El Volcán de Fuego detiene su erupción

La erupción del Volcán de Fuego, en Guatemala, finalizó después de aproximadamente 50 horas de actividad y permitió a las autoridades autorizar el regreso de más de mil 700 personas evacuadas de comunidades ubicadas en las faldas del macizo. El anuncio se produjo este miércoles, luego de que los expertos registraran una disminución visible de la actividad, aunque advirtieron que todavía existen riesgos asociados al descenso de material volcánico y a la dispersión de ceniza.

La actividad disminuyó tras una noche intensa

El proceso eruptivo comenzó temprano el lunes y se intensificó durante la noche con expulsiones de lava, gases y grandes columnas de ceniza. El Volcán de Fuego, considerado el más activo de Centroamérica, se encuentra a unos 35 kilómetros de la capital guatemalteca y alcanza una altura de 3.763 metros.

“Tras acumular 50 horas desde su inicio, la erupción ha finalizado”, señaló el Instituto Nacional de Vulcanología en su informe más reciente. La institución, sin embargo, precisó que el fin de la fase eruptiva no implica la desaparición inmediata de las amenazas. Las avalanchas de material volcánico pueden continuar descendiendo por las laderas, mientras que las partículas de ceniza pueden desplazarse hacia otras zonas, dependiendo de la dirección del viento.

Por ese motivo, el instituto pidió mantener precauciones para el tráfico aéreo. La presencia de ceniza en las rutas de vuelo puede afectar la visibilidad y comprometer el funcionamiento de los motores, por lo que la evolución de la nube volcánica seguirá siendo vigilada aunque ya no se observen los niveles de actividad registrados durante el episodio principal.

Autorizan el retorno, pero persisten advertencias

Claudinne Ogaldes, jefa de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, afirmó en conferencia de prensa que el retorno de los habitantes ya era “seguro” debido a la disminución de la actividad. Las autoridades habían declarado el martes la alerta máxima en tres departamentos cercanos al volcán, una medida adoptada ante el incremento de las explosiones, la emisión de lava y la posibilidad de flujos descendentes.

El regreso no comenzó únicamente después de la autorización oficial. Según los organismos de protección civil, varias familias abandonaron voluntariamente los albergues antes de que se anunciara el levantamiento de la evacuación. En el centro de Alotenango, un salón habilitado como refugio quedó vacío este miércoles después de que más de 360 personas procedentes de dos aldeas vecinas decidieran regresar a sus viviendas, informó un funcionario municipal.

Desde Escuintla, ciudad del sur del país a la que fueron trasladados residentes de comunidades asentadas en las faldas del volcán, un periodista de AFP observó leves expulsiones de gases y ceniza. La señal confirma que el sistema volcánico no ha quedado completamente inactivo, por lo que el retorno representa una fase de vigilancia y normalización gradual, no el cierre definitivo de la emergencia.

Sin víctimas ni daños estructurales reportados

Hasta el momento, las autoridades no han informado de víctimas ni de daños en estructuras. La evacuación preventiva permitió reducir la exposición de los pobladores durante el periodo de mayor intensidad, especialmente en las aldeas situadas en las zonas de mayor riesgo. La prioridad ahora es garantizar que el retorno no exponga a las familias a avalanchas, caída de ceniza o nuevos cambios en el comportamiento del volcán.

El episodio vuelve a poner de manifiesto la compleja relación entre las comunidades y un volcán que forma parte de su vida cotidiana. La actividad frecuente ha llevado a algunos habitantes a interpretar sus señales como fenómenos habituales, pero esa familiaridad convive con el recuerdo de episodios capaces de cambiar rápidamente de escala.

Una convivencia marcada por la tragedia de 2018

Bernabé Marroquín, campesino de 61 años, dijo a AFP mientras trabajaba en sus cultivos en el municipio de San Juan Alotenango que para los pobladores “ya es costumbre que el volcán se activa y se desactiva”. Según explicó, quienes viven en la zona creen reconocer cuándo el coloso está tranquilo y cuándo aumenta su peligrosidad. Su casa no ha sido afectada por las erupciones, una experiencia que influye en su decisión de permanecer cerca de las laderas.

Otros residentes mantienen una postura más cautelosa. Isabel Pérez, de 69 años, habitante del caserío El Porvenir y refugiada en Alotenango durante la emergencia, expresó temor por vivir al pie del volcán y pidió a las autoridades facilitar un lugar seguro para reasentar a su familia. Su demanda refleja una dificultad que trasciende esta erupción: para muchos pobladores, regresar a casa significa también volver a una exposición permanente.

El antecedente más doloroso ocurrió el 3 de junio de 2018, cuando una avalancha provocada por una erupción arrasó una comunidad y dejó 215 muertos y una cifra similar de desaparecidos. La tragedia mantiene abierta la discusión sobre la ubicación de los asentamientos, la capacidad de evacuación y la necesidad de contar con rutas y refugios que permitan reaccionar antes de que los flujos volcánicos alcancen las zonas habitadas.

Actividad recurrente en uno de los volcanes activos

El Volcán de Fuego es uno de los tres volcanes activos de Guatemala, junto con el Pacaya y el Santiaguito. Sus fases eruptivas más recientes se registraron en febrero de este año y en junio de 2025; esta última obligó a evacuar a unas 800 personas. La actividad histórica también ha tenido alcance regional: en 1932, una erupción lanzó ceniza hasta El Salvador, situado a 125 kilómetros, y Honduras, a 175 kilómetros.

La finalización de la erupción permite desactivar la fase más urgente de la respuesta, pero no elimina la necesidad de monitoreo constante. Para las autoridades, el reto inmediato consiste en equilibrar el derecho de los habitantes a regresar con la obligación de mantenerlos informados y preparados ante una eventual reactivación. La experiencia reciente demuestra que la convivencia con el volcán exige no solo acostumbrarse a sus señales, sino disponer de decisiones rápidas, información precisa y alternativas seguras para quienes viven en sus alrededores.

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