El Gobierno de Estados Unidos decidió no renovar el T-MEC y mantenerlo vigente solo hasta resolver deficiencias comerciales o hasta su posible terminación. El secretario de Economía mexicano aclaró que el acuerdo seguirá operando hasta 2036 con revisiones anuales que no reabrirán el tratado completo, sino solo los temas que preocupen a alguna parte. La primera reunión bilateral está programada para el 20 de julio.

Esta fórmula de revisiones anuales amplía la discrecionalidad de Washington. Los tratados comerciales existen precisamente para fijar reglas estables durante periodos largos; cuando una empresa calcula recuperar su inversión en 10 o 30 años, cualquier posibilidad de cambio unilateral eleva el riesgo. Sectores intensivos en capital como el automotriz, aeroespacial y farmacéutico son los más expuestos.
Organizaciones empresariales estadounidenses han expresado la misma preocupación: la Alliance for Automotive Innovation y la National Association of Manufacturers advierten que la falta de certidumbre regional perjudica las cadenas de suministro norteamericanas y reduce la competitividad frente a China. La decisión de Trump, por tanto, no solo afecta a México; debilita el bloque económico que supuestamente busca fortalecer.
