Las sopas instantáneas, algunas salsas, aderezos y posiblemente la cerveza podrían aumentar de precio en 2027 si prosperan las modificaciones fiscales que prepara Morena en la Cámara de Diputados. La propuesta forma parte de los trabajos previos al Paquete Económico 2027 y contempla ampliar la aplicación del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a productos con altos niveles de sodio, además de revisar la carga tributaria que actualmente pagan las bebidas alcohólicas.
El planteamiento todavía no constituye un impuesto aprobado ni establece precios definitivos. Para que entre en vigor tendría que ser incluido en la propuesta formal del Ejecutivo federal, discutido por la Comisión de Hacienda y posteriormente aprobado por el pleno de la Cámara de Diputados. Por ello, tanto los productos alcanzados como las tasas finales podrían cambiar durante el proceso legislativo.
El sodio entra en la discusión fiscal
Carlos Antonio Altamirano, presidente de la Comisión de Hacienda de la Cámara Baja, explicó que los legisladores analizan gravar mercancías que, pese a presentar sellos o niveles elevados de sodio, actualmente no pagan IEPS por ese concepto. Entre los ejemplos mencionados se encuentran determinadas sopas instantáneas, como las de la marca Maruchan, así como salsas y aderezos procesados.
La lógica de la iniciativa combina dos objetivos: elevar la recaudación y utilizar el sistema tributario como una herramienta de política sanitaria. De acuerdo con el legislador morenista, estos productos pueden contribuir a problemas de salud cuando forman parte habitual de la dieta, especialmente por su concentración de sodio. La propuesta buscaría que el costo económico de su consumo refleje, al menos parcialmente, los efectos asociados a enfermedades vinculadas con una alimentación de baja calidad.

La estimación preliminar de recaudación ronda los 12 mil millones de pesos, recursos que, según el planteamiento, deberían dirigirse al sector salud. Sin embargo, la discusión sobre el destino del dinero será tan relevante como la tasa del impuesto. En México, los llamados impuestos saludables no siempre se asignan de manera exclusiva a programas de prevención, atención médica o tratamiento de enfermedades relacionadas con el consumo de productos gravados.
Una sopa económica podría resentir el ajuste
El posible efecto sobre los consumidores dependerá de la tasa que se apruebe y de la manera en que las empresas trasladen el impuesto a la cadena comercial. Una sopa instantánea se vende actualmente, de acuerdo con los precios citados en la propuesta, entre 13.50 y 20 pesos. En productos de bajo costo, incluso un aumento nominal reducido puede representar una variación significativa para los hogares que los consumen por conveniencia o como una alternativa económica.
El impacto tampoco sería uniforme. Las compañías podrían absorber una parte del gravamen para conservar participación de mercado, reducir el contenido de sodio para evitar la tasa o modificar presentaciones y tamaños. También existe la posibilidad de que algunos consumidores sustituyan estos productos por opciones no gravadas, aunque esa decisión dependerá de la disponibilidad y del precio de alimentos frescos o preparados. Si el impuesto se aplica de forma amplia, la frontera entre un producto ocasional y un alimento básico de bajo costo podría convertirse en uno de los principales puntos de controversia.
La canasta básica, otro punto sensible
Los legisladores han planteado que los productos alcanzados dejen de ser considerados parte de la canasta básica. La medida tendría consecuencias más allá de la recaudación, porque modificaría la manera en que se mide el costo de ciertos bienes de consumo frecuente y podría afectar la percepción sobre la evolución de los precios para las familias.
Aún no se conocen los criterios que definirían qué nivel de sodio sería suficiente para activar el IEPS ni si existirían excepciones para presentaciones pequeñas, productos destinados a determinados grupos de consumidores o mercancías que reformulen sus ingredientes. Sin reglas precisas, el impuesto podría generar diferencias entre productos similares y abrir disputas sobre su clasificación fiscal.
La cerveza también podría pagar más
La revisión propuesta no se limita a los alimentos procesados. La Comisión de Hacienda también estudia modificar el IEPS aplicado a la cerveza. Altamirano señaló que el cambio sí implicaría una variación respecto del impuesto vigente y estimó, de manera preliminar, un ajuste de entre 3 y 4 por ciento. La cifra no es definitiva y tendrá que revisarse conforme avance el análisis del Paquete Económico 2027.
La propuesta surgió de los trabajos del Grupo de Tratamiento Fiscal a la Producción de Destilados y otras Bebidas Alcohólicas, creado para examinar el esquema tributario de las bebidas con alcohol. En el caso de la cerveza, un aumento del impuesto podría trasladarse parcialmente al precio final, aunque el resultado dependerá de la competencia entre marcas, los costos de producción, la distribución y las estrategias comerciales de cada empresa.
El antecedente de los impuestos saludables
El debate ocurre después de los incrementos aprobados para 2026. En ese año, el IEPS a las bebidas azucaradas pasó de 1.64 a 3.08 pesos por litro, mientras que el impuesto aplicable a los cigarros aumentó de 160 a 200 por ciento, además de elevarse la cuota por pieza. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público calculó que esos cambios generarían alrededor de 41 mil millones de pesos adicionales.
La experiencia previa plantea una pregunta central para la nueva iniciativa: si la recaudación se justifica por razones de salud pública, ¿cómo podrá comprobarse que los recursos regresan efectivamente a ese sector? Para 2026 se presupuestaron cerca de 996 mil millones de pesos para salud, una cantidad que, en términos reales, quedó 4.7 por ciento por debajo del gasto registrado por México en 2024. Ese antecedente alimenta las dudas sobre la posibilidad de que los nuevos ingresos se etiqueten de manera exclusiva.
La discusión formal comenzará cuando la presidenta envíe el Paquete Económico 2027 al Congreso. Hasta entonces, la eventual subida de precios para la cerveza, las sopas instantáneas, las salsas y los aderezos debe entenderse como un escenario sujeto a negociación. El resultado final dependerá de la definición de los productos gravados, las tasas aprobadas, los mecanismos de recaudación y la transparencia con la que se utilicen los recursos obtenidos.
