Euro en RD: contexto y efectos a largo plazo

El cierre del euro a 67,47 pesos dominicanos el 1 de julio de 2026 refleja tensiones acumuladas en el mercado cambiario que se remontan a varios ciclos de política monetaria global. El avance diario del 0,68 % y el repunte semanal del 2,61 % no son fenómenos aislados, sino la manifestación visible de decisiones tomadas por el Banco Central de la República Dominicana y la Reserva Federal de Estados Unidos en los últimos dieciocho meses.

Orígenes de la presión cambiaria

Desde finales de 2024, la Reserva Federal mantuvo una postura restrictiva más prolongada de lo esperado, elevando el costo de oportunidad de mantener pesos dominicanos. Al mismo tiempo, el Banco Central local optó por una depreciación controlada para proteger las reservas internacionales, que se situaban cerca del 12 % del PIB. Esta combinación generó una brecha entre el tipo de cambio oficial y las expectativas del sector importador, que anticipaba un dólar más fuerte hacia finales de 2025. El resultado es la volatilidad actual del 21,35 %, muy superior al promedio histórico de 12,36 %.

El informe de UBS Financial Services publicado en junio de 2026 confirma que la deuda pública bruta se mantiene estable en torno al 58 % del PIB, siempre que no ocurran choques externos. Sin embargo, esa estabilidad depende de que el superávit primario alcance el 0,5 % del PIB en 2026, meta que exige disciplina fiscal adicional tras el presupuesto suplementario aprobado para 2025.

Efectos sobre el turismo y las remesas

El turismo representa cerca del 8 % del PIB dominicano y genera más del 30 % de los ingresos en divisas. Un euro más caro encarece los paquetes vacacionales para visitantes europeos, que constituyen el segundo mercado emisor después de Estados Unidos. Datos del Banco Central muestran que, cuando el euro superó los 65 pesos en 2023, las reservas hoteleras desde España y Francia cayeron un 4,7 % interanual. Si la tendencia de julio de 2026 se prolonga, el sector podría enfrentar una desaceleración similar en el invierno 2026-2027, afectando empleos directos en Punta Cana y Puerto Plata.

Por el lado de las remesas, el efecto es opuesto. Los dominicanos en España y Alemania envían aproximadamente 1.200 millones de dólares anuales. Un euro fortalecido incrementa el poder adquisitivo de esas transferencias en pesos, lo que estimula el consumo interno en sectores como vivienda y comercio minorista. Sin embargo, esta ganancia es temporal y se diluye cuando la depreciación del peso frente al dólar encarece las importaciones de alimentos y combustibles.

Repercusiones en la balanza comercial

El déficit por cuenta corriente proyectado entre 2 % y 2,5 % del PIB para 2026 depende en gran medida del comportamiento del tipo de cambio. Un euro alto encarece las importaciones europeas de maquinaria y bienes de capital, que representan el 18 % de las compras externas dominicanas. Esto podría frenar la modernización de la industria manufacturera de zonas francas, donde la inversión extranjera directa neta se estima en 3,5-4 % del PIB. Empresas como las ensambladoras de componentes electrónicos ya evalúan trasladar parte de sus operaciones a jurisdicciones con monedas más alineadas al dólar.

Impacto fiscal y deuda a mediano plazo

El Ministerio de Hacienda busca reducir el déficit global al 3,2 % del PIB en 2026. Una depreciación acelerada del peso eleva el servicio de la deuda denominada en euros, que constituye cerca del 9 % del stock total. Cada punto porcentual de depreciación adicional añade aproximadamente 120 millones de dólares al costo anual del servicio. Si la volatilidad persiste, el gobierno podría verse obligado a acelerar la emisión de bonos en dólares o a renegociar plazos, alterando el perfil de vencimientos previsto para 2028-2030.

El estímulo fiscal focalizado que menciona UBS podría perder efectividad si parte del gasto adicional se destina a compensar el encarecimiento de importaciones energéticas. El subsidio eléctrico, que ya representa el 1,8 % del PIB, se vería presionado al alza, reduciendo el margen para inversión en infraestructura vial y educativa.

Escenarios de política monetaria

El Banco Central proyecta que el tipo de cambio alcance 66,35 pesos por dólar en septiembre de 2026 y 69,15 un año después. Esta trayectoria de depreciación controlada busca evitar una salida abrupta de capitales, pero exige coordinación con la Reserva Federal. Si esta última inicia recortes de tasas antes de lo previsto, el diferencial de interés se reduciría y el peso podría estabilizarse temporalmente. En caso contrario, la presión alcista sobre el euro frente al peso se mantendría hasta 2027.

Los riesgos climáticos mencionados en el informe de UBS añaden otra capa de incertidumbre. Un huracán de gran intensidad podría reducir las exportaciones de servicios turísticos en 15-20 % y obligar al Banco Central a intervenir con reservas, alterando la senda de depreciación prevista.

En conjunto, la cotización del euro a 67,47 pesos no es solo un dato diario, sino el reflejo de un equilibrio frágil entre políticas internas y externas que moldeará el crecimiento económico dominicano durante al menos los próximos tres años.

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