El peso perdió terreno y cerró en 17.14 por dólar, con una baja marginal de 0.05% en una sesión de escaso volumen. El movimiento no obedeció a un dato local, sino a la presión externa: en Estados Unidos crecen las apuestas por nuevas alzas de tasas y, al mismo tiempo, se deteriora el escenario diplomático con Irán.

Gabriela Siller, de Grupo Financiero BASE, explicó que la moneda se movió en un rango estrecho por falta de información relevante, pero reconoció que el dólar ganó 0.24% frente a una canasta de divisas. La señal de la Fed sobre posibles incrementos adicionales y la incertidumbre por el estrecho de Ormuz reforzaron la demanda por activos en dólares.
En el mercado minorista, el billete verde llegó hasta 18.14 pesos en Bank of America y 17.17 en su mínimo. El mensaje de fondo es claro: mientras persista la expectativa de tasas más altas en EE. UU. y siga abierta la tensión geopolítica, el peso seguirá expuesto a episodios de debilidad aunque no haya presiones internas visibles.
