El restablecimiento del Sistema Electroenergético Nacional el 15 de julio tras veinte horas de interrupción total marca el tercer colapso masivo en siete días. La Unión Eléctrica reportó que más de 9,4 millones de personas quedaron sin servicio simultáneamente, un patrón que ya se repite por quinta vez en lo que va del año. El origen inmediato fueron oscilaciones en la red que provocaron la salida de una unidad generadora y, en cascada, la desconexión de varias más.
Las tres fechas que revelan la fragilidad estructural
El 6, el 10 y el 13 de julio conforman una secuencia que no puede explicarse solo por averías puntuales. Cada evento anterior dejó unidades térmicas dañadas y sin margen de reserva. El ministro Vicente de la O Levy reiteró que no se trata de errores de operación, sino de la ausencia de combustible y repuestos causada por el embargo petrolero vigente desde enero. Esa afirmación sitúa el problema en un plano político-económico que trasciende el mantenimiento cotidiano de las plantas.

Los datos técnicos confirman que la mayoría de las termoeléctricas superan las cuatro décadas de operación sin inversiones mayores. La capacidad instalada nominal resulta engañosa porque el factor de disponibilidad real ronda el 40 % en muchos casos. Cuando una sola unidad falla, el sistema entero pierde estabilidad por falta de inercia rotacional y reservas giratorias.
Perspectiva gubernamental frente a la lectura de analistas independientes
El Ejecutivo cubano enfatiza el bloqueo estadounidense y la interrupción de envíos venezolanos tras el arresto de Nicolás Maduro como factores determinantes. Señala además que la orden ejecutiva de Trump amenaza con aranceles a cualquier país que suministre crudo a la isla. Esta narrativa presenta el problema como externo y temporalmente agravado.
Expertos no vinculados al Estado calculan que rehabilitar el SEN requeriría entre 8 000 y 10 000 millones de dólares, cifra inalcanzable bajo la actual contracción económica. Esa estimación introduce una variable distinta: la obsolescencia acumulada durante más de dos décadas de bajo mantenimiento no se resuelve únicamente con combustible. La brecha entre ambas lecturas genera tensiones en la definición de prioridades de inversión.
El programa solar como apuesta principal y sus límites técnicos
El gobierno ha iniciado la construcción de 92 parques fotovoltaicos con apoyo chino, buscando alcanzar 2 000 MW instalados. Hasta ahora 54 parques aportan hasta 600 MW en horario diurno. Sin embargo, la generación solar carece de almacenamiento masivo y no cubre la demanda nocturna ni los picos vespertinos, momentos en que los cortes superan las treinta horas en La Habana y setenta en el interior.
La intermitencia obliga a mantener las plantas térmicas como respaldo, lo que perpetúa la dependencia de combustible importado. Sin baterías a escala o interconexión regional, el aporte solar mitiga parcialmente la crisis diurna pero no elimina el riesgo de nuevos colapsos al atardecer.
Reacciones sociales y riesgos de escalada
Las protestas diarias en barrios capitalinos, expresadas mediante caceroladas y bloqueos pacíficos, exigen servicios básicos que ya no se garantizan. El descontento se concentra en la capital, donde los cortes más prolongados coinciden con mayor densidad poblacional y visibilidad mediática. Históricamente, interrupciones similares precedieron estallidos de mayor magnitud cuando la duración superó ciertos umbrales de tolerancia.
El gobierno enfrenta un dilema: reconocer la magnitud de la crisis puede acelerar la emigración y la pérdida de mano de obra calificada, mientras minimizarla erosiona la credibilidad institucional. Ambas opciones incrementan la probabilidad de inestabilidad localizada.
Dependencia china y exposición geopolítica futura
La colaboración con China para los parques solares introduce una nueva variable. Si las condiciones de financiamiento o suministro de componentes se modifican por tensiones entre Pekín y Washington, el ritmo de instalación podría ralentizarse. Cuba carece de capacidad propia para fabricar inversores o paneles a la escala requerida, lo que convierte el programa en un factor de vulnerabilidad adicional.
Al mismo tiempo, la ausencia de repuestos para las plantas existentes obliga a decisiones de desmantelamiento o canibalización de unidades, reduciendo aún más el margen operativo del sistema.
Escenarios de evolución 2026-2028
Si el programa solar alcanza los 1 200 MW operativos para 2027 y se incorporan sistemas de almacenamiento modestos, los cortes diurnos podrían reducirse, pero los nocturnos persistirían sin una reforma profunda de las termoeléctricas. Un escenario alternativo contempla la llegada parcial de combustible a través de intermediarios, que aliviaría temporalmente la presión pero no resolvería la obsolescencia de equipos.
El riesgo mayor radica en una combinación de factores: incremento de temperaturas que eleve la demanda de refrigeración, fallas simultáneas en varias unidades antiguas y retrasos en los envíos chinos. Esa coincidencia podría generar apagones de mayor duración y alcance que los registrados hasta ahora, amplificando el descontento social y las presiones migratorias.
La trayectoria actual indica que el sistema eléctrico cubano opera al límite de su resiliencia. Cada nuevo colapso reduce el tiempo disponible para implementar soluciones estructurales antes de que la próxima interrupción se produzca.
