Irán registra una creciente escasez de combustible que ya ha provocado largas filas en gasolineras de Teherán, mientras Estados Unidos restringe el acceso del país a importaciones necesarias para cubrir su déficit. El diario estatal Hamshahri informó el domingo que numerosos conductores acudieron a llenar los tanques antes de que llegaran a la mitad, ante el temor de una subida de precios.
El mercado iraní de gasolina enfrenta un déficit diario de entre 14 y 15 millones de litros, según Esmaeil Saqab Esfahani, director de la Organización de Optimización Energética y Gestión Estratégica. El funcionario atribuyó la brecha entre oferta y demanda a una demanda récord, daños sufridos durante la guerra y cambios en las prioridades del presupuesto nacional.

“Tenemos que hacer algo para reducir el consumo a los niveles de producción nacional”, declaró Esfahani la semana pasada, citado por la Agencia de Noticias de Estudiantes Iraníes. La escasez coincide con una campaña de presión financiera estadounidense que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, calificó el lunes como “la mayor ofensiva financiera jamás orquestada contra un adversario”.
El combustible es un asunto especialmente sensible en Irán, uno de los países con mayores reservas petroleras del mundo. Los subsidios estatales mantienen los precios de la gasolina entre los más bajos a nivel internacional, pero los intentos previos de elevarlos derivaron en protestas. En 2019, cientos de iraníes murieron a manos de las fuerzas de seguridad durante manifestaciones relacionadas con el aumento de tarifas.
La posible modificación de los precios llega además en un contexto de inflación elevada y una crisis monetaria que afecta a millones de familias. Las autoridades llevan meses advirtiendo que los incrementos podrían resultar inevitables, después de que ataques israelíes y estadounidenses contra depósitos de combustible e instalaciones energéticas agravaran un desequilibrio ya existente entre producción y consumo.
El bloqueo estadounidense a puertos iraníes también ha limitado las importaciones con las que Teherán suele compensar sus faltantes. En mayo, el presidente Masoud Pezeshkian pidió apoyo público ante la posibilidad de racionar el combustible e instó a los ciudadanos a recurrir al transporte público cuando fuera posible.
La semana pasada, el presidente del Parlamento y principal negociador iraní durante la guerra, Mohammad Bagher Ghalibaf, sostuvo que Estados Unidos e Israel buscaban aprovechar una eventual subida de la gasolina dentro de sus operaciones contra la República Islámica. Las autoridades habían atribuido anteriormente a un país extranjero no identificado un ciberataque contra la red de distribución de combustible ocurrido en 2021.
Tres opciones para administrar el déficit
Esfahani indicó que el Gobierno estudia distribuir una cantidad fija de 121 millones de litros diarios a las estaciones de servicio y cerrar los surtidores una vez agotada esa reserva. Las otras alternativas son mantener ventas por encima de ese límite a un precio mayor o asignar cuotas directamente a las personas, en lugar de hacerlo por vehículo.
El sistema actual entrega a cada vehículo una cuota mensual escalonada: los primeros 60 litros cuestan 15.000 riales por litro, los siguientes 50 litros valen 30.000 riales y el consumo adicional se cobra a 50.000 riales por litro. La semana pasada, el Gobierno suspendió un programa piloto en Kerman que ampliaba la cuota total, pero fijaba un precio de 872.000 riales por litro para las compras que excedieran ese volumen.
Las autoridades atribuyeron el abandono del plan piloto a problemas de gestión. Sin embargo, la tarifa propuesta generó alarma en Kerman y alimentó temores de aumentos similares en el resto del país. Paralelamente, el Gobierno intenta que los conductores de unos 4,5 millones de vehículos de combustible dual utilicen gas natural comprimido, mientras la refinería Estrella del Golfo Pérsico anunció el uso de metanol para elevar la producción de gasolina.
