Paridad dólar-balboa define el rumbo económico de Panamá

La cotización de apertura del dólar estadounidense frente al balboa panameño se ubicó en 1:1 el 15 de julio, lo que implica un repunte del 2,16% respecto al cierre previo. Esta variación se inscribe en un avance semanal del 2,26% y una ganancia interanual del 2,22%, según datos de Dow Jones. La volatilidad del par alcanzó el 23,59%, muy por encima del nivel de referencia del 19,29%. Estos movimientos, aunque contenidos dentro de la paridad histórica, reflejan tensiones que van más allá del simple tipo de cambio.

Panamá mantiene desde 1904 una vinculación estricta con el dólar estadounidense. Esa decisión, adoptada tras la Convención Nacional, eliminó el riesgo cambiario pero también suprimió la capacidad de emisión monetaria autónoma. En 2010 se introdujo la moneda de un balboa, conocida popularmente como “Martinelli”, que generó rechazo entre la población por su uso obligatorio en transacciones locales. Hoy circulan piezas de uno y cinco centésimos, décimo, cuarto y medio balboa, además del balboa completo, todas equivalentes al dólar pero sin aceptación en Estados Unidos.

¿Quién gana y quién pierde con la paridad rígida?

El sector financiero y el Canal de Panamá obtienen beneficios directos de la ausencia de fluctuaciones. Los bancos pueden captar depósitos en dólares sin costo de cobertura y el Canal factura sus peajes en la misma moneda que utiliza para pagar deudas y comprar equipos. En cambio, los exportadores agrícolas y los pequeños comercios enfrentan precios rígidos que dificultan ajustes ante variaciones en la demanda externa. La volatilidad elevada observada en julio amplifica estas diferencias: los agentes con acceso a instrumentos de cobertura absorben mejor los vaivenes, mientras que los hogares de menores ingresos sufren el encarecimiento relativo de bienes importados.

La agencia Casa Solution proyecta un crecimiento del PIB cercano al 4% para 2026, impulsado por logística, banca, turismo, construcción y la actividad del Canal. UBS complementa esta visión al señalar que los bonos panameños en dólares rindieron más del 24% en 2025, superando a muchos activos emergentes. Sin embargo, ese rendimiento se explica en parte por primas de riesgo que ya incorporan dudas sobre la trayectoria fiscal.

La ilusión de estabilidad fiscal

La paridad 1:1 ha funcionado como escudo frente a crisis cambiarias regionales, pero también ha ocultado desequilibrios presupuestarios. El gobierno emite monedas locales sin respaldo independiente, lo que equivale a un endeudamiento implícito en dólares. Cuando la deuda pública crece, el país carece de la válvula de escape que ofrecen las devaluaciones en economías con moneda propia. Los informes de UBS advierten que un deterioro fiscal sostenido podría poner en riesgo el grado de inversión, especialmente si los litigios contractuales y los compromisos políticos no se resuelven con rapidez.

Desde la perspectiva de los inversionistas institucionales, Panamá sigue ofreciendo diferenciales atractivos frente a los bonos del Tesoro estadounidense. Esa ventaja, no obstante, depende de que se mantenga la percepción de solvencia. Un incremento en la deuda que eleve los costos de financiamiento reduciría el margen de maniobra para invertir en infraestructura portuaria y turística, dos pilares del crecimiento esperado para 2026.

Perspectivas contrapuestas: gobierno, ciudadanos e inversionistas

El Ejecutivo destaca la estabilidad monetaria como ventaja competitiva para atraer capitales. Los ciudadanos, en cambio, recuerdan el episodio de la moneda de un balboa como un intento de imponer una divisa local que nunca logró sustituir plenamente al billete estadounidense. Los inversionistas extranjeros observan con atención la evolución de la gobernabilidad y los choques externos, desde la política comercial de Estados Unidos hasta eventos climáticos que afecten la demanda de servicios del Canal.

La sequía reciente y la suspensión temporal de la mina de cobre ilustran cómo factores exógenos pueden erosionar ingresos fiscales sin que Panamá disponga de herramientas monetarias para amortiguarlos. En ese contexto, la volatilidad del tipo de cambio, aunque limitada por la paridad, actúa como termómetro de la confianza del mercado.

Escenarios probables hacia 2026

Si el crecimiento del 4% se materializa y la deuda se mantiene bajo control, la paridad continuará reforzando la posición de Panamá como centro de servicios regional. Un escenario alternativo contempla un aumento de la prima de riesgo si los diferenciales fiscales se amplían o si surgen tensiones políticas que retrasen reformas estructurales. En ese caso, los bonos panameños podrían perder atractivo frente a otros emisores emergentes con mayor flexibilidad monetaria.

El comportamiento de los flujos de capital dependerá también de las condiciones de financiamiento global. Una reducción en la volatilidad del comercio internacional, tal como anticipa UBS, favorecería al país; un repunte de tensiones comerciales entre Estados Unidos y sus socios podría encarecer el acceso al crédito externo y presionar los márgenes de los sectores vinculados al Canal.

La experiencia de economías dolarizadas como Ecuador o El Salvador muestra que la ausencia de riesgo cambiario no elimina la necesidad de disciplina fiscal. Panamá cuenta con ventajas geográficas y logísticas que esas naciones no poseen, pero comparte el mismo límite estructural: cualquier desequilibrio presupuestario se traduce directamente en mayor endeudamiento en dólares. Los próximos dos años serán decisivos para determinar si la paridad sigue siendo un pilar de estabilidad o se convierte en un factor de vulnerabilidad ante choques que la política económica ya no puede compensar con devaluaciones.

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