Tijuana, Baja California.- El sector empresarial de la frontera norte de México considera indispensable definir con anticipación una postura conjunta frente a las modificaciones que Estados Unidos pretende introducir en la próxima revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC). La advertencia proviene del presidente de la Asociación de Agentes Aduanales de Tijuana y Tecate, Cuitláhuac Duarte Sígala, quien señaló que las empresas mexicanas ya no pueden limitarse a reaccionar ante las decisiones de Washington.
Desde la entrada en vigor del acuerdo en 2020, las compañías mexicanas han aprovechado las reglas de origen y los aranceles preferenciales para consolidar cadenas de suministro con el mercado estadounidense. Sin embargo, la dinámica actual indica que Estados Unidos busca obtener mayores beneficios del intercambio comercial mediante la inclusión de nuevos temas en cada ciclo de revisión.

Presiones crecientes sobre las condiciones actuales
Duarte Sígala explicó que la incertidumbre no radica en la periodicidad de las revisiones, sino en la incorporación constante de nuevos compromisos que podrían traducirse en exigencias adicionales para México. “No es una revisión cada año; es que cada año va a haber nuevas cosas que introducir”, precisó. Esta interpretación coincide con reportes recientes que indican la intención estadounidense de convertir las revisiones en un mecanismo más frecuente y flexible.
El planteamiento estadounidense apunta a modificar las condiciones bajo las cuales opera actualmente el tratado. Según el líder empresarial, Washington busca mecanismos que le permitan capturar una porción mayor de las utilidades generadas por el comercio regional. Esta postura refleja tensiones estructurales que ya se manifestaron durante la renegociación de 2018-2019 y que ahora podrían intensificarse.
Necesidad de coordinación sin reservas
El presidente de la Aaatyt insistió en que el sector privado debe identificar con anticipación los asuntos que Estados Unidos podría colocar sobre la mesa en cada etapa. Esa información, compartida de manera transparente con las autoridades mexicanas, permitiría construir una posición negociadora más sólida. “Nosotros tenemos que tener la habilidad de anticiparnos cuáles van a ser esos temas que cada año los van a poner en la cartelera”, afirmó.
La coordinación entre empresarios y gobierno, según Duarte Sígala, debe realizarse sin reservas y con una agenda clara sobre las necesidades del sector productivo. De lo contrario, México continuaría participando en las negociaciones sin atender todos los factores que inciden en su competitividad. Esta observación apunta a una debilidad histórica: la falta de mecanismos institucionalizados que permitan al sector privado influir de forma sistemática en la posición oficial del país.
Implicaciones para la región fronteriza
En Tijuana y Tecate, donde miles de empresas operan bajo esquemas de exportación temporal y maquiladora, cualquier modificación en reglas de origen, contenido regional o procedimientos aduaneros puede alterar significativamente los costos operativos. Los agentes aduanales observan de cerca cómo evoluciona el debate en Washington, conscientes de que las decisiones adoptadas a nivel federal repercuten directamente en los tiempos de despacho y en la viabilidad de ciertos proyectos de inversión.
La experiencia acumulada desde 2020 muestra que las empresas mexicanas lograron adaptarse a las nuevas disposiciones laborales y de contenido regional. No obstante, la posibilidad de que cada revisión anual introduzca temas adicionales genera un escenario de planeación más complejo, donde las decisiones de inversión deben contemplar escenarios de mayor exigencia regulatoria.
Balance entre riesgos y oportunidades
Aunque las declaraciones del representante empresarial destacan los riesgos de mayores exigencias, también subyace el reconocimiento de que el TMEC sigue ofreciendo un marco preferencial frente a otros socios comerciales. El desafío consiste en preservar los beneficios ya obtenidos mientras se negocia la incorporación de nuevos compromisos. Una estrategia proactiva permitiría a México no solo defender posiciones, sino también proponer temas que fortalezcan su competitividad, como mayor certidumbre en los flujos de inversión y simplificación de procedimientos fronterizos.
El llamado de Duarte Sígala refleja una preocupación compartida por diversos sectores productivos del norte del país: la necesidad de pasar de una postura reactiva a una capacidad de anticipación institucional que proteja los intereses de largo plazo de la economía mexicana en su relación comercial más importante.
