La detención del agente municipal Julio Ezequiel “N”, de 28 años, en el ejido Benito Juárez reveló indicios claros de participación en actividades criminales. Junto con otras tres personas, el uniformado fue capturado con droga a bordo de un vehículo durante operativos de vigilancia en el Valle de Mexicali. En total, quince detenidos resultaron de estas acciones, lo que apunta a una red más amplia que involucra posiblemente a elementos de corporaciones locales.

La fiscal general Ma. Elena Andrade Ramírez confirmó dos líneas de investigación paralelas. Una se enfoca en los detenidos vinculados a delitos federales por armas y estupefacientes, mientras se aguardan resultados balísticos que podrían conectar el caso con el homicidio de dos agentes de la FESC ocurrido días antes. La segunda examina a civiles capturados en los mismos operativos. Esta estructura permite evaluar si existe infiltración policial que facilite el trasiego de droga y debilite la seguridad estatal.
Depuración interna en riesgo
El hallazgo de un elemento municipal involucrado no solo complica las pesquisas por el doble homicidio, sino que evidencia fallas en los filtros de reclutamiento y supervisión. La presencia de policías en operativos de vigilancia que terminan vinculados a cárteles erosiona la confianza institucional y aumenta la vulnerabilidad de los agentes honestos. Las autoridades reconocen la necesidad urgente de reforzar controles internos para evitar que casos aislados se conviertan en patrón sistemático que proteja estructuras criminales.
Los resultados balísticos y las declaraciones de los detenidos serán determinantes para aclarar si el agente actuaba de manera aislada o respondía a órdenes superiores dentro de una red mayor. Mientras tanto, la investigación sigue abierta y la fiscalía mantiene la cautela sobre posibles vínculos con grupos delictivos locales.
