Para Julián, el mismo problema cruza dos mundos que suelen leerse por separado: que un pago entre países se cierre en segundos y que una terminal POS llegue a tiempo cuando un comercio necesita reemplazarla para no dejar de vender. En esa combinación de urgencia digital y física se mueve una fintech que opera tecnología de aceptación de pagos en 16 países de la región.

En la entrevista, Julián ubicó a las stablecoins como una herramienta cada vez más usada en comercio exterior y remesas internacionales. Las definió como monedas digitales ancladas a una divisa fiat, como el dólar, capaces de funcionar como su equivalente digital y de convertir monedas locales en ese activo. Según explicó, eso resulta útil en países con obstáculos para acceder al dólar formalmente y también para mover dinero de un país a otro sin pasar por el circuito tradicional.
La ventaja frente a una transferencia bancaria internacional, dijo, está en la fricción: en el sistema tradicional hay que conocer datos de cuenta, la acreditación no es inmediata, tarda días y suele tener comisiones altas. Las stablecoins, en cambio, permiten operaciones con menor costo y de forma prácticamente inmediata. Aun así, aclaró que el uso crece en la región pero todavía no está lo bastante regulado como para ofrecer números confiables sobre cuánto se transfiere entre países.
El otro frente es más concreto y operativo. La empresa no vende directo al comercio, sino a otras fintech o bancos grandes que prestan el servicio final; por eso, cuando hay un problema, el reemplazo del dispositivo debe llegar rápido para que el negocio siga vendiendo. No fabrican los equipos ni manejan la última milla: trabajan con terceros para almacenamiento y envío, mientras el mayor desafío interno estuvo en la integración tecnológica, para que todo funcione por APIs y no por pedidos manuales por correo.
Julián también puso el foco en lo que viene. Dijo que espera agentes capaces de comprar por las personas y un crecimiento de las stablecoins para remesas internacionales, conviviendo con las monedas de cada economía. Para eso todavía falta infraestructura, porque esos agentes tendrán que interpretar catálogos y comunicarse con los sistemas de los comercios, aunque hoy las barreras para montar soluciones de pagos propias sean más bajas gracias a infraestructuras modulares ya listas para operar.
