El bienestar laboral cayó a su nivel más bajo en ocho años después de que solo 44% de los trabajadores dijera sentirse en prosperidad dentro de su empleo. Es el registro más débil desde que Mercer comenzó a medir esta variable y supera por más de 20 puntos porcentuales el pico de 66% alcanzado en 2024.

El deterioro llegó en paralelo con la expansión de la inteligencia artificial en los centros de trabajo. En dos años, la proporción de empleados que teme perder su puesto por esta tecnología pasó de 28% a 40%, mientras que la preocupación por la obsolescencia de habilidades subió con más fuerza: 47% ahora teme que sus capacidades técnicas dejen de responder a las exigencias del mercado, frente a 17% registrado hace dos años.
Al mismo tiempo, la encuesta de Mercer muestra que 83% de la fuerza laboral reconoce que la IA puede elevar su productividad diaria, pero la distribución de herramientas y formación no avanza al mismo ritmo. Siete de cada diez encuestados perciben inequidad porque solo ciertos sectores reciben acceso técnico y capacitación, y 56% dice que esa brecha afecta su moral. A eso se suma una alerta sobre salud mental: 62% sostiene que las empresas ignoran el impacto psicológico de la automatización, mientras solo 19% de los líderes de Recursos Humanos incorpora ese factor en sus planes de implementación tecnológica.
La caída en la prosperidad también coincidió con un menor nivel de satisfacción laboral, que descendió a 63%, casi 20 puntos por debajo de mediciones previas. Para Mercer, el problema ya toca la estabilidad de las plantillas y la retención de talento, porque las empresas dependen de contar con personal estable para sostener productividad y resultados financieros. Su recomendación a las áreas de Gestión Humana es seguir métricas internas sobre uso de herramientas, monitorear de forma continua el estado emocional de los colaboradores y alinear la incorporación tecnológica con beneficios compartidos entre empresa y trabajador.
