SIMAS Torreón: emergencia operativa y reto estructural

Un mes después de asumir la gerencia general del Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento de Torreón, Xavier Herrera Arroyo presentó ante el Consejo Directivo un primer informe dominado por dos mensajes: el organismo ha tenido que responder con medidas de emergencia a fallas cotidianas de la red y, al mismo tiempo, busca ampliar la capacidad de abastecimiento mediante dos nuevas fuentes de agua. La combinación es relevante porque revela la naturaleza del problema hidráulico del municipio: no se trata únicamente de perforar pozos, sino de sostener una infraestructura que opera bajo presión, con equipos vulnerables a interrupciones eléctricas, reportes ciudadanos acumulados y una demanda que se distribuye de manera desigual entre los sectores urbanos.

Durante la sesión se reportó el trabajo de cuadrillas dedicadas a reparar pozos, realizar interconexiones y sustituir equipos de bombeo. También se informó que las brigadas itinerantes “SIMAS Mejora para Todos” han atendido más de 120 reportes en distintos puntos de Torreón por fugas de agua potable, desazolve y mantenimiento de la red sanitaria. En paralelo, el organismo confirmó la incorporación de los pozos Colonia Periodistas y Lázaro Cárdenas, además de gestiones ante la Comisión Federal de Electricidad para reducir el efecto de las variaciones en el suministro eléctrico sobre los cárcamos.

Dos pozos, tres problemas distintos

La ubicación y el destino anunciado para cada pozo permiten leer la estrategia con mayor precisión. El Pozo Colonia Periodistas pretende mejorar el suministro en el suroriente, particularmente en Villas Zaragoza, Monterreal, Campo Nuevo y el sector Latinoamericano. El Pozo Lázaro Cárdenas busca estabilizar la presión y el flujo en Campestre La Rosita y Eduardo Guerra. La diferencia no es menor: una fuente puede estar orientada a reforzar el volumen disponible, mientras otra intenta corregir problemas de presión asociados con la configuración de la red, la demanda localizada o la operación de los equipos.

La primera conclusión es que el incremento de fuentes no garantiza por sí mismo un servicio más estable. Para que un pozo se traduzca en agua disponible en las viviendas se necesita una cadena completa: capacidad de extracción, energía suficiente, equipo de bombeo, conexión con la red, conducción adecuada, almacenamiento y mantenimiento. Una falla en cualquiera de esos eslabones puede neutralizar parte del beneficio de la perforación. Por eso, la incorporación de los dos pozos debe evaluarse con indicadores verificables: caudal producido, horas efectivas de operación, colonias atendidas, variación de presión y número de interrupciones antes y después de su puesta en marcha.

El informe difundido hasta ahora no detalla el volumen que aportará cada fuente, el costo de las obras, el calendario de operación ni la situación administrativa de los pozos. Esa ausencia no invalida el anuncio, pero sí limita la posibilidad de medir sus resultados. En servicios públicos esenciales, la transparencia técnica no es un elemento accesorio: permite distinguir entre una obra que amplía estructuralmente la capacidad y una intervención que apenas compensa temporalmente la pérdida de otro equipo.

La cifra de 120 reportes habla de demanda, no solo de eficacia

La atención de más de 120 reportes durante las primeras semanas de la nueva administración es un dato que puede interpretarse de dos maneras. Desde la perspectiva del organismo, muestra una capacidad de respuesta rápida y una presencia territorial que busca acercar la operación a los usuarios. Desde la perspectiva de los habitantes, también puede ser la señal de una red que genera un flujo constante de fallas y que obliga a resolver los síntomas uno por uno.

La diferencia entre ambas lecturas dependerá de la reincidencia. Si una fuga se repara, pero vuelve a aparecer en el mismo tramo por la antigüedad de la tubería, la intervención mejora temporalmente la atención sin resolver la causa. Si el desazolve se repite en una zona porque persisten conexiones deficientes, acumulación de residuos o insuficiencia de la red sanitaria, el número de reportes atendidos puede crecer mientras la calidad del servicio permanece estancada. La métrica más útil, por tanto, no es únicamente cuántas solicitudes se cerraron, sino cuántas no volvieron a abrirse.

Hay aquí un segundo planteamiento central: la respuesta inmediata y la inversión estructural deben avanzar con sistemas de información comunes. Cada reporte debería alimentar un mapa de fallas por colonia, tipo de incidente, tiempo de solución y costo operativo. Con esa información, SIMAS podría determinar qué sectores requieren mantenimiento preventivo, qué equipos presentan fallas repetidas y dónde conviene reemplazar tuberías en lugar de mantener cuadrillas atendiendo emergencias. Sin esa trazabilidad, la operación corre el riesgo de convertirse en una sucesión de reparaciones desconectadas.

La electricidad se vuelve un asunto hidráulico

Las gestiones ante la CFE introducen una dimensión que suele quedar fuera del debate público sobre el agua: la confiabilidad energética. Los cárcamos y los sistemas de bombeo dependen de un suministro eléctrico continuo para mover agua potable y conducir aguas residuales. Las variaciones de voltaje o las interrupciones pueden detener bombas, reducir el rendimiento de los equipos, provocar daños y alterar la presión de la red. En el drenaje sanitario, una falla prolongada también puede elevar el riesgo de desbordamientos y afectar la salud pública.

La dependencia energética modifica la evaluación de cualquier nueva obra. Un pozo con capacidad de extracción que no puede operar de manera constante por problemas eléctricos produce menos agua real que la que sugieren sus características técnicas. Del mismo modo, un cárcamo correctamente rehabilitado pierde valor si no cuenta con protección eléctrica, respaldo operativo y protocolos para atender cortes. La coordinación con la empresa suministradora es necesaria, pero no debería ser la única línea de defensa. SIMAS tendrá que valorar, según la criticidad de cada instalación, equipos de protección, fuentes de respaldo y planes de contingencia que reduzcan el impacto de una interrupción.

Esto implica costos adicionales y decisiones difíciles. Invertir en respaldo energético puede parecer menos visible que inaugurar un pozo, pero puede ofrecer una mejora más directa en la continuidad del servicio. La discusión pública debería comparar ambos tipos de gasto mediante resultados: cuántas horas de operación se recuperan, cuántas colonias dejan de sufrir interrupciones y cuánto disminuyen las reparaciones por daños en equipos.

La planta tratadora y la telemetría son la prueba de fondo

El plan de corto plazo contempla la rehabilitación integral de la planta tratadora, la modernización del sistema de telemetría y la licitación de un nuevo parque vehicular. Cada componente atiende una falla distinta. La planta está vinculada con el tratamiento y la disposición adecuada del agua residual; la telemetría permite observar a distancia niveles, presiones, caudales y estados de equipos; los vehículos determinan la capacidad logística para inspeccionar, reparar y trasladar personal y herramientas.

La telemetría merece una atención especial porque puede cambiar el modelo de gestión. Un organismo que recibe señales en tiempo real puede detectar una caída de presión, una variación anormal en el consumo o la detención de una bomba antes de que el problema se convierta en una crisis vecinal. Sin embargo, instalar sensores no equivale a modernizar la operación. Es necesario integrar los datos en un centro de control, establecer umbrales de alerta, asignar responsables y conectar cada aviso con una orden de trabajo. De lo contrario, la tecnología será un sistema de visualización costoso sin capacidad suficiente para modificar las decisiones.

La rehabilitación de la planta tratadora también debe medirse más allá de la obra física. Importan la calidad del agua tratada, la continuidad de los procesos, el volumen procesado, el manejo de lodos y el cumplimiento de las normas aplicables. Una planta con equipos nuevos puede presentar resultados limitados si carece de mantenimiento, personal especializado o presupuesto estable para operar durante todo el año.

El nuevo parque vehicular puede mejorar los tiempos de respuesta, pero abre otra discusión: la renovación debe basarse en una programación operativa y no únicamente en la compra de unidades. El organismo necesita saber cuántos vehículos se requieren para cubrir guardias, inspecciones, fugas, desazolve y emergencias, así como cuánto cuesta mantenerlos. Una flota más grande sin control de combustible, mantenimiento y asignación territorial puede elevar el gasto sin reducir las demoras.

El beneficio urbano será desigual si no se corrigen las presiones

Las colonias mencionadas en el informe no enfrentan necesariamente el mismo problema. En algunas puede existir una insuficiencia de volumen; en otras, una presión baja por la topografía, la demanda o el estado de las tuberías. También pueden coexistir fugas domiciliarias, tomas clandestinas, almacenamiento irregular y deficiencias en la red secundaria. Esa heterogeneidad exige políticas diferenciadas. Una fuente adicional puede beneficiar a una colonia conectada directamente al sector hidráulico correcto, mientras otra cercana permanece con servicio intermitente por falta de capacidad de conducción.

Para los hogares, la inestabilidad del suministro tiene costos que no aparecen en el presupuesto de SIMAS. Las familias deben almacenar agua, comprarla cuando la presión no alcanza, modificar horarios de higiene y afrontar daños provocados por fugas o retornos de drenaje. Los comercios, escuelas, hospitales y pequeñas industrias enfrentan impactos todavía más sensibles porque una interrupción puede detener actividades, afectar alimentos o comprometer condiciones sanitarias. Por eso, el éxito del plan debe medirse en continuidad y calidad del servicio, no solamente en el número de obras anunciadas.

Los usuarios también tienen un papel en la sostenibilidad del sistema, especialmente en el reporte temprano de fugas y en el uso responsable del agua. Pero trasladar la responsabilidad a la ciudadanía sería insuficiente. El organismo operador es quien debe garantizar canales accesibles, tiempos de respuesta razonables y comunicación clara sobre cortes, reparaciones y prioridades. La cooperación de los habitantes funciona cuando existe confianza en que un reporte produce una acción verificable.

La tensión entre rapidez, costo y rendición de cuentas

La administración de Herrera Arroyo enfrenta una presión política comprensible: mostrar resultados rápidos en un servicio que se percibe todos los días. Las brigadas visibles y los nuevos pozos ofrecen respuestas concretas a esa demanda. El riesgo aparece cuando la urgencia desplaza la planeación, o cuando la presentación de avances se concentra en acciones fáciles de comunicar y deja en segundo plano las intervenciones menos visibles, como la reducción de agua no contabilizada, el diagnóstico de tuberías o la revisión de contratos de mantenimiento.

El Consejo Directivo, los usuarios, los trabajadores y los proveedores tienen intereses distintos. Los habitantes quieren continuidad y soluciones rápidas; el personal operativo necesita equipos, refacciones y condiciones de trabajo adecuadas; los contratistas buscarán participar en licitaciones; las autoridades deben demostrar que los recursos se ejercen con legalidad y eficiencia. La licitación del parque vehicular y las obras de rehabilitación requerirán reglas transparentes, criterios técnicos y seguimiento público para evitar que una estrategia de modernización termine asociada con compras poco justificadas o costos superiores a los beneficios.

La discusión no debería plantearse como una elección entre atender emergencias o planear a largo plazo. La atención inmediata es indispensable en una ciudad donde una fuga o una falla de bombeo puede afectar a cientos de familias. Pero cada emergencia debe producir conocimiento para prevenir la siguiente. El organismo puede aprovechar el volumen de reportes, las bitácoras de cuadrillas y los datos de telemetría para convertir la operación diaria en una base de inversión priorizada.

El siguiente informe tendrá que responder con indicadores

La prueba para SIMAS Torreón llegará cuando pase la fase inicial de anuncios y se pueda comparar el desempeño del sistema. Un balance sólido debería informar cuánto aportan los pozos Colonia Periodistas y Lázaro Cárdenas, cuántas horas operan, qué colonias reciben el beneficio, cuál es la presión promedio y cuántas fallas se registran en esos sectores. También tendría que reportar el tiempo promedio de atención de las brigadas, la reincidencia de los desperfectos y el avance físico y financiero de la planta tratadora, la telemetría y la renovación vehicular.

La tendencia más probable será una combinación de obras nuevas y digitalización operativa. La presión sobre las ciudades del norte de México hará cada vez más costoso depender exclusivamente de nuevas fuentes de extracción. La eficiencia de la red, el control de fugas, el mantenimiento preventivo y la medición sectorizada ganarán importancia porque permiten obtener más servicio con la infraestructura ya instalada. La telemetría puede ser el punto de partida de ese cambio, siempre que sus datos se utilicen para modificar la operación y no solo para elaborar reportes.

Persisten, sin embargo, riesgos concretos. La variabilidad eléctrica puede limitar la producción real de los pozos; una rehabilitación incompleta de la planta puede trasladar el problema al saneamiento; la falta de presupuesto recurrente puede deteriorar rápidamente los equipos nuevos; y una atención basada solo en reportes puede dejar fuera a sectores con menor capacidad de gestión o conectividad. También existe el riesgo ambiental de ampliar la extracción sin una evaluación rigurosa de la disponibilidad del acuífero y de la evolución de sus niveles.

El primer informe de Xavier Herrera Arroyo muestra un organismo que intenta recuperar capacidad de respuesta mientras reorganiza sus prioridades de infraestructura. Los 120 reportes atendidos y los dos pozos anunciados son señales de actividad, pero todavía no constituyen una prueba de mejora sostenida. El verdadero resultado se conocerá cuando las familias tengan agua con mayor continuidad, cuando las fallas se repitan menos y cuando el drenaje opere con menor vulnerabilidad. Para llegar ahí, SIMAS deberá transformar la emergencia en diagnóstico, el diagnóstico en inversión y la inversión en indicadores públicos que permitan verificar, sector por sector, si el servicio realmente está cambiando.

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