Coahuila redefine transporte en Torreón sin Metrobús

El anuncio del gobernador Manolo Jiménez Salinas marca un giro claro en la política de movilidad para la región de La Laguna. Tras la cancelación definitiva del Metrobús por parte del gobierno federal anterior, el Estado de Coahuila opta por un modelo de mejoras graduales centrado en la renovación de unidades, la capacitación de operadores y el ajuste de frecuencias. Esta decisión responde a la falta de recursos federales y a la necesidad de adaptar las soluciones a las condiciones reales de una ciudad intermedia como Torreón.

La experiencia acumulada durante la gestión del fallecido alcalde Román Cepeda ofrece un punto de partida concreto. Los estudios previos sobre rutas y demanda permitirán acelerar la fase de diagnóstico sin partir de cero. Sin embargo, el nuevo plan deja de lado la infraestructura pesada que caracterizaba al Metrobús y se concentra en intervenciones de menor escala pero de ejecución más rápida.

Uno de los elementos más relevantes es la intención de replicar el programa “Aquí Vamos Gratis” de Saltillo. Ese esquema combina subsidios focalizados con control de calidad mediante aplicaciones y encuestas de satisfacción. En Torreón, el modelo requerirá ajustes porque la densidad de usuarios y la distribución de colonias periféricas difieren de la capital estatal. La adaptación exitosa dependerá de la capacidad para mapear con precisión las rutas de mayor demanda y evitar subsidios que beneficien a quienes no los necesitan.

Viabilidad financiera y dependencia federal

El Metrobús quedó descartado principalmente por razones presupuestales. La inversión inicial ya realizada perdió sentido cuando se retiró el apoyo federal, dejando al Estado frente a costos de operación que superaban sus posibilidades. Esta situación refleja un patrón más amplio en México: proyectos de transporte masivo anunciados en periodos electorales que luego enfrentan interrupciones por cambios de administración. La lección para Coahuila es clara: cualquier sistema nuevo debe construirse con recursos mayoritariamente estatales y municipales, reduciendo la exposición a decisiones externas.

La propuesta de un sistema metropolitano con Durango, impulsada por el gobernador Esteban Villegas, añade una capa de complejidad. Compartir infraestructura y rutas entre dos entidades requiere acuerdos sobre tarifas, mantenimiento y fiscalización que rara vez se alcanzan con rapidez. Las mesas de trabajo anunciadas serán determinantes, pero el historial de colaboración interestatal en la región muestra avances lentos cuando los incentivos políticos no están alineados.

Impacto en usuarios y operadores

Para los habitantes de Torreón, el beneficio inmediato podría llegar a través de unidades más modernas y horarios más confiables. Los retrasos frecuentes y las unidades en mal estado han sido quejas recurrentes durante años. Un programa de dignificación del servicio que incluya sanciones por incumplimiento de frecuencias podría mejorar la percepción del transporte público y reducir el uso del automóvil en trayectos cortos. Sin embargo, el efecto real dependerá de que las mejoras lleguen primero a las colonias con mayor número de usuarios de bajos ingresos.

Los choferes enfrentan un proceso de profesionalización que implica exámenes, cursos y posiblemente mayor control sobre sus jornadas. Si bien esto puede elevar la calidad del servicio, también genera resistencia entre quienes operan bajo esquemas informales. La experiencia de Saltillo muestra que la resistencia disminuye cuando se ofrecen incentivos salariales ligados al cumplimiento de estándares, pero el margen fiscal de Coahuila limita la magnitud de esos incentivos.

Riesgos de implementación y tendencias futuras

El principal riesgo radica en la fragmentación de la ejecución. Sin un organismo metropolitano fuerte, cada municipio podría priorizar sus propias rutas, generando solapamientos y vacíos de cobertura. Otro riesgo es la presión inflacionaria sobre el costo de las unidades nuevas, especialmente si se opta por tecnologías más limpias sin subsidios federales. Finalmente, la falta de continuidad administrativa podría detener el programa antes de que muestre resultados medibles en reducción de tiempos de viaje o accidentes.

A mediano plazo, la región podría moverse hacia flotas híbridas o eléctricas si los precios de estas tecnologías continúan bajando. La colaboración con Durango, aunque compleja, ofrece la oportunidad de planificar corredores que conecten zonas industriales y universitarias de ambos lados de la frontera estatal. El éxito dependerá menos de grandes anuncios y más de la capacidad de mantener el financiamiento y la supervisión técnica durante al menos dos administraciones consecutivas.

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