La cartera de crédito a micro, pequeñas y medianas empresas alcanzó 576.837 millones de pesos dominicanos en abril de 2026, un avance interanual del 9,1 %. Este monto representa el 23,7 % del saldo total del sistema financiero y el 44,2 % de la cartera comercial privada. Tres bancos —Popular, Reservas y BHD— concentran el 70,2 % de estos recursos. Al mismo tiempo, las mipymes generan 3,05 millones de empleos, el 61,6 % del total nacional, y aportan el 32 % del PIB según la encuesta 2022-2023 del Banco Central.

El crecimiento sostenido del financiamiento no se distribuye de forma uniforme. El 77 % de los nuevos créditos comerciales al sector privado durante el período analizado se destinó a mipymes, principalmente en comercio, construcción y turismo. Sin embargo, el 27,1 % de esos préstamos está denominado en dólares, con una ligera contracción del 0,4 % interanual, en línea con las restricciones de la Junta Monetaria. Esta composición cambiaria expone a sectores como electricidad y transporte a variaciones del tipo de cambio que aún no se han materializado en impagos significativos.
Concentración bancaria y estabilidad del sistema
La dependencia de tres entidades para el 70 % del financiamiento mipyme introduce un riesgo estructural. Si uno de estos bancos ajustara sus criterios de otorgamiento por cambios regulatorios o de liquidez, el efecto se propagaría rápidamente al resto del ecosistema. Datos históricos muestran que episodios similares en otros países de la región provocaron caídas del 12 al 18 % en el acceso al crédito de pequeñas empresas dentro de un semestre. En República Dominicana, la ausencia de un mercado secundario desarrollado de cartera mipyme limita las opciones de diversificación para el propio sistema financiero.
Desde la perspectiva de los grandes bancos, la mipyme representa un segmento rentable por su volumen y por la posibilidad de cruzar productos como cuentas de ahorro y seguros. No obstante, el costo de originación y monitoreo sigue siendo elevado en comparación con préstamos corporativos, lo que explica por qué las tasas activas promedio superan en 400 puntos básicos a las ofrecidas a grandes empresas. Esta diferencia de costo se traslada parcialmente a los clientes finales, reduciendo márgenes de utilidad de las propias mipymes.
Efectos en el tejido productivo y la formalización
La Encuesta Nacional de Mipymes identificó 404.034 unidades después de excluir estaciones de combustible, clínicas privadas y bancas de apuestas. Esta cifra equivale al 85,9 % del universo relevado, pero también revela que un 14,1 % de negocios quedó fuera por su vínculo con grandes conglomerados. Para las mipymes formales incluidas, el acceso al crédito ha facilitado inversiones en capital de trabajo y modernización, especialmente en comercio minorista y manufactura ligera. Sin embargo, el directorio nacional resultante aún no incluye a miles de microempresas informales que operan sin registro tributario y carecen de historial crediticio.
Los trabajadores empleados por estas empresas enfrentan una paradoja: representan la mayoría de la fuerza laboral, pero su estabilidad depende de la capacidad de las mipymes para renovar líneas de crédito cada 12 o 18 meses. Una interrupción temporal del financiamiento puede traducirse en recortes de personal antes que en ajustes de precios, dada la alta competencia en sectores como comercio y servicios.
Perspectivas futuras y riesgos latentes
El fortalecimiento de las mipymes figura como prioridad en la estrategia de desarrollo sostenible del país. Las autoridades esperan que el nuevo Directorio Nacional permita diseñar políticas más focalizadas de formalización, innovación y capacitación. No obstante, la elevada participación de divisas en sectores estratégicos como turismo y electricidad plantea un riesgo cambiario que podría agravarse si el peso dominicano se deprecia más allá de las proyecciones actuales del Banco Central.
Otro factor a considerar es la posible desaceleración del crecimiento del crédito. El ritmo del 9,1 % observado hasta abril de 2026 supera el crecimiento del PIB nominal; si esta brecha se mantiene, podría generar sobreendeudamiento en segmentos de mipymes con flujos estacionales. Las entidades supervisoras deberán vigilar indicadores de morosidad específicos del segmento, que actualmente no se publican de forma desagregada.
En suma, el peso de las mipymes en empleo y actividad productiva es innegable, pero su sostenibilidad depende de reducir la concentración crediticia, ampliar el acceso a financiamiento en moneda local y acelerar la formalización de unidades productivas que aún operan al margen del sistema financiero formal.
