Estados Unidos anunció este martes el paso de las labores de búsqueda y rescate a una fase de socorro humanitario y recuperación en Venezuela, tras destinar más de 310 millones de dólares a la emergencia provocada por los sismos del 24 de junio. El encargado de negocios de Washington en Caracas, John Barrett, precisó que la respuesta incluye 680 toneladas de insumos y más de 60 mil kits de asistencia, en lo que describió como la mayor operación estadounidense ante terremotos en la historia del país.
Los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 dejaron más de 3 mil 500 fallecidos y 16 mil 740 heridos según el balance oficial más reciente. Tras dos semanas de operaciones, las autoridades estadounidenses consideran que la prioridad inmediata de localizar sobrevivientes ha concluido, por lo que ahora se concentrarán en atender las necesidades de largo plazo de la población afectada.
Alcance de la asistencia estadounidense
Barrett detalló que el personal de Estados Unidos contribuyó a salvar seis vidas durante las labores iniciales y proporcionó diez contenedores refrigerados para el manejo de los cuerpos recuperados. El funcionario aseguró que la entrega de la ayuda ha sido “confiable y rápida”, aunque reconoció que existen observaciones sobre posibles irregularidades en la distribución interna.

El Comando Sur de Estados Unidos ha coordinado el envío de suministros y el comandante Francis Donovan viajó a Venezuela para reunirse con la presidenta encargada Delcy Rodríguez y otras autoridades locales. Esta participación militar en tareas humanitarias refleja la escala del desastre y la necesidad de logística especializada para movilizar recursos en zonas de difícil acceso.
Denuncias sobre distribución
Ciudadanos y organizaciones civiles han señalado obstáculos en la entrega de la asistencia, atribuidos principalmente al Ejército venezolano y a decisiones del gobierno interino. Barrett rechazó que las autoridades locales hayan bloqueado la ayuda estadounidense y afirmó que cada queja recibida es seguida de cerca por personal en el terreno. Hasta el momento, estas versiones contrastan con la postura oficial de Washington, que sostiene que las solicitudes de movilización han sido atendidas sin mayores contratiempos.
El cambio de fase ocurre en un contexto donde miles de personas permanecen sin vivienda y cientos de edificaciones colapsaron. La transición hacia la recuperación implica que los recursos se destinarán ahora a apoyo psicológico, reconstrucción básica y restablecimiento de servicios esenciales, en lugar de continuar con operaciones de rescate que ya no resultan prioritarias.
Implicaciones para la cooperación bilateral
La operación estadounidense representa un esfuerzo significativo en un momento de tensiones diplomáticas persistentes entre ambos países. El hecho de que Washington mantenga presencia en Venezuela tras el sismo, incluso con un enfoque más amplio, podría abrir canales limitados de coordinación en temas humanitarios, aunque no necesariamente modifique la relación política general. El monitoreo constante de la distribución de ayuda sigue siendo un punto de fricción que ambas partes manejan de manera distinta.
El balance final de los sismos sigue en revisión, pero las cifras ya indican que la emergencia ha superado la capacidad de respuesta local en varios estados. Estados Unidos reporta que la mayoría de los cuerpos recuperados han sido identificados, lo que permite avanzar hacia procesos de identificación y entrega a familiares, una tarea que requiere coordinación continua entre autoridades venezolanas y el personal estadounidense.
