El peso mexicano abrió cerca de 17.55 unidades por dólar el 2 de julio, resistiendo la presión derivada del cambio en las reglas del T-MEC. Estados Unidos rechazó renovar la extensión multianual del tratado y optó por revisiones anuales hasta 2036. Esta transición introduce una capa de negociación política permanente que reduce la previsibilidad para los inversionistas a largo plazo. Felipe Mendoza, analista de EBC Financial Group, señala que aunque las autoridades mexicanas reiteran la vigencia del acuerdo, la nueva dinámica obliga a las empresas a recalcular sus estrategias de expansión con mayor frecuencia.
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá reemplazó al TLCAN en 2020 tras intensas negociaciones. Durante los primeros años, la estructura de revisiones cada seis años ofrecía un horizonte relativamente estable. El giro hacia revisiones anuales responde a tensiones comerciales acumuladas, especialmente en sectores automotriz y agroindustrial. El caso de las plantas de ensamblaje en Guanajuato y Jalisco ilustra esta vulnerabilidad: varias firmas ya pospusieron proyectos de inversión de 300 millones de dólares mientras esperan definiciones sobre reglas de origen y contenido regional.

El PMI manufacturero mexicano subió a 51.3 en junio, impulsado por pedidos vinculados a la Copa Mundial. Sin embargo, este repunte convive con cuellos de botella persistentes: escasez de semiconductores, inseguridad en carreteras y problemas de liquidez. En el corredor industrial de Monterrey, empresas reportan retrasos promedio de 12 días en entregas por bloqueos y robos de carga. Estos factores erosionan la competitividad frente a proveedores asiáticos que operan con cadenas más seguras.
Impacto en cadenas de suministro y empleo regional
La manufactura mexicana depende en gran medida de insumos importados desde Estados Unidos. Con revisiones anuales, cualquier disputa sobre reglas laborales o ambientales puede interrumpir flujos de componentes en semanas. Un ejemplo concreto es el sector de autopartes en Coahuila: tres plantas medianas ya redujeron turnos nocturnos por temor a cambios en aranceles. Esto ha afectado directamente a 4.200 trabajadores temporales cuyos contratos no se renovaron en el segundo trimestre.
A nivel social, la volatilidad del tipo de cambio se traduce en mayor presión sobre el poder adquisitivo. Familias en zonas fronterizas que dependen de importaciones de electrodomésticos y alimentos básicos enfrentan incrementos de precios entre 3% y 5% cuando el peso se debilita. Organizaciones como la Canacintra advierten que una prima de riesgo estructural podría elevar los costos de financiamiento para pymes en hasta 150 puntos base.
Consecuencias geopolíticas y para la atracción de capital
El cambio en el esquema del T-MEC coincide con el conflicto en Medio Oriente, que ya complica el transporte marítimo de materias primas. México queda atrapado entre dos frentes: la necesidad de mantener flujos estables con su principal socio comercial y la urgencia de diversificar mercados. Inversionistas europeos que evaluaban proyectos en el Bajío han empezado a comparar costos con Vietnam y Malasia, donde los tratados comerciales ofrecen mayor certidumbre contractual a diez años.
La expectativa de datos de empleo no agrícola en Estados Unidos añade otra capa de presión. Un registro cercano a 114 mil empleos podría reforzar la narrativa de enfriamiento económico estadounidense y aliviar temporalmente al peso. No obstante, el piso del tipo de cambio tenderá a ubicarse más alto conforme las empresas incorporen la prima de riesgo asociada a la anualización del tratado.
Perspectivas de largo plazo para la competitividad mexicana
El mercado deja de percibir el T-MEC como una garantía absoluta y comienza a tratarlo como una variable operativa. Esta transformación obliga a las empresas mexicanas a invertir en eficiencia logística, automatización y resiliencia de proveedores locales. Aquellas que logren reducir su dependencia de insumos importados en al menos 20% podrán mitigar mejor los choques políticos. En contraste, sectores altamente integrados como el electrónico enfrentan mayor exposición.
A escala nacional, la política económica deberá adaptarse a un entorno de revisiones constantes. Esto implica fortalecer mecanismos de diálogo trilateral y crear fondos de contingencia para absorber volatilidad cambiaria. Sin estas medidas, el crecimiento potencial de México podría reducirse entre 0.3 y 0.5 puntos porcentuales anuales durante la próxima década, según estimaciones de consultoras especializadas en comercio internacional.
