Maquiladoras de Tijuana: menor creación de empleos por incertidumbre

La industria maquiladora de Tijuana cerrará 2026 con una generación de empleos entre 5 mil y 6 mil plazas inferior a la registrada en 2025, según proyecciones de la Asociación de Recursos Humanos de la Industria en Tijuana (Arhitac). El presidente del organismo, Fernando Becerra, basó esta estimación en los resultados del primer semestre, que alcanzaron entre 7 mil y 8 mil posiciones nuevas. De mantenerse la tendencia actual, el cierre anual rondaría las 20 mil plazas, frente a las aproximadamente 25 mil registradas al finalizar el año anterior.

Esta moderación no implica destrucción de puestos existentes, sino una desaceleración en la apertura de vacantes nuevas. Las empresas mantienen las posiciones vigentes y cubren la rotación natural del personal, pero evitan expansiones significativas. La demanda de perfiles técnicos, de liderazgo y gerenciales sigue activa, con alrededor de 350 vacantes indirectas identificadas en la última encuesta de Arhitac.

Impacto en el mercado laboral regional

La reducción proyectada afecta principalmente a trabajadores de nivel operativo que dependen de la expansión de líneas de producción. Aunque la rotación natural asegura cierta estabilidad, la menor creación de vacantes nuevas limita las oportunidades para jóvenes y migrantes que históricamente han encontrado en las maquiladoras su primera inserción formal. En términos agregados, la industria representa cerca del 60 % del empleo manufacturero en Tijuana, por lo que una brecha de 5 mil a 6 mil plazas anuales se traduce en menor consumo local y presión sobre servicios públicos.

El efecto se concentra en sectores como electrónica y dispositivos médicos, donde las empresas han adoptado una postura conservadora ante la indefinición de los tratados comerciales. Esta cautela se refleja también en la postergación de inversiones en capacidad instalada, lo que a mediano plazo puede derivar en menor competitividad frente a otras regiones del país.

Perspectiva de las empresas y la rotación de personal

Desde el punto de vista empresarial, la estrategia de mantener posiciones sin crecimiento responde a variables externas: la renegociación o revisión de tratados de libre comercio, la volatilidad cambiaria y posibles ajustes arancelarios. Las compañías prefieren esperar definiciones antes de comprometer recursos en contrataciones masivas. Esta postura conserva márgenes de operación, pero reduce la capacidad de respuesta ante picos de demanda.

Un fenómeno paralelo es el aumento sostenido de vacantes especializadas. Los perfiles técnicos y de supervisión representan una proporción creciente de las contrataciones, lo que indica un desplazamiento hacia roles de mayor valor agregado. Esta tendencia, aunque positiva para la productividad, genera un desajuste entre la oferta educativa local y las necesidades reales de las plantas.

Visión de los trabajadores y sindicatos

Los representantes sindicales observan con preocupación la desaceleración, aunque reconocen que no se trata de despidos masivos. Su principal reclamo se centra en la necesidad de programas de capacitación que permitan a los operarios transitar hacia puestos técnicos. Sin esa transición, el riesgo de precarización aumenta para quienes carecen de formación especializada.

Por otro lado, la menor rotación de personal reduce la presión sobre los sistemas de contratación temporal, lo que puede mejorar la estabilidad laboral de quienes ya están dentro de las plantas. Sin embargo, esta estabilidad es frágil si las condiciones macroeconómicas empeoran.

Tendencias futuras y riesgos estructurales

Hacia 2027 es probable que la industria acelere procesos de automatización como respuesta a la incertidumbre comercial. Esta transición podría elevar la productividad por trabajador, pero reducirá aún más la demanda de mano de obra no calificada. Las empresas que logren integrar tecnologías de control de calidad y mantenimiento predictivo mantendrán ventajas competitivas; las que no lo hagan enfrentarán mayor vulnerabilidad ante cambios arancelarios.

Un riesgo adicional radica en la dependencia del tipo de cambio. Una apreciación sostenida del peso encarecería los costos laborales en dólares y podría acelerar la relocalización de operaciones hacia otros países. Por el contrario, una depreciación fuerte incentivaría la contratación temporal, pero sin resolver el problema de fondo de la especialización de la fuerza laboral.

El gobierno local enfrenta el desafío de diseñar políticas que alineen la oferta educativa con las nuevas demandas del sector. Sin coordinación efectiva entre empresas, universidades y autoridades, la brecha de habilidades se ampliará y limitará el potencial de recuperación del empleo maquilador en el mediano plazo.

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