Empleadores comenzaron a detectar en 2026 un fenómeno conocido como quiet cracking o «fractura silenciosa», en el que los trabajadores mantienen formalmente su rendimiento y evitan conflictos, pero reducen de forma marcada su iniciativa, implicación y disposición a aportar ideas nuevas.

Valentina Romanova, directora de Recursos Humanos de la empresa rusa de desarrollo inmobiliario Level Group, explicó a Gazeta.Ru que esta situación corresponde a una etapa de profundo desapego interno. Desde fuera, el empleado puede parecer estable, aunque la pérdida de implicación termina afectando los procesos del equipo.
«Si los empleados clave dejan de motivar a los demás y trabajan en piloto automático, la empresa pierde su capacidad de desarrollo», señaló Romanova.
Según la especialista, los mileniales son especialmente vulnerables al fenómeno, pues sobre ellos recae una parte importante de las tareas de gestión. Añadió que suelen asumir una responsabilidad excesiva y que la presión de la ansiedad externa puede acelerar su agotamiento.
El salario no recupera por sí solo la implicación
Romanova sostuvo que una mejora salarial no basta para recuperar el compromiso de una persona que atraviesa esta fase. En su opinión, las compañías deberían atender más al sentido que los trabajadores encuentran en sus funciones y permitirles probar nuevos roles sin temor a equivocarse.
La experta indicó que los propios empleados pueden actuar ante las primeras señales de apatía o pérdida de concentración. Entre las medidas citó revisar la carga laboral, dividir las tareas, realizar pausas y limitar temporalmente el uso de dispositivos.
También recomendó hablar con los superiores sobre la posibilidad de tomar vacaciones o reducir el volumen de trabajo cuando la situación lo requiera.
