Vladimir Putin mantiene la ofensiva contra Ucrania pese al deterioro de la economía rusa y al menor avance de sus tropas. Desde el 1 de junio, Rusia solo ha logrado una ganancia territorial neta de 176 kilómetros cuadrados, según Black Bird Group, mientras Moscú prepara una escalada contra la infraestructura civil y militar ucraniana durante el invierno.

El cálculo del Kremlin se apoya en la vulnerabilidad ucraniana frente a misiles balísticos. Kiev afronta escasez de defensas antiaéreas, mientras la guerra en Irán ha reducido las reservas de interceptores de sus aliados occidentales. La inteligencia militar ucraniana sostiene que Rusia también busca más capacidad balística en Corea del Norte.
La presión interna sobre Putin crece. Ucrania ha atacado refinerías, almacenes de Wildberries y Ozon, y otras instalaciones dentro de Rusia; además, persisten faltantes de gasolina e interrupciones de internet que dificultan los pagos digitales. El apoyo a las acciones del ejército ruso en Ucrania cayó el mes pasado a su nivel más bajo desde el inicio de la invasión, según el Centro Levada.
Tras una visita a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe, el Kremlin descartó avances inmediatos en las negociaciones. El portavoz Dmitri Peskov afirmó que las conversaciones de paz están “firmemente en pausa” y que “no hay ideas nuevas”.
