El Tratado de Comercio Libre llega a 36 años sin haber detonado una modernización productiva en México. El comercio con Estados Unidos creció diez veces, pero el componente nacional de las exportaciones cayó del 60 % al 40 %, cerrando miles de empresas de transformación y reemplazándolas con insumos chinos.

La responsabilidad se reparte entre tres sexenios priistas, dos panistas y dos de Morena. Ninguno estableció un diagnóstico de capacidad exportadora ni un acuerdo con el sector privado para elevar productividad. El PRI lanzó programas grandilocuentes sin resultados; el PAN se limitó a la estabilidad macroeconómica; Morena priorizó transferencias directas sin vincularlas a demanda efectiva ni reconversión industrial.
El sector privado optó por la comodidad: exportar más sin invertir en encadenamientos locales ni utilizar el “cuarto de al lado” para orientar la negociación. La burocracia careció de continuidad y visión estratégica, con secretarios sin experiencia o designados por razones políticas. El resultado es un modelo que sigue deteriorándose hasta 2030 sin haber cambiado su lógica original.
