El empleo no agrícola en Estados Unidos sumó apenas 57.000 puestos en junio, muy por debajo de los 110.000 previstos. Las revisiones a la baja de abril y mayo restaron otros 74.000 empleos, confirmando una desaceleración más pronunciada de lo esperado. Aunque la tasa de desempleo bajó al 4,2 %, este descenso se explica por la salida de 720.000 personas de la fuerza laboral, lo que redujo la participación a su nivel más bajo en cinco años.

El sector de ocio y hostelería destruyó 61.000 plazas, la mayor caída desde la pandemia. Los analistas vinculan esta debilidad al efecto retardado del conflicto en Medio Oriente, que elevó los precios de la gasolina y redujo el consumo fuera del hogar. El mercado laboral muestra ahora un patrón de baja contratación y baja rotación, sin señales de sobrecalentamiento ni de colapso.
Reacción de los mercados
Los inversores redujeron inmediatamente la probabilidad de un alza de tasas en septiembre al 60 %. Los rendimientos de los bonos del Tesoro cayeron y el dólar se debilitó, reflejando expectativas de que la Reserva Federal mantendrá su enfoque en la inflación pese a la menor creación de empleo. Economistas como Stephen Stanley consideran que esta reacción fue excesiva y que el mercado laboral sigue en equilibrio.
El informe refuerza la idea de que los efectos de la inflación energética tardan en transmitirse al empleo. Con un promedio de 111.000 nuevos puestos en el segundo trimestre, aún superior al ritmo del año anterior, la Fed probablemente mantendrá su cautela y evitará movimientos prematuros hasta contar con más datos de precios y actividad.
