Las bolsas mundiales han recuperado en agosto el impulso que habían perdido durante junio y julio, y UBS considera que la siguiente fase del avance podría ser más amplia que la protagonizada hasta ahora por las grandes compañías tecnológicas. La tesis del banco no se limita a una mejora puntual de las cotizaciones: descansa en una combinación de crecimiento esperado de las ganancias, recuperación industrial, políticas fiscales expansivas y una posible estabilización de la inflación.
El cambio de tono es relevante porque el mercado llega a esta etapa después de varios meses en los que el rendimiento se concentró en un grupo reducido de empresas vinculadas con la inteligencia artificial, los semiconductores y la infraestructura digital. Cuando un índice sube impulsado por pocos valores, el avance puede parecer sólido mientras oculta una participación limitada. Para UBS, la posibilidad de que las ganancias se extiendan a otros sectores sería una señal de mayor calidad y sostenibilidad del rally, aunque también elevaría la exigencia sobre las compañías que hasta ahora han liderado.
De la concentración tecnológica a una recuperación más amplia
La pausa de junio y julio funcionó como una prueba para el mercado. Los inversores tuvieron que asimilar el impacto de los aranceles, la incertidumbre sobre las tasas de interés y unas valoraciones elevadas en varias áreas de crecimiento. Sin embargo, las acciones globales retomaron su avance en agosto, apoyadas por la expectativa de que el ciclo económico no se dirija hacia una contracción profunda.
UBS elevó su previsión de crecimiento de las ganancias corporativas al 26% para este año y al 14% para el próximo. Estas cifras importan porque el precio de una acción no depende únicamente del entusiasmo del mercado: también debe justificarse por una mejora de los beneficios que generan las empresas. Si las utilidades crecen más rápido que las cotizaciones, la relación precio-ganancias tiende a normalizarse. Ese es precisamente el proceso que el banco identifica en los últimos meses.

El MSCI AC World, referencia de las acciones desarrolladas y emergentes, presenta una relación precio-ganancias a 12 meses cercana a su promedio de los últimos diez años y casi 15% por debajo del máximo alcanzado en noviembre. La lectura no significa que el mercado sea barato en términos absolutos. Significa que la expansión de los beneficios ha acompañado o incluso superado el aumento de los precios, reduciendo parte de la tensión que suele aparecer cuando las cotizaciones suben exclusivamente por expectativas.
La diferencia entre ambos escenarios es crucial. En una subida basada solo en múltiplos cada vez mayores, cualquier decepción sobre las tasas, la demanda o los resultados puede provocar una corrección brusca. En cambio, cuando las empresas convierten el crecimiento de ventas en ganancias efectivas, existe un fundamento más resistente. Aun así, las previsiones de UBS son proyecciones, no hechos consumados, y dependen de que el entorno macroeconómico se mantenga razonablemente favorable.
El ciclo industrial vuelve a entrar en escena
Uno de los elementos más importantes del diagnóstico de UBS es la recuperación de los índices PMI manufactureros, que estarían regresando a territorio de expansión después de años de contracción. El sector industrial ha soportado una combinación difícil: inventarios excesivos, menor demanda de bienes, costes financieros elevados y disrupciones en las cadenas de suministro. Una estabilización de los pedidos puede cambiar la trayectoria de empresas de maquinaria, transporte, materiales, energía y bienes de capital.
La transmisión hacia los mercados suele producirse antes de que los datos económicos sean plenamente positivos. Los inversores compran la expectativa de una mejora futura de los pedidos y de los márgenes. Por ejemplo, una empresa industrial que ha operado con capacidad ociosa puede aumentar sus beneficios de forma desproporcionada cuando sube la utilización de sus fábricas, porque buena parte de sus costes ya están comprometidos. Esto explica por qué una recuperación modesta de la actividad puede tener un efecto significativo sobre las ganancias.
Sin embargo, la mejora manufacturera todavía necesita confirmación regional. No todas las economías avanzan al mismo ritmo y la exposición al comercio internacional es distinta en Estados Unidos, Europa y Asia. Un repunte apoyado principalmente en inventarios podría agotarse con rapidez; una recuperación sostenida requeriría inversión empresarial, demanda final más firme y una reducción duradera de las fricciones comerciales.
Fiscalidad expansiva y una inflación menos amenazante
UBS describe como favorable el entorno macroeconómico debido, entre otros factores, a la política fiscal expansiva de la mayoría de las grandes economías. El gasto público puede sostener la demanda cuando los hogares y las empresas se muestran cautelosos, además de impulsar sectores concretos como defensa, infraestructura, energía, redes eléctricas y fabricación avanzada.
Pero el estímulo fiscal tiene una doble cara. Si la economía ya opera cerca de su capacidad, una expansión demasiado intensa puede reavivar la inflación y obligar a los bancos centrales a mantener tasas altas durante más tiempo. El mercado de acciones necesita, por tanto, un equilibrio delicado: suficiente gasto para respaldar la actividad, pero no tanto como para provocar un nuevo endurecimiento monetario.
El banco espera que la inflación se modere conforme disminuyan los vientos en contra derivados de los aranceles y considera poco probable un ciclo sostenido de alzas de tasas. Esta hipótesis es uno de los pilares del rally. Una inflación descendente permite que los rendimientos reales se estabilicen y reduce la presión sobre las valoraciones, especialmente en las empresas cuyos beneficios se esperan dentro de varios años.
El riesgo está en que los aranceles no se comporten como un fenómeno transitorio. Si elevan de forma persistente los costes de importación, las compañías podrían trasladarlos al consumidor o aceptar una reducción de márgenes. En el primer caso, la inflación se mantendría elevada; en el segundo, las ganancias decepcionarían. La evolución de los precios será, por ello, tan determinante como la publicación de resultados empresariales.
La inteligencia artificial necesita demostrar su rentabilidad
El optimismo de UBS sobre el gasto de capital se apoya en una aceleración muy pronunciada: el banco elevó sus previsiones de crecimiento del capex al 84% este año y al 33% el próximo, después de que los grandes proveedores de servicios en la nube, conocidos como hyperscalers, revisaran al alza sus guías. Estas empresas están construyendo centros de datos, comprando aceleradores y ampliando redes para responder a la demanda de servicios de inteligencia artificial.
Los semiconductores se benefician directamente de esa inversión y por eso siguen siendo uno de los segmentos tecnológicos preferidos. No obstante, el mercado ha empezado a exigir algo más que anuncios de grandes presupuestos. La pregunta central es cuándo el gasto en inteligencia artificial se convertirá en ingresos recurrentes y rentabilidad para sus compradores.
Las primeras señales de monetización han tranquilizado a los inversores. Los servicios de nube pueden cobrar por capacidad de cómputo, herramientas empresariales y aplicaciones automatizadas, mientras que las compañías usuarias esperan reducir costes o aumentar la productividad. La lógica económica es clara: si una inversión de miles de millones genera nuevos ingresos o ahorros medibles, el capex deja de ser visto como una carrera especulativa y pasa a formar parte de un ciclo de productividad.
El precedente de otras olas tecnológicas aconseja prudencia. Durante la expansión de internet, la construcción de redes creó activos esenciales, pero muchas empresas que gastaron agresivamente no lograron obtener retornos suficientes. En la actual carrera de la IA puede ocurrir algo similar si la capacidad instalada crece más rápido que la demanda efectiva. Los fabricantes de chips seguirían recibiendo pedidos en el corto plazo, pero los hyperscalers podrían revisar sus presupuestos si el rendimiento sobre la inversión no aparece.
Europa, Taiwán y la geografía de la oportunidad
UBS mejoró su perspectiva sobre la tecnología europea y Taiwán, una decisión que refleja la búsqueda de oportunidades fuera del núcleo habitual de las grandes compañías estadounidenses. Europa cuenta con fabricantes especializados, proveedores de equipos industriales y empresas vinculadas con la automatización y la eficiencia energética. Taiwán, por su parte, ocupa una posición crítica en la cadena mundial de semiconductores, desde la fabricación avanzada hasta el diseño y el empaquetado.
La diversificación geográfica podría reducir la concentración de las carteras y ampliar la participación en el rally. También introduce riesgos específicos. Taiwán está expuesto a tensiones geopolíticas, interrupciones logísticas y una demanda de chips muy cíclica. Europa enfrenta un crecimiento más débil, costes energéticos variables y una dependencia elevada de la demanda externa. Una mejora de la recomendación no elimina esos obstáculos: indica que, a los precios actuales y bajo ciertas hipótesis, la relación entre oportunidad y riesgo parece más atractiva.
Para los inversores institucionales, este desplazamiento puede favorecer una rotación gradual hacia compañías industriales, financieras, de materiales y tecnología especializada. Para los pequeños inversores, la señal debe interpretarse con cuidado. Comprar indiscriminadamente los sectores que han quedado rezagados no garantiza una recuperación. La selección dependerá de la capacidad de cada empresa para convertir una mejora macroeconómica en flujo de caja, no solo de pertenecer a una industria de moda.
Los riesgos que pueden quebrar la narrativa
UBS mantiene una visión atractiva sobre las acciones globales, pero identifica dos riesgos clave: el momento de la reapertura del estrecho de Ormuz y el aumento de los rendimientos. La referencia al estrecho apunta a la vulnerabilidad de los mercados energéticos y de las rutas comerciales. Cualquier interrupción relevante en esa zona podría elevar el precio del petróleo, encarecer el transporte y reintroducir presión inflacionaria en economías que apenas empiezan a estabilizar sus costes.
El alza de los rendimientos de los bonos también puede alterar rápidamente el equilibrio. Cuando los títulos de deuda ofrecen una rentabilidad mayor, las acciones deben competir con un activo relativamente seguro. Además, una tasa de descuento más alta reduce el valor presente de los beneficios futuros, afectando en especial a las empresas tecnológicas de crecimiento. El mismo movimiento que favorece a los bancos o a ciertas aseguradoras puede perjudicar a compañías con valoraciones basadas en expectativas lejanas.
Existe además un riesgo de amplitud aparente. Si unos pocos gigantes tecnológicos continúan explicando la mayor parte del crecimiento de las ganancias, el supuesto ensanchamiento del rally no se habrá materializado. La salud del mercado debería medirse por la participación de sectores y regiones, pero también por la calidad de sus beneficios, la generación de efectivo y la reducción del endeudamiento.
Una prueba para la economía real
El alcance de este episodio va más allá de los índices bursátiles. Un mercado más amplio puede mejorar las condiciones de financiación de las empresas, facilitar nuevas emisiones y apoyar la inversión productiva. Si los beneficios aumentan en industrias no tecnológicas, la recuperación podría traducirse en más pedidos, empleo especializado y gasto en infraestructura. Ese efecto sería especialmente relevante en economías que han sufrido años de bajo crecimiento industrial.
La conexión no es automática. Las cotizaciones pueden subir mientras los hogares enfrentan salarios reales débiles o costes de vivienda elevados. El capital destinado a centros de datos y semiconductores tampoco sustituye por sí solo la inversión en servicios públicos, educación o manufactura tradicional. El impacto social dependerá de si el nuevo ciclo tecnológico genera empleos y productividad ampliamente distribuidos o concentra los beneficios en unas pocas empresas, regiones y trabajadores cualificados.
La tesis de UBS ofrece una hoja de ruta plausible: crecimiento de ganancias, recuperación industrial, inversión tecnológica y una inflación menos persistente. Su validación exigirá datos concretos en los próximos trimestres. Los resultados deberán confirmar que la IA produce retornos, los PMI tendrán que sostenerse por encima de 50 y los rendimientos no podrán subir hasta niveles que vuelvan a encarecer excesivamente el dinero. El rally puede ampliarse, pero su duración dependerá menos del entusiasmo de agosto que de la capacidad de la economía para transformar expectativas en beneficios reales.
