del mercado sigue dominado por factores geopolíticos y de oferta.
Por primera vez desde al menos 2021, el suministro de los cinco tipos de crudo del Mar del Norte que conforman el índice Brent para agosto no incluirá crudo Brent propiamente dicho. Este cambio en la composición del benchmark podría influir en la formación de precios durante los próximos meses y añade un elemento adicional de complejidad para los operadores.
Los envíos desde el Golfo Pérsico han mostrado una recuperación gradual desde la firma del alto el fuego provisional. Sin embargo, la falta de avances concretos en las conversaciones de Doha mantiene la incertidumbre sobre la duración real de la tregua y sobre la posible reapertura plena del Estrecho de Ormuz. Los analistas coinciden en que cualquier interrupción adicional del flujo de crudo podría revertir rápidamente la tendencia a la baja observada en las últimas semanas.
El comportamiento de los precios durante el segundo trimestre también refleja un ajuste tras el fuerte repunte del primer trimestre, impulsado entonces por expectativas de escasez. La combinación de una oferta temporalmente incrementada y la ausencia de una resolución definitiva del conflicto configura un escenario de alta volatilidad para los próximos meses.
