Argentina busca volver a producir uranio después de casi tres décadas de dependencia externa. El objetivo del Gobierno de Javier Milei es asegurar el combustible de sus tres centrales nucleares, que generan alrededor del 7 % de la electricidad nacional, y abrir la puerta a futuras exportaciones en un mercado marcado por la transición energética y la preocupación por la seguridad del suministro.
Recursos y proyectos en expansión
El país cuenta con 34.250 toneladas de recursos identificados y recuperables. Según el ingeniero Mario Capello, esa base permitiría cubrir la demanda interna durante 41 años; al incorporar los recursos inferidos, el horizonte llegaría a unos 140 años para los tres reactores operativos. La exploración en curso podría ampliar aún más esas reservas, aunque convertirlas en producción exigirá inversiones, permisos y aceptación social.

La Secretaría de Minería registra 21 proyectos, 14 activos, en seis provincias. La Comisión Nacional de Energía Atómica pretende reactivar Sierra Pintada, en Mendoza, y Cerro Solo, en Chubut, mientras empresas privadas avanzan en otras áreas. Laguna Salada, de la canadiense Jaguar Uranium, e Ivana-Amarillo Grande, de Blue Sky Uranium y Corporación América, son las iniciativas más desarrolladas al contar con evaluaciones económicas preliminares.
El repunte internacional del precio del uranio ha devuelto atractivo a yacimientos que permanecían postergados. Jaguar también evalúa recuperar Huemul y contrató al general retirado estadounidense Charles Flynn para impulsar el reconocimiento de sus proyectos como estratégicos para Washington. Esa dimensión geopolítica puede facilitar financiamiento y alianzas, pero también eleva las exigencias sobre control estatal, transparencia y estándares ambientales.
El Plan Nuclear presentado en junio contempla además industrializar parte del mineral antes de exportarlo. A ello podría sumarse una nueva demanda local si Meitner Energy concreta el reactor modular anunciado en julio, con una inversión prevista de 1.200 millones de dólares. La reactivación, por tanto, no depende solo de extraer uranio: requiere articular minería, tecnología nuclear e infraestructura para que los recursos geológicos se conviertan en una cadena energética sostenible.
