El Salvador permite lácteos con leche en polvo

El 27 de julio de 2026 entró en vigor la reforma al artículo 21 de la Ley de fomento de producción higiénica de la leche que elimina la prohibición de comercializar productos elaborados con leche en polvo reconstituida. La medida, publicada el 19 de julio en el Diario Oficial, mantiene intacta la restricción a adulterantes y busca armonizar la norma con el Reglamento Técnico Centroamericano vigente desde 1960. El Gobierno argumenta que la modificación refuerza la inocuidad, reduce precios y mejora el abastecimiento, mientras el sector productor advierte riesgos para cientos de pequeños ganaderos que representan el 80 % de la producción nacional.

La solicitud partió del Ministerio de Agricultura y Ganadería, que participó en la comisión legislativa. Durante la votación en plenaria, el diputado Serafín Orantes defendió la reforma por su contribución a la salud pública, aunque no detalló ventajas específicas de la leche en polvo frente a la fluida nacional. La diputada Claudia Ortiz recordó que la prohibición original databa del año 2000 y había sido diseñada precisamente para proteger a los pequeños productores. Su enmienda para exigir etiquetado visible obtuvo solo tres votos.

Efectos en la cadena de valor láctea

La apertura inmediata permite que importadores y procesadores sustituyan parte de la leche fluida nacional por leche en polvo de menor costo, principalmente de origen estadounidense o neozelandés. Esto genera una presión a la baja sobre los precios al productor local, que ya operan con márgenes estrechos. Según datos de Proleche, el sector ganadero salvadoreño produce alrededor de 480 millones de litros anuales, de los cuales el 65 % proviene de fincas con menos de 20 vacas. Una reducción del 15 % en el precio de referencia de la leche cruda, escenario plausible según proyecciones de la asociación, reduciría los ingresos de estos productores en aproximadamente 42 millones de dólares al año.

El Ministerio de Agricultura anunció la incorporación del sector al Programa Aumento de la Producción, que incluye insumos a costo, asistencia veterinaria gratuita y líneas de crédito preferenciales. Sin embargo, el historial de programas similares muestra que los pequeños productores enfrentan dificultades para cumplir los requisitos de garantía y plazos de reembolso, lo que limita el alcance real de estas medidas compensatorias.

Tres dinámicas estructurales que la reforma acelera

La primera dinámica es la concentración de la industria procesadora. Las plantas medianas y grandes pueden ahora formular productos con mezcla de leche fluida y en polvo sin violar la ley, lo que favorece economías de escala y reduce la demanda de leche cruda local. La segunda es la erosión de la trazabilidad: sin obligación de etiquetado diferenciado, el consumidor pierde capacidad para distinguir entre leche 100 % nacional y productos recombinados. La tercera es la integración regional asimétrica: El Salvador se alinea con países centroamericanos que ya permiten la recombinación, pero lo hace sin haber desarrollado mecanismos de defensa comercial que otros miembros de la región sí aplican.

Estas tres tendencias no son especulativas. En Costa Rica, tras una apertura similar en 2018, la participación de leche en polvo en el mercado interno pasó del 12 % al 31 % en cuatro años, según datos de la Cámara Nacional de Productores de Leche. Los productores salvadoreños observan ese precedente con preocupación.

Perspectivas contrapuestas y riesgos latentes

El Ejecutivo sostiene que la reforma mejora la seguridad alimentaria al prohibir explícitamente adulterantes y al facilitar el cumplimiento de estándares regionales. Los consumidores de menores ingresos podrían beneficiarse de precios más estables, especialmente en productos como quesos frescos y crema. Sin embargo, Salvador Gross, presidente de Proleche, advierte que la ausencia de etiquetado obligatorio puede generar competencia desleal y desincentivar la inversión en genética y pasturas mejoradas que el propio Gobierno promueve.

Un riesgo adicional radica en la calidad nutricional percibida. Estudios de la FAO indican que la leche reconstituida mantiene valores proteicos similares, pero pierde parte de los componentes bioactivos presentes en la leche fluida fresca. Aunque la diferencia no implica riesgo sanitario inmediato, sí puede afectar la preferencia de consumidores premium y de programas de alimentación escolar que priorizan productos locales.

De cara al futuro, el escenario más probable es una reducción gradual de la participación de pequeños productores en el mercado formal y un aumento de las importaciones de leche en polvo. Las fincas que logren certificaciones de calidad diferenciada o que se integren a cadenas de valor con valor agregado tendrán mayor resiliencia. El resto enfrentará una transición difícil sin políticas de acompañamiento más específicas que las anunciadas hasta ahora. La experiencia regional demuestra que las reformas de este tipo son irreversibles una vez implementadas, por lo que el diseño de mecanismos de transición resulta determinante en los próximos 24 meses.

Artículos relacionados

Últimos artículos