La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, sostuvo que la inflación anual siguió desacelerándose en julio, cuando registró una baja de 3.12%, y presentó ese dato como una señal favorable para la economía. En su explicación, afirmó que ese comportamiento no se entiende solo por la evolución natural de los precios, sino también por una serie de acuerdos públicos que, según dijo, han evitado que la inflación se duplicara.
Sheinbaum vinculó ese resultado con mecanismos como el Paquete Contra la Inflación y la Carestía, conocido como PASIC, y con convenios voluntarios en el mercado de combustibles. Su mensaje colocó el foco en una estrategia de control de precios basada en coordinación con productores, comercializadores y distribuidores, más que en medidas de intervención directa. La lectura política de fondo es clara: el gobierno busca presentar la estabilidad de precios como producto de una política deliberada y no como un efecto aislado del mercado.

PASIC y canasta básica
En el caso del PASIC, Sheinbaum explicó que el programa se centra en productos esenciales de la canasta básica, incluidos alimentos y algunos artículos sanitarios, con el objetivo de evitar incrementos que presionen el gasto de los hogares. De acuerdo con su versión, el costo semanal de esa canasta se mantiene por debajo de 913 pesos, una cifra que comparó con 2024, cuando superaba los mil pesos. El dato, presentado así, apunta a una reducción real frente al año anterior y refuerza el argumento oficial de que hay una contención efectiva en rubros sensibles para el consumo cotidiano.
Ese énfasis no es menor. En México, la percepción sobre la inflación suele depender menos del indicador general y más de los precios que las familias enfrentan en alimentos, transporte y energía. Por eso, cuando el gobierno destaca que ciertos productos no han subido o incluso han bajado en términos reales, está intentando sostener la credibilidad social de la política económica en terrenos donde la estadística macroeconómica no siempre convence por sí sola.
La gasolina como ancla
Sheinbaum también puso como ejemplo el acuerdo alcanzado con gasolineros para que la gasolina Magna no rebasara los 24 pesos por litro. Según dijo, ese nivel se mantiene desde el primer trimestre de 2025. Añadió que el diésel permanece en 27 pesos por litro y que el precio del combustible para aviación también se ha contenido, aun cuando el petróleo registró alzas en otros mercados por la guerra en Irán.
La referencia a los combustibles es central porque estos precios tienen un efecto en cadena sobre transporte, distribución y producción. Mantenerlos estables ayuda a amortiguar presiones inflacionarias en otros segmentos, aunque también implica una coordinación política constante con el sector privado. El gobierno, en este caso, apuesta por acuerdos voluntarios para reducir la volatilidad y dar una señal de previsibilidad al mercado interno.
La presidenta incluyó además el caso del jitomate, cuyo incremento reciente generó preocupación entre consumidores. Dijo que, tras una reunión con centrales de abasto y grandes distribuidores de alimentos, se alcanzó otro acuerdo voluntario para evitar la especulación y estabilizar el precio. Con ello, el Ejecutivo intenta mostrar que su estrategia no se limita a combustibles o canasta básica, sino que también busca intervenir en productos con peso visible en la inflación percibida por los hogares.
El planteamiento de Sheinbaum deja ver una línea de gobierno que privilegia la concertación para ordenar el mercado. Su eficacia dependerá de dos factores: que los acuerdos se sostengan en el tiempo y que el alivio en precios se traduzca en una disminución más amplia y duradera de la inflación. Por ahora, el mensaje oficial es que la combinación de desaceleración anual, control de combustibles y pactos sobre alimentos ha permitido evitar un escenario más severo para los consumidores mexicanos.
