Riqueza mundial 2025: contexto y efectos a largo plazo

El informe Global Wealth Report 2026 de UBS revela un incremento del 10,8 % en la riqueza personal mundial durante 2025, el mayor desde 2017. Este dato no surge de forma aislada, sino que refleja una secuencia de recuperaciones financieras iniciadas tras la pandemia, combinadas con valorizaciones bursátiles y cambios en la valoración de activos reales. España aparece en el puesto 20 por riqueza media por adulto y en el 17 por riqueza mediana, lo que indica una distribución más equilibrada que en economías donde los grandes patrimonios distorsionan los promedios.

Antecedentes: de la crisis de 2020 al repunte de 2025

Tras el shock inicial de 2020, los mercados financieros experimentaron una rápida recuperación impulsada por políticas monetarias expansivas en las principales economías. El aumento sostenido de los índices bursátiles desde 2021, junto con la revalorización de inmuebles en varios países europeos, configuró el escenario para el salto registrado en 2025. La depreciación del dólar frente a otras monedas amplificó el valor en dólares de patrimonios denominados en euros, francos suizos o wones coreanos, contribuyendo directamente al crecimiento medido por UBS. Corea del Sur, con un alza superior al 50 % en riqueza media real por adulto desde 2020, ilustra cómo las economías orientadas a la tecnología y la exportación lograron capturar parte de este ciclo alcista.

El menor peso relativo de los activos financieros en España, comparado con Estados Unidos o Suiza, señala un margen estructural para el desarrollo de la gestión patrimonial. Mientras en EE.UU. los ultrarricos elevan el promedio hasta casi 700.000 dólares, la mediana estadounidense cae al puesto 28 mundial, evidenciando una concentración patrimonial que el indicador de riqueza mediana de España (111.575 dólares) mitiga de forma notable.

Desigualdad y distribución: el contraste entre media y mediana

El caso de Luxemburgo, primero en riqueza mediana con 394.000 dólares, frente al liderazgo suizo en media (910.382 dólares), demuestra que los países con sistemas fiscales y de protección social más redistributivos tienden a registrar mejores posiciones en la mediana. Esta diferencia tiene consecuencias prácticas: en contextos de alta concentración como el estadounidense, el consumo de los hogares de ingresos medios crece más lentamente, limitando la demanda interna a largo plazo. España, al situarse entre los primeros puestos europeos tanto en media como en mediana, ofrece un ejemplo donde el patrimonio inmobiliario y los sistemas de pensiones contribuyen a una base patrimonial más amplia.

El aumento de casi un millón de nuevos millonarios en 2025, con más de 440.000 concentrados en Estados Unidos, refuerza la tendencia observada desde 2017: los mercados de capitales premian de forma desproporcionada a quienes ya poseen activos financieros. Esta dinámica, si se mantiene, podría ampliar la brecha entre quienes acceden a vehículos de inversión sofisticados y quienes dependen principalmente de salarios o inmuebles.

Impactos regionales y sectoriales

Europa, Oriente Medio y África registraron el mayor crecimiento regional (17,5 %), impulsados tanto por la apreciación de divisas como por la recuperación del turismo y la industria manufacturera. América avanzó un 8,5 % y Asia-Pacífico un 5,9 %. Estas diferencias regionales afectan las estrategias de las gestoras de patrimonios: UBS y otras entidades ya observan un mayor interés por productos de inversión en mercados europeos de mediana riqueza, donde el margen de penetración sigue siendo amplio. En España, el director general de UBS Wealth Management, Pablo Carrasco, señaló que el menor peso de activos financieros abre oportunidades para productos de asesoramiento y planificación sucesoria adaptados a perfiles patrimoniales más equilibrados.

A escala global, el hecho de que Estados Unidos y China continental concentren más de la mitad de la riqueza personal mundial plantea riesgos de concentración geográfica para los inversores institucionales. Cualquier ajuste en las políticas fiscales o regulatorias de estos dos países puede generar efectos de segunda ronda en carteras diversificadas a nivel mundial.

Repercusiones a largo plazo en políticas públicas y mercados

El crecimiento sostenido de la riqueza media real en países como Croacia, Noruega, Letonia, Taiwán y Bulgaria sugiere que las economías que combinan estabilidad institucional con apertura a la inversión extranjera pueden registrar avances rápidos incluso partiendo de niveles intermedios. Este patrón ofrece un argumento a favor de reformas que faciliten el acceso a mercados de capitales para clases medias emergentes, en lugar de depender exclusivamente de incrementos salariales. Sin embargo, también plantea el desafío de evitar que el aumento de la riqueza se traduzca únicamente en mayor demanda de activos ya existentes, lo que podría generar burbujas locales en vivienda o mercados bursátiles secundarios.

En el plano social, una distribución más equilibrada como la que exhibe España reduce la presión sobre sistemas de pensiones y sanidad pública, ya que un mayor porcentaje de la población cuenta con activos que pueden complementar ingresos de jubilación. Por el contrario, en economías donde la mediana se aleja mucho de la media, los gobiernos enfrentan mayor demanda de transferencias redistributivas, lo que puede derivar en debates fiscales más polarizados. El informe de UBS subraya que el crecimiento de la riqueza se produce en un entorno condicionado por la evolución económica y tecnológica; la digitalización de servicios financieros puede acelerar la inclusión patrimonial, pero también exige marcos regulatorios que protejan a inversores minoristas de productos complejos.

A diez años vista, la tendencia observada en 2025 podría consolidar dos modelos diferenciados: uno donde la riqueza se concentra en un reducido grupo de titulares de activos financieros globales y otro donde políticas de vivienda, educación y pensiones permiten que la mediana avance de forma paralela a la media. España, por su posición actual, se encuentra en una encrucijada donde decisiones regulatorias sobre fiscalidad patrimonial y desarrollo de mercados de capitales locales determinarán hacia cuál de estos modelos se inclina en la próxima década.

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