Proteger a la niñez sin prohibir las redes

El debate sobre el acceso de niñas, niños y adolescentes a las redes sociales vuelve a dividirse entre la permisividad absoluta y las prohibiciones severas. La alternativa más razonable, sin embargo, pasa por regular según la edad y el nivel de madurez, no por presentar a la tecnología como un enemigo. Las plataformas ofrecen aprendizaje, comunicación y acceso amplio a la información, pero también exponen a los menores a violencia, desinformación, ciberacoso, fraude y manipulación.

Un niño de ocho o nueve años carece, en general, de las herramientas emocionales y del pensamiento crítico necesarios para desenvolverse en entornos diseñados para retener su atención y recopilar sus datos. Protegerlo no implica aislarlo de la tecnología: significa priorizar el juego, la convivencia presencial, la lectura, el deporte y la imaginación, además de reservar el uso digital para aplicaciones educativas bajo supervisión adulta.

Regulación con límites democráticos

La responsabilidad tampoco puede recaer únicamente en las familias. Las empresas deben mejorar la verificación de edad y crear mecanismos de protección efectivos, mientras las autoridades tienen que establecer reglas claras sin convertir al Estado en censor del entorno digital. El equilibrio exige proteger el interés superior de la infancia y, al mismo tiempo, preservar la libertad de elección.

En ese contexto, la discusión impulsada por el gobierno sobre los derechos de las audiencias genera dudas. Sus promotores sostienen que busca proteger a los ciudadanos, pero cualquier criterio ambiguo sobre los contenidos permitidos podría facilitar decisiones discrecionales. La cercanía con el proceso electoral también alimenta sospechas entre observadores, quienes consideran que el tema puede desplazar de la agenda casos incómodos para el oficialismo. La defensa más sólida de las audiencias no consiste en que la autoridad decida por ellas, sino en ampliar la educación mediática y el acceso a información diversa.

El texto también advierte sobre los ronquidos intensos acompañados de pausas respiratorias, posibles señales de apnea obstructiva del sueño. El especialista Francisco Javier Saynes Marín señala que este trastorno puede elevar el riesgo de hipertensión, diabetes, infartos y accidentes por fatiga. Detectarlo y tratarlo a tiempo evita que un problema aparentemente cotidiano se convierta en una amenaza para la salud.

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