La publicación de los Indicadores Cíclicos por el Inegi correspondiente a abril y mayo de 2026 revela un cambio de trayectoria en la actividad productiva mexicana. El Indicador Coincidente alcanzó 99.8 puntos tras siete meses consecutivos de avance, mientras que el Adelantado se ubicó en 100.9 puntos, su nivel más alto desde 2022. Estos datos no representan una aceleración inmediata, pero confirman que la economía dejó atrás la fase de mayor debilidad observada entre la segunda mitad de 2025 y el primer trimestre de 2026.

El contexto que precede a estos resultados se remonta a la desaceleración posterior a la reapertura postpandemia. Entre 2023 y 2024 la economía mexicana registró crecimientos superiores al promedio histórico impulsados por el nearshoring y el gasto en infraestructura. Sin embargo, a partir de mediados de 2025 la inversión privada se contrajo ante la incertidumbre regulatoria y la moderación del gasto público. La revisión del T-MEC, programada para 2026, introdujo un factor adicional de cautela entre las empresas manufactureras instaladas en el norte del país.
Orígenes de la fase contractiva reciente
La debilidad observada en el segundo semestre de 2025 tuvo múltiples causas concurrentes. El empleo formal creció a tasas inferiores al 1 % anual, según datos del IMSS, mientras que la formación bruta de capital fijo mostró caídas trimestrales consecutivas. Al mismo tiempo, el consumo interno resistió mejor gracias al flujo de remesas y al crédito al consumo, aunque este último comenzó a mostrar señales de agotamiento hacia finales de 2025. La combinación de estos elementos situó a la economía por debajo de su tendencia de largo plazo durante varios trimestres.
El Indicador Adelantado, que incorpora variables como el empleo manufacturero y el comportamiento del mercado bursátil estadounidense, comenzó a anticipar una inflexión desde finales de 2025. Su ascenso sostenido durante catorce meses refleja principalmente la recuperación del sector externo y la expectativa de mayor gasto en infraestructura vinculado al Mundial de 2026. No obstante, analistas como Gabriela Siller de Banco Base advierten que este repunte anticipado aún no se ha traducido plenamente en la actividad productiva real.
Transmisión de la mejora a sectores clave
El avance simultáneo de ambos indicadores sugiere que la recuperación podría extenderse durante el segundo y tercer trimestre de 2026. El gasto en construcción relacionado con estadios y obras de movilidad para el Mundial representa un impulso temporal que podría elevar el PIB entre 0.3 y 0.5 puntos porcentuales en el corto plazo. Este efecto se concentraría principalmente en estados como Nuevo León, Jalisco y la Ciudad de México, donde ya se observan incrementos en licitaciones públicas.
El sector manufacturero, que representa más del 18 % del PIB, podría beneficiarse de la mayor demanda estadounidense si la economía de ese país mantiene su ritmo actual. El empleo en maquiladoras de exportación ha mostrado ligeros repuntes mensuales desde marzo, alineándose con la mejora del Indicador Adelantado. Sin embargo, la magnitud de este efecto dependerá de que no se materialicen nuevas tensiones comerciales durante la revisión del T-MEC.
Riesgos estructurales que limitan la velocidad
A pesar de las señales positivas, persisten restricciones que impiden una expansión más acelerada. La inversión privada sigue afectada por la percepción de inseguridad jurídica y por la falta de financiamiento bancario a tasas competitivas para proyectos de mediana escala. Andrés Abadía de Pantheon Macroeconomics señala que la moderación del empleo formal reduce el ingreso disponible de los hogares y, por tanto, limita el consumo en los segmentos medios.
La incertidumbre asociada a la revisión del T-MEC introduce un sesgo a la baja en las decisiones de inversión de las empresas exportadoras. Históricamente, periodos de renegociación del tratado han coincidido con menor crecimiento de la industria automotriz y electrónica, sectores que representan más del 40 % de las exportaciones mexicanas. Si las negociaciones se prolongan o generan condiciones más restrictivas, el impulso derivado del nearshoring podría atenuarse significativamente.
Implicaciones de mediano plazo para el mercado laboral
Una recuperación gradual como la que anticipan los indicadores cíclicos tendría efectos diferenciados sobre el empleo. El sector construcción podría absorber mano de obra temporal durante los preparativos del Mundial, pero estos puestos suelen desaparecer una vez concluidas las obras. Por el contrario, el empleo manufacturero de mayor productividad requiere señales más sostenidas de demanda externa para generar contrataciones permanentes.
En regiones del sur del país, donde la recuperación ha sido más lenta, el estancamiento prolongado podría acentuar la migración interna hacia zonas con mayor dinamismo industrial. Este fenómeno ya se observó entre 2019 y 2021 y podría repetirse si el crecimiento del norte y el bajío no se complementa con políticas de desarrollo regional más activas.
Perspectivas hacia 2027 y más allá
El escenario base que surge de los datos del Inegi apunta a un crecimiento del PIB entre 1.8 % y 2.3 % para 2026, impulsado por el consumo y la inversión pública temporal. Sin embargo, la ausencia de reformas que eleven la productividad y la inversión en capital humano sugiere que la economía mexicana podría regresar a tasas cercanas al 2 % a partir de 2027, insuficientes para cerrar la brecha de ingreso per cápita con economías de desarrollo similar.
La trayectoria futura dependerá en gran medida de la capacidad del gobierno y el sector privado para traducir el impulso coyuntural del Mundial en mejoras estructurales. Si las condiciones de certidumbre jurídica y acceso al crédito mejoran, el Indicador Coincidente podría superar el umbral de 100 puntos de manera sostenida. De lo contrario, la economía mexicana corre el riesgo de permanecer en una fase de expansión moderada durante varios años más.
