La cotización del euro frente al peso dominicano cerró el 2 de julio prácticamente sin cambios, en 67,1 pesos, con una leve variación negativa del 0,01 %. Aunque el dato puntual parece estable, la volatilidad anualizada del 21,03 % —muy superior al promedio histórico de 12,33 %— revela tensiones subyacentes que podrían amplificarse durante los próximos meses y afectar tanto a importadores como a sectores dependientes de divisas europeas.
El avance semanal del 1,69 % contrasta con la caída interanual del 7,7 %, lo que indica que el euro sigue bajo presión estructural frente al dólar. Esta dinámica importa porque República Dominicana mantiene un déficit comercial de mercancías que se compensa parcialmente con servicios y remesas; cualquier apreciación adicional del dólar podría encarecer importaciones europeas de maquinaria, insumos farmacéuticos y bienes de capital.

Impacto en el sector turístico y las remesas
UBS proyecta que la reducción de tasas de interés locales liberará demanda interna y estimulará la inversión, favoreciendo una recuperación del turismo hacia 2026. Sin embargo, la depreciación esperada del peso —hacia 66,35 pesos por dólar en septiembre de 2026 y 69,15 un año después— podría encarecer los paquetes turísticos para visitantes europeos, cuyo poder adquisitivo se mide en euros. Si el euro se debilita más de lo previsto, los márgenes de los hoteles y tour operadores que facturan en dólares podrían comprimirse, obligando a ajustes de precios o promociones que reduzcan el ingreso neto por turista.
Las remesas, en su mayoría originadas en Estados Unidos, también enfrentan riesgos indirectos. Una depreciación acelerada del peso aumenta el valor en moneda local de los envíos en dólares, pero reduce el atractivo relativo de enviar euros desde España o Italia. Las familias receptoras podrían experimentar una redistribución de flujos, con consecuencias sobre el consumo en sectores como vivienda y educación.
Riesgos fiscales y de deuda pública
El presupuesto suplementario de 2025 elevó el gasto de capital en 0,4 % del PIB y amplió el déficit global al 3,5 %. Para 2026 se busca reducirlo a 3,2 % con un superávit primario de 0,5 %. Esta meta depende de que los ingresos tributarios crezcan al ritmo proyectado y de que no se materialicen choques externos. Una volatilidad cambiaria persistente podría elevar el costo de la deuda denominada en dólares o euros, erosionando el margen fiscal disponible para programas sociales o infraestructura.
La deuda pública bruta se mantendría cerca del 58 % del PIB siempre que no ocurran eventos macroeconómicos inesperados. No obstante, el informe de UBS advierte sobre riesgos climáticos y de gobernabilidad típicos de mercados emergentes. Un huracán de gran intensidad o una disputa política interna podrían disparar gastos de emergencia y presionar el tipo de cambio, rompiendo la trayectoria de estabilización prevista.
Efectos sobre importaciones e inflación
El Banco Central estima una depreciación controlada del peso. Sin embargo, la alta volatilidad actual sugiere que los ajustes podrían ser más bruscos. Los importadores de bienes intermedios europeos verían incrementados sus costos en pesos, lo que se trasladaría parcialmente a precios finales. Sectores como la industria farmacéutica, la automotriz y la de equipos médicos serían los más expuestos, dado que Europa sigue siendo un proveedor relevante de insumos especializados.
Si la Reserva Federal mantiene tasas más altas por más tiempo, el dólar podría fortalecerse aún más, amplificando la depreciación del peso. Esto generaría presiones inflacionarias que obligarían al Banco Central dominicano a endurecer su política monetaria, frenando el crecimiento del crédito y, potencialmente, el dinamismo de la inversión privada que UBS anticipa para 2026.
Inversión extranjera directa y equilibrio externo
La IED neta proyectada entre 3,5 % y 4,0 % del PIB se concentra en turismo, comercio, industria, energía e inmobiliario. Estos flujos resultan esenciales para financiar el déficit en cuenta corriente estimado entre 2 % y 2,5 % del PIB. Una percepción de mayor riesgo cambiario podría retrasar decisiones de inversión, especialmente en proyectos de largo plazo que requieren estabilidad del tipo de cambio para calcular retornos en euros o dólares.
Por otro lado, un entorno de depreciación controlada y tasas locales más bajas podría atraer capitales especulativos de corto plazo que busquen rendimientos en pesos. Estos flujos son volátiles y pueden revertirse rápidamente ante cualquier señal de deterioro en las cuentas externas o en la política monetaria estadounidense, generando episodios de estrés cambiario similares a los observados en otros mercados emergentes.
Desafíos de gobernabilidad y eventos climáticos
El informe de UBS mantiene una visión optimista sobre los fundamentos macroeconómicos, pero reconoce que eventos climáticos adversos y desafíos de gobernabilidad representan riesgos reales. Un aumento en la frecuencia de tormentas tropicales no solo elevaría el gasto público en reconstrucción, sino que podría dañar la infraestructura turística y reducir los ingresos por divisas durante varias temporadas altas. La combinación de mayor déficit fiscal y menor entrada de dólares presionaría simultáneamente el tipo de cambio y las reservas internacionales.
En el frente político, cualquier retraso en la implementación de reformas estructurales o tensiones entre poderes del Estado podría erosionar la confianza de los inversionistas. La experiencia regional muestra que la percepción de inestabilidad institucional suele amplificar la volatilidad cambiaria, incluso cuando los fundamentos económicos permanecen relativamente sólidos.
En conjunto, el panorama para 2026 presenta oportunidades claras derivadas de tasas de interés más bajas y un entorno externo más favorable, pero también expone a República Dominicana a riesgos de volatilidad cambiaria, presiones fiscales y choques externos que podrían alterar la trayectoria de crecimiento del 4 % proyectada. La capacidad de las autoridades para mantener la disciplina fiscal, gestionar la deuda y responder con flexibilidad ante eventos imprevistos determinará si los riesgos se materializan o si el país logra capitalizar el entorno más benigno que anticipa UBS.
