El presidente Donald Trump anunció este viernes que Estados Unidos permitirá durante 90 días la importación de hasta 300.000 toneladas de carne molida sin aranceles fuera de cuota. La medida busca contener el aumento de los precios de los alimentos antes de las elecciones y aliviar la presión sobre los consumidores, aunque la Casa Blanca todavía no identificó a los países que suministrarán el producto.
Una respuesta a la escasez interna
Trump afirmó que los proveedores se comprometieron a vender la carne un 25% por debajo de los precios de mercado. El anuncio combina una respuesta inmediata al encarecimiento de la proteína con un intento de ganar tiempo para recuperar el hato ganadero estadounidense, actualmente en mínimos de varias décadas. La decisión revela una tensión en la política comercial del Gobierno: mientras busca proteger la producción nacional, necesita ampliar la oferta externa para moderar los precios.

Los datos comerciales apuntan a Australia, Nueva Zelanda y Brasil como los candidatos más probables para cubrir parte de la demanda. En el primer trimestre de 2026, esos países representaron conjuntamente cerca del 44% del valor de la carne bovina importada por Estados Unidos, con Australia a la cabeza. También figuran como proveedores relevantes Panamá y Colombia. La categoría dominante fue la carne bovina deshuesada congelada, utilizada principalmente para elaborar carne molida.
La dependencia de las importaciones ha aumentado mientras disminuye la producción nacional. Las compras externas podrían alcanzar 5.525 millones de libras este año, un 3% más que en 2025, mientras la producción estadounidense caería un 1%, hasta 25.735 millones de libras. Las importaciones ya equivalen al 17,34% del suministro total, el nivel más alto registrado. Además, la crisis energética vinculada a la guerra en Irán ha elevado los costos de combustible y transporte, lo que limita el impacto que una reducción arancelaria puede tener sobre el precio final.
El alivio, por tanto, será temporal y dependerá de la rapidez con que llegue la carne al mercado y de que el descuento prometido se traslade realmente a los supermercados. Sin una recuperación sostenida del ganado nacional, la medida puede contener la inflación alimentaria durante algunos meses, pero no resolverá el desequilibrio estructural entre oferta y demanda.
