México resiste sin generar impulso propio

El contraste entre los récords de empleo formal y los modestos ritmos de crecimiento proyectados por el FMI plantea una pregunta directa: ¿qué tan sólida es realmente la base productiva mexicana cuando los indicadores agregados ocultan debilidades estructurales persistentes?

Dependencia del marco externo como primer ancla

Los 22.8 millones de empleos formales, la inflación controlada en 3.37 por ciento y las exportaciones que rozan los 723 mil millones de dólares configuran un escenario de resistencia macroeconómica innegable. Sin embargo, estos logros se sostienen principalmente en la continuidad del T-MEC y en las cadenas de suministro automotriz integradas con Estados Unidos y Canadá. Cuando el FMI advierte que la no renovación del tratado por otros 16 años podría frenar la actividad, queda claro que México no controla las variables decisivas de su propio crecimiento.

La decisión de Donald Trump sobre el futuro del acuerdo comercial introduce una volatilidad que ningún dato de inversión extranjera directa de 41 mil millones de dólares logra neutralizar. Las empresas que hoy celebran récords de exportación hacia el mercado estadounidense operan bajo un horizonte de incertidumbre que afecta decisiones de mediano plazo en expansión de capacidad instalada.

La inversión que no moderniza

El aumento de 5.1 por ciento en la formación bruta de capital fijo durante abril de 2026 se concentra casi exclusivamente en construcción y vivienda pública. La maquinaria y equipo, componente esencial para elevar la productividad, apenas avanzó 0.9 por ciento anual, mientras la maquinaria de origen nacional cayó 10.6 por ciento. Esta composición revela que el impulso actual no está renovando el aparato productivo interno.

El nearshoring ha traído nuevas plantas y mayores volúmenes de exportación, pero no ha generado un salto tecnológico medible. La productividad laboral creció solo 0.9 por ciento frente al cierre de 2024 y el PIB por trabajador mexicano permanece estancado durante una década, según datos del Banco Mundial. Las nuevas instalaciones operan con procesos importados y poca integración con proveedores locales de alta tecnología.

Consumo que drena divisas

El gasto privado crece 2.1 por ciento anual, pero el componente de bienes importados se dispara 11.7 por ciento mientras el de bienes nacionales se mantiene en cero. Esta dinámica indica que el aumento del poder adquisitivo se canaliza hacia productos que México no fabrica en cantidad suficiente ni con la calidad requerida. El país está comprando afuera lo que no produce internamente, lo cual erosiona el efecto multiplicador que debería generar el empleo formal adicional.

Perspectivas regionales desiguales

El mapa industrial muestra disparidades marcadas. San Luis Potosí registró un avance mensual de 5.1 por ciento en marzo, mientras Durango cayó 1.7 por ciento y Coahuila no presentó variación. Esta heterogeneidad territorial refleja que el nearshoring beneficia principalmente a estados ya integrados a cadenas globales de valor, dejando rezagadas regiones con menor conectividad logística y menor calidad de capital humano.

Los gobiernos estatales de las entidades rezagadas enfrentan la disyuntiva de competir por inversiones con incentivos fiscales que erosionan sus finanzas públicas sin garantía de que las nuevas plantas generen encadenamientos productivos locales duraderos.

Riesgos que se acumulan hacia 2027

La proyección del FMI de 2.0 por ciento de crecimiento para este año y 2.3 por ciento para 2027 contrasta con las tasas de 6.0 y 7.5 por ciento esperadas para India y Vietnam. El encarecimiento energético derivado del conflicto en Irán añade presión sobre costos de transporte y manufactura que México, con su alta dependencia de importaciones de insumos intermedios, absorbe de manera directa.

Si el T-MEC enfrenta renegociación o interrupción, las cadenas automotrices que hoy representan una porción significativa de las exportaciones podrían reubicar parte de su producción hacia jurisdicciones con mayor certidumbre regulatoria. La diversificación de mercados de destino sigue siendo limitada y no compensaría rápidamente una contracción en la demanda estadounidense.

Las empresas extranjeras que han invertido en el país evalúan escenarios de contingencia que incluyen reducción de planes de expansión. Los trabajadores mexicanos, por su parte, mantienen niveles de empleo formal elevados pero sin mejoras sustanciales en productividad que se traduzcan en salarios reales más altos de manera sostenida.

La necesidad de un impulso interno

Mientras el país no logre elevar la formación de capital en maquinaria nacional, ampliar la oferta de bienes intermedios producidos localmente y reducir la dependencia de un solo tratado comercial, los récords actuales seguirán siendo vulnerables a decisiones tomadas fuera de sus fronteras. La resistencia macroeconómica observada hasta ahora es real, pero la capacidad de generar crecimiento autónomo permanece ausente.

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