Kast y el retroceso en las encuestas por la economía

El presidente José Antonio Kast registra los niveles más bajos de aprobación desde su llegada a La Moneda el 11 de marzo. Las mediciones de Cadem y Criteria muestran una aprobación entre 35 y 37 por ciento, con una desaprobación que oscila entre 53 y 60 por ciento. Este deterioro se concentra en la percepción negativa sobre el crecimiento económico y la generación de empleo, tras una serie de indicadores que han deteriorado la confianza de los hogares chilenos.

La secuencia de datos que invirtió la tendencia

El punto de inflexión se ubica a fines de marzo, cuando el alza histórica en el precio de los combustibles derivada de la guerra en Irán golpeó directamente el poder adquisitivo. Desde esa fecha la desaprobación superó de manera sostenida al respaldo. En paralelo, el pesimismo sobre el futuro del país pasó de 52 a 57 por ciento, mientras que 61 por ciento de los encuestados considera que Chile avanza por un mal camino, ocho puntos más que en la medición anterior. El Imacec de mayo registró una contracción de 0,9 por ciento frente al mismo mes de 2025, acumulando ya cinco meses consecutivos en terreno negativo, y la tasa de desocupación alcanzó 9,4 por ciento entre marzo y mayo, su peor nivel en cinco años.

Estos datos no son aislados. El 84 por ciento de los consultados por Cadem estima que la economía está estancada o en retroceso, y 88 por ciento califica la situación del empleo como mala o muy mala. La combinación de estos indicadores explica por qué atributos como cercanía y empatía del mandatario se sitúan en 30 y 31 por ciento, mientras que la percepción sobre su capacidad para resolver los problemas del país apenas alcanza 40 por ciento.

¿Qué sectores sufren primero el enfriamiento del consumo?

El comercio minorista y el sector servicios han sido los primeros en registrar caídas en las ventas. Las familias que enfrentan un mercado laboral más estrecho reducen gastos discrecionales, lo que afecta directamente a tiendas, restaurantes y transporte de pasajeros. Las pymes que dependen del consumo interno enfrentan márgenes más estrechos y menor capacidad de inversión, mientras que las grandes empresas exportadoras observan con cautela cómo la demanda interna deja de compensar posibles debilidades externas.

El empleo informal, que suele absorber parte de la mano de obra que no encuentra cabida en el sector formal, también muestra señales de saturación. Esto amplifica la percepción de deterioro entre los hogares de menores ingresos, donde la pérdida de un puesto de trabajo tiene efectos inmediatos sobre la capacidad de pago de deudas y el acceso a servicios básicos.

La reforma como prueba de fuego para el Ejecutivo

El Congreso discute la Ley para la Reconstrucción Nacional y el Desarrollo Económico Social mientras las cifras de popularidad se deterioran. El Senado ya aprobó la idea de legislar y las comisiones de Medio Ambiente, Trabajo y Hacienda comienzan a revisar las indicaciones del Ejecutivo. Solo 18 por ciento de los encuestados considera que Kast mantiene una buena relación con la oposición, el atributo peor evaluado. Esta debilidad relacional complica la búsqueda de apoyos transversales necesarios para aprobar una reforma de gran escala en un escenario de minoría parlamentaria.

La negociación actual revela tensiones internas en la coalición oficialista. Un 20 por ciento de los consultados considera que el presidente mantiene ordenada a su alianza política, once puntos menos que en la medición previa. Esta erosión interna reduce la capacidad de presentar un frente unido ante la oposición y ante los votantes que esperan resultados concretos en materia de empleo.

Tres lecturas que van más allá de las cifras

La primera lectura apunta a que el deterioro de la popularidad no responde únicamente a choques externos como la guerra en Irán. Existe una brecha entre la promesa de campaña de romper doce años de estancamiento y los resultados observados en los primeros cuatro meses de gobierno. Esta brecha se traduce en que 54 por ciento de los encuestados por Criteria califica el manejo económico como peor o mucho peor de lo esperado.

La segunda lectura señala que la debilidad en la relación con la oposición y la fragmentación interna de la coalición limitan la capacidad de respuesta. Sin capacidad de articular mayorías legislativas estables, las medidas de estímulo o de contención del desempleo enfrentan mayores obstáculos de aprobación, lo que prolonga la percepción de parálisis.

La tercera lectura indica que el aumento del pesimismo económico puede alimentar ciclos de menor inversión y consumo. Cuando 84 por ciento percibe estancamiento o retroceso, las decisiones de gasto e inversión de hogares y empresas tienden a volverse más cautelosas, reforzando la contracción que ya muestran los indicadores.

Escenarios de mediano plazo y puntos de riesgo

El ministro de Hacienda sostiene que no hay visos de recesión y que el segundo semestre mostrará una tendencia favorable. Sin embargo, la persistencia de cinco meses consecutivos de Imacec negativo y el alza de la desocupación a 9,4 por ciento introducen dudas sobre la velocidad de la recuperación. Si el empleo no comienza a repuntar antes del último trimestre, la presión sobre las finanzas públicas por mayores demandas de subsidios y programas de apoyo podría intensificarse.

Un riesgo adicional radica en la posible profundización de la brecha entre la percepción ciudadana y el discurso oficial. Si el 61 por ciento que considera que el país va por mal camino se consolida por encima del 65 por ciento, la ventana para recuperar confianza antes de las próximas elecciones legislativas se reduce de manera significativa. En ese escenario, las negociaciones de la megareforma podrían volverse aún más fragmentadas, con sectores de la oposición exigiendo concesiones mayores a cambio de su apoyo.

La combinación de estos elementos sugiere que la administración de Kast enfrenta un período de alta exigencia en el que cada indicador mensual de actividad y empleo será interpretado como una señal de rumbo. La capacidad de traducir la discusión legislativa en medidas que perciban como efectivas por la ciudadanía determinará si el actual nivel de desaprobación se estabiliza o continúa profundizándose.

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