Vaca Muerta, uno de los mayores yacimientos de hidrocarburos no convencionales del mundo, se perfila como una de las principales herramientas de Argentina para afrontar su prolongada inestabilidad económica, aunque analistas ponen en duda que su potencial sea suficiente para reactivar por sí solo la economía del país. El yacimiento patagónico ya convirtió al petróleo crudo en el principal producto de exportación argentino durante el primer semestre del año.
Según cifras citadas en el análisis publicado este lunes por The New York Times, las ventas externas de crudo crecieron un 47,7 % interanual y representaron el 9,5 % del total exportado. De ese modo, superaron al maíz y a la harina y los pellets de soja, que concentraron el 8,4 % de las exportaciones. Se trata de un hecho inédito para Argentina, cuya economía ha dependido tradicionalmente de las ventas externas del sector agropecuario.

El Gobierno argentino presenta a Vaca Muerta como “un recurso de clase mundial que está cambiando la realidad energética del país” mediante la producción de gas y petróleo no convencional. Más de 30 empresas nacionales e internacionales participan en inversiones vinculadas con la formación, ubicada principalmente en la provincia de Neuquén.
El crecimiento de la actividad también ha atraído trabajadores desde otras regiones. Ezequiel Barrozo, de 27 años, se trasladó este año desde Rosario hasta Añelo, la localidad más cercana a los yacimientos. “En todos lados dicen que esta es la capital del petróleo”, declaró. Según relató, ahora gana el triple de lo que cobraba como policía en la ciudad santafesina.
Como Barrozo, otras personas se han mudado o consideran hacerlo con la expectativa de que el auge petrolero les permita mejorar sus ingresos y su calidad de vida. El aumento de la actividad ha reforzado la percepción de que la explotación de Vaca Muerta puede abrir oportunidades laborales en una provincia que concentra buena parte de las operaciones energéticas del país.
Costos crecientes y presión ambiental
Las señales de expansión conviven, sin embargo, con dificultades dentro de la propia región productora. Las medidas adoptadas por el presidente Javier Milei han atraído inversiones, pero también han debilitado la demanda interna, según el análisis. En Neuquén, el incremento del costo de vida alimenta el malestar entre sectores que no perciben los beneficios del desarrollo petrolero.
“Esta es la paradoja de la nueva Argentina”, afirmó Lef Nawel, activista mapuche en Neuquén. A su juicio, la transformación económica divide a quienes logran incorporarse al nuevo mercado laboral y quienes quedan fuera. “O estás adentro o estás afuera”, advirtió.
La explotación también enfrenta cuestionamientos ambientales y sociales. En medio de la crisis climática, diversas comunidades, incluida la mapuche, critican el manejo que consideran inadecuado de los residuos químicos generados por las operaciones. La tensión entre extracción de recursos y preservación del medioambiente constituye uno de los desafíos habituales de los proyectos energéticos en América Latina.
Las comunidades locales sostienen además que la riqueza producida no se distribuye de manera equitativa. “Extraen el petróleo y se lo llevan”, denunció la dirigente mapuche Olga Mabel Campo. “Pero nosotros somos los que nos quedamos”, añadió.
