El riesgo define la persistencia emprendedora

La creación de una empresa suele presentarse como el momento decisivo del emprendimiento, pero la evidencia disponible apunta a una realidad más compleja: iniciar un negocio y conseguir que sobreviva son procesos distintos. Un estudio publicado en 2026 en el Journal of Behavioral and Experimental Economics sostiene que la tolerancia a la incertidumbre financiera es el factor conductual más constante tanto para comenzar una actividad empresarial como para mantenerla durante periodos prolongados.

La investigación, titulada “From entry to persistence: Socio-emotional skills and entrepreneurial profiles”, fue elaborada por Sinha, Magnani y Zhu a partir de dos décadas de información de una encuesta longitudinal realizada en Australia. El análisis examina la relación entre los llamados cinco grandes rasgos de personalidad y la trayectoria emprendedora de las personas, con especial atención a la frecuencia con que ingresan a esta actividad y a su capacidad para continuar en ella.

Desde la perspectiva de la economía conductual, emprender implica tomar decisiones bajo incertidumbre. En ese proceso intervienen el capital disponible, los conocimientos técnicos y las habilidades de gestión, pero también las preferencias económicas y los rasgos socioemocionales que influyen en la manera de evaluar pérdidas, oportunidades y escenarios futuros. La relevancia del estudio radica en que diferencia dos momentos que con frecuencia se agrupan bajo una misma etiqueta: la entrada al mercado y la persistencia empresarial.

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La tolerancia al riesgo marca la diferencia

El principal hallazgo es que la preferencia por el riesgo, entendida como una mayor disposición a tolerar la incertidumbre financiera, es el predictor más significativo y consistente de ambos resultados. Las personas con una tolerancia elevada tienen más probabilidades de iniciar un negocio y, una vez dentro de la actividad, de conservarlo activo durante más tiempo.

La relación no implica que asumir riesgos garantice el éxito. La evidencia apunta, más bien, a que quienes pueden soportar una mayor variabilidad en sus ingresos, inversiones y resultados están en mejores condiciones para sostener la decisión emprendedora cuando aparecen dificultades. Esta distinción resulta relevante porque la supervivencia de una empresa exige enfrentar periodos de ventas bajas, cambios en la demanda, aumentos de costos y decisiones de inversión cuyos beneficios pueden tardar en materializarse.

El estudio también identifica a la apertura a la experiencia como el segundo factor de mayor importancia. Su influencia es particularmente visible en empresas formalmente constituidas y con orientación al crecimiento, donde la capacidad de explorar nuevas ideas, adaptarse a cambios y modificar modelos de negocio puede tener un peso mayor que en actividades de subsistencia o de menor escala.

Rasgos asociados al éxito pierden fuerza

Otros atributos que suelen vincularse con el desempeño empresarial muestran una influencia más limitada y menos uniforme. La responsabilidad, la estabilidad emocional y el locus de control, es decir, la percepción de que los resultados dependen principalmente de las propias decisiones, no presentan en el análisis una relación tan consistente con la entrada y la continuidad como la tolerancia al riesgo.

El resultado cuestiona una visión simplificada del perfil emprendedor. La disciplina, la confianza y la capacidad de organización pueden ser útiles para administrar una empresa, pero no necesariamente explican por sí solas quién decide emprender ni quién permanece en el mercado. La investigación sugiere que las características necesarias para iniciar una actividad no siempre coinciden con las que ayudan a sostenerla.

También aparecen diferencias relacionadas con el género. En las mujeres, la asociación entre tolerancia al riesgo y continuidad empresarial es más fuerte que en los hombres. Los autores vinculan esta diferencia con las mayores barreras que ellas suelen enfrentar para entrar al mercado y obtener financiamiento. En ese contexto, las mujeres que logran mantenerse en la actividad tienden a mostrar una disposición al riesgo particularmente elevada, posiblemente porque han debido superar obstáculos iniciales más exigentes.

México enfrenta un problema de supervivencia

La evidencia resulta especialmente pertinente para México, donde el desafío no se limita a crear nuevos negocios. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, un negocio nuevo tiene una esperanza de vida promedio de 7.7 años. Cerca de 64% sobrevive al primer año de operación y alrededor de 30% alcanza los cinco años, lo que significa que aproximadamente siete de cada diez establecimientos desaparecen durante ese periodo. A los 20 años, solo 11% continúa activo.

El Global Entrepreneurship Monitor estimó en su reporte de 2024 que únicamente uno de cada 30 emprendimientos en México logra consolidarse. Aunque las cifras provienen de mediciones con metodologías distintas, ambas referencias apuntan a una misma limitación: la creación de empresas no se traduce automáticamente en permanencia, crecimiento ni generación sostenida de empleo.

Este problema tiene una dimensión económica amplia. Las micro, pequeñas y medianas empresas concentran la mayor parte del empleo del país, por lo que sus altas tasas de desaparición afectan la estabilidad de los ingresos, la productividad local y la acumulación de capacidades empresariales. Cada cierre puede representar la pérdida de una fuente de trabajo, de una relación comercial y de una inversión que difícilmente se recupera en el corto plazo.

De impulsar la entrada a sostener el negocio

Los resultados plantean un ajuste para las políticas de fomento. Los programas públicos y privados suelen concentrarse en capacitación inicial, concursos, incubación o capital semilla. Esas herramientas pueden facilitar la entrada, pero resultan insuficientes cuando el principal riesgo aparece después de la apertura, durante la etapa en que el negocio debe generar flujo de efectivo y absorber choques externos.

Una política orientada a la supervivencia tendría que ayudar a gestionar el riesgo, no simplemente a evitarlo. El acceso a crédito en condiciones adecuadas, los seguros para proteger activos e ingresos, la educación financiera y los mecanismos de acompañamiento durante los primeros años pueden reducir la vulnerabilidad sin eliminar la incertidumbre inherente a cualquier empresa. También sería necesario distinguir con claridad entre los instrumentos destinados a crear negocios y aquellos diseñados para mantenerlos operativos.

El estudio no propone convertir la tolerancia al riesgo en un criterio para excluir a quienes desean emprender. Su aporte consiste en mostrar que las decisiones empresariales están condicionadas por factores conductuales y por el entorno institucional. La supervivencia dependerá de la interacción entre las capacidades individuales y la disponibilidad de financiamiento, información, protección y mercados. Para México, acompañar esa etapa puede ser más determinante que seguir contabilizando únicamente cuántas empresas nacen.

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