Javier Milei consiguió atravesar el tercer año de su gestión sin la crisis cambiaria que golpeó a los gobiernos argentinos recientes. La inflación continúa desacelerándose y el mercado mantiene una lectura relativamente favorable sobre la continuidad de su programa económico. Sin embargo, ese resultado convive con una debilidad decisiva: el consumo interno sigue restringido y la recuperación se concentra en pocos sectores. La estabilidad, por sí sola, mantiene al Gobierno competitivo, pero todavía no garantiza su reelección en 2027.
La calma que evitó el peor escenario
La administración libertaria actuó con especial cuidado para impedir un nuevo salto del dólar. El control estricto de los agregados monetarios buscó cumplir dos objetivos simultáneos: reducir la inflación y limitar la presión sobre el mercado cambiario. Hasta ahora, esa estrategia produjo una relativa calma financiera, en contraste con los episodios que marcaron el tercer año de otros gobiernos.
Cristina Kirchner enfrentó en 2014 una devaluación y un repunte inflacionario; Mauricio Macri recurrió en 2018 a un salvataje del Fondo Monetario Internacional en medio de una fuerte escalada del dólar; y Alberto Fernández atravesó en 2022 una crisis política y económica que incluyó tres ministros de Economía en un solo mes. La ausencia de un episodio comparable le permite a Milei llegar a una etapa electoral sensible con un frente macroeconómico menos desordenado.

Menos inflación, menos impulso para comprar
El costo de la estabilidad aparece en el nivel de actividad. Las consultoras relevadas por el Banco Central esperan que la inflación de agosto se ubique en torno al 1,7% y permanezca por debajo del 2% mensual hasta fin de año. Algunos economistas, como Fernando Marull, estiman incluso una nueva baja en septiembre, apoyada en menores ajustes de los alimentos y en aumentos más moderados de las tarifas de luz, gas y telefonía móvil.
Si esa tendencia se sostiene, 2027 podría comenzar con una inflación cercana al 20% anual, frente a un cierre estimado alrededor del 30% para 2026. La mejora es significativa, pero sus beneficios tardan en trasladarse a la vida cotidiana. La política monetaria restrictiva reduce la cantidad de pesos disponibles y desalienta el gasto, mientras los hogares continúan priorizando la cobertura frente a la incertidumbre.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado también recortó con fuerza la proyección de crecimiento del producto bruto interno: ahora calcula una expansión de apenas 2,4% para este año, por debajo del 3,5% que el Fondo Monetario Internacional había proyectado meses atrás. La cifra oculta una economía partida. Energía, minería y agro muestran dinamismo, mientras la industria, el comercio y la construcción permanecen debilitados. “Es una economía donde el 20% anda muy bien, pero un 40% muy mal”, resumió el economista Rodolfo Santángelo.
La ventaja oficialista todavía es relativa
La aprobación de la gestión ronda el 35%, un nivel insuficiente para pensar en una victoria holgada en primera vuelta. Una elección definida en balotaje podría ser estrecha, como ocurrió recientemente en otros países de la región, donde diferencias inferiores a un punto porcentual resolvieron la presidencia. El dato central para Milei es que, por ahora, ningún opositor aparece con un respaldo claramente superior y los niveles de rechazo se mantienen elevados para todos los principales espacios.
Ese equilibrio no equivale a una ventaja consolidada. La experiencia argentina muestra que la reelección presidencial se volvió excepcional: Cristina Kirchner fue la última en conseguirla, en 2011, y después perdieron candidatos oficialistas o continuistas en 2015, 2019 y 2023. El electorado puede valorar la estabilización y, al mismo tiempo, exigir una mejora visible en empleo, ingresos y consumo antes de renovar el mandato.
El crédito y los dólares definirán la próxima etapa
La recuperación del crédito aparece como una condición relevante para transformar la desinflación en actividad. El pico de la morosidad habría quedado atrás y, tras la última licitación, el Tesoro no renovó la totalidad de los vencimientos de bonos. Esa decisión dejó a los bancos con mayor liquidez, que podría dirigirse gradualmente al sector privado. La baja reciente de las tasas en pesos, la moderación del dólar y la caída del riesgo país por debajo de los 500 puntos básicos favorecen ese proceso, aunque todavía no aseguran que el crédito llegue con rapidez a familias y empresas.
Los mercados también distinguen entre la estabilidad macroeconómica y la salud de las entidades financieras. Un informe de Delphos Investment señaló que los bancos argentinos cotizan con un descuento del 34% frente a una muestra de trece bancos latinoamericanos, superior al descuento promedio observado entre las PASO y el final de 2019. Esa brecha refleja que los inversores aún perciben riesgos en la intermediación financiera y en la capacidad de la economía para sostener la recuperación.
El Gobierno cuenta además con un contexto externo favorable, con precios elevados del petróleo y la soja que pueden sostener las exportaciones. Los anuncios sobre Malvinas y las medidas para flexibilizar préstamos en dólares, ampliar los créditos hipotecarios y reducir tasas buscaron recuperar iniciativa política. Pero el obstáculo más persistente es la dolarización de los ahorros: las compras de divisas para atesoramiento superaron los 3.000 millones de dólares en julio. Cada peso destinado a comprar dólares deja de financiar consumo o inversión. Por eso, el desafío de 2027 no será únicamente conservar la estabilidad, sino convencer a los hogares de que ya no necesitan protegerse de la economía dejando de gastar.
