El dólar registró pérdidas generalizadas tras el informe de empleo de junio en Estados Unidos, que mostró una creación de solo 57.000 puestos y revisiones a la baja de 74.000 empleos en meses previos. La tasa de desempleo bajó a 4,2 %, pero por una menor participación laboral, señal de enfriamiento más que de fortaleza.

La libra esterlina se apreció hasta 1,3360 dólares, mientras el euro alcanzó 1,1455. Ambos movimientos reflejan la reducción de expectativas sobre nuevos incrementos de tasas por parte de la Reserva Federal, aunque los mercados aún descuentan apenas 25 puntos básicos de relajación para diciembre.
Análisis de las divisas
El avance de la libra no responde a mejoras en los fundamentos británicos. El gobernador del Banco de Inglaterra reiteró que la economía atraviesa un bache y que las tasas hipotecarias ya actúan como endurecimiento monetario, manteniendo descartados los recortes por ahora. El euro, por su parte, enfrenta limitaciones por la pérdida de impulso en las expectativas de alzas del BCE, que apenas descuenta 17 puntos básicos para fin de año.
ING prevé que el dólar se estabilice entre 100 y 101,5 en las próximas semanas. Una tendencia bajista más sostenida requerirá confirmación adicional, especialmente del dato de IPC del 14 de julio. La reducción de tensiones en Oriente Medio aporta un soporte modesto a las divisas de riesgo, pero sin alterar el panorama estructural.
El informe de empleo evidencia un mercado laboral que se enfría sin generar alarma de recesión inmediata, lo que explica la reacción contenida de los mercados. La clave seguirá siendo la evolución de la inflación y las señales que emita la Fed en las próximas semanas.
