La señal de la Fed alivió a Wall Street, pero no a la Argentina
La jornada financiera internacional dejó una señal de alivio para los mercados globales, aunque ese impulso no alcanzó a los activos argentinos. El gobierno de Estados Unidos duplicó el volumen de sus operaciones de recompra de bonos del Tesoro de largo plazo, una medida orientada a frenar el salto de las tasas en el tramo más extenso de la curva. La decisión fue bien recibida por los inversores, detuvo la caída inicial de los principales índices de Wall Street y ayudó a moderar los rendimientos de los bonos a 10 y 30 años.
El movimiento tuvo un efecto inmediato en los activos de riesgo: el oro avanzó 4% y volvió a ubicarse en torno de los USD 4.500, mientras que Bitcoin trepó más de 6% y superó los USD 69.000, niveles que no registraba desde comienzos de junio. Ese cambio de humor, sin embargo, no se trasladó a la plaza local. Acciones y bonos argentinos se mantuvieron en baja durante toda la rueda, sin encontrar apoyo en el mejor tono externo.

Los bonos locales siguen bajo presión
La consecuencia más visible fue una nueva suba del riesgo país, que volvió a ubicarse por encima de los 500 puntos básicos y cerró en 517. En paralelo, los bonos soberanos en dólares pasaron a rendir cerca de 10% anual en promedio, con mayor castigo en los vencimientos más largos. El mercado está señalando que, por ahora, esas tasas no alcanzan para compensar la incertidumbre política que domina el horizonte de inversión.
La preocupación central no pasa únicamente por la distancia electoral, todavía de más de un año, sino por la pérdida de apoyo que muestra el Gobierno en las encuestas recientes. Con una aprobación cercana al 35%, Javier Milei enfrenta dudas crecientes sobre su capacidad de llegar fortalecido a la próxima contienda presidencial. Ese deterioro en la percepción política afecta con más fuerza a los bonos en dólares, donde el precio de la deuda depende no solo de la macroeconomía sino también de la probabilidad de continuidad del programa oficial.
El impacto también alcanzó a los instrumentos emitidos recientemente por el propio Tesoro en el mercado local. Los Bonar 28 y Bonar 29 registraron caídas, y los bonos en pesos acompañaron la presión vendedora. Dentro de ese universo, los duales fueron los más golpeados, con tasas que ya llegan a 10% anual por encima de la TAMAR, el rendimiento de referencia para depósitos mayoristas. El mensaje del mercado es consistente: la cobertura posterior a las elecciones se volvió más cara y más buscada.
Acciones y deuda en pesos también retroceden
Las acciones no ofrecieron una señal distinta. Persistieron las bajas en los ADR bancarios, que acumulan en agosto un rojo cercano a 15% medido en dólares. En la Bolsa porteña, el Merval cedió 0,59%, una caída moderada en comparación con la tensión que mostraron los títulos públicos, pero suficiente para confirmar que el rebote sigue sin aparecer. El comportamiento conjunto de acciones y bonos sugiere una misma lectura: la mejora del contexto externo no alcanza para revertir la cautela sobre la economía argentina.
El cuadro también expone un problema de fondo. Mientras el consumo interno y los salarios no muestren una recuperación más nítida, será difícil que mejore la imagen del Gobierno y, por extensión, que se despeje el componente político del riesgo argentino. En ese marco, la reacción favorable de los mercados internacionales opera apenas como un alivio transitorio. La deuda local sigue sin capturar ese viento de cola porque el mercado exige, antes que nada, señales más firmes de estabilidad política y capacidad de acumulación de apoyo.
Qué anunció Washington
Según el anuncio, la recompra de bonos pasará de USD 2.000 millones a USD 4.000 millones por operación entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre. La medida se concentrará en títulos nominales con vencimientos de entre 10 y 30 años. El objetivo es mejorar la liquidez y reducir la presión en el extremo largo de la curva, donde el aumento de la oferta de deuda, las expectativas de inflación y las dudas sobre la demanda habían empujado una prima de riesgo cada vez más elevada.
La respuesta de los mercados fue inmediata. El rendimiento del Treasury a 30 años, que había tocado 5,284%, retrocedió a la zona de 5,18%-5,21%, mientras que el bono a 10 años bajó hacia 4,64%. Las acciones estadounidenses también cerraron con avances moderados. Fue una jornada de alivio para los activos financieros globales; para la Argentina, en cambio, volvió a quedar en evidencia que el problema principal no está en el clima externo, sino en la confianza doméstica que todavía no termina de recomponerse.
