La investigación contra Melanie Bell Ramírez, hija de Gilbert Bell Fernández, conocido como “Macho Coca”, plantea una pregunta que va más allá de la lista de propiedades y vehículos decomisados o examinados por las autoridades costarricenses: ¿cómo se acredita, en una economía predominantemente informal, que una acumulación patrimonial es legítima? El Ministerio Público analiza compras superiores a ₡100 millones, equivalentes a unos USD 187.000, mientras Bell sostiene que las financió con ahorros y con los ingresos de una tienda de ropa. La diferencia entre ambas versiones constituye el núcleo financiero del expediente, pero también expone las dificultades de perseguir el lavado de dinero sin convertir la informalidad comercial en una presunción automática de delito.
La brecha entre lo declarado y lo adquirido
Según la información incorporada al expediente y divulgada por CR Hoy, Bell habría adquirido entre 2022 y 2025 inmuebles, vehículos, motocicletas y otros activos por montos que, a juicio de la Fiscalía, no guardan una relación evidente con sus ingresos formalmente identificados. El dato más concreto es su historial ante la Caja Costarricense de Seguro Social: únicamente aparecen 11 cuotas, con la última cotización registrada en enero de 2024, cuando figuró como trabajadora independiente con un ingreso de ₡340.302, alrededor de USD 635.
Ese registro no equivale necesariamente a sus ingresos reales. Una persona dedicada al comercio por cuenta propia puede declarar ante la seguridad social una base inferior a sus ventas, carecer de patrono y operar parcialmente en efectivo. Sin embargo, la Fiscalía no examina el dato de la CCSS de manera aislada. Lo contrasta con el valor, la fecha, la forma de pago y la titularidad de los bienes. La hipótesis acusatoria surge precisamente de esa comparación: incluso aceptando que una tienda de ropa produzca ingresos superiores a los reportados, la capacidad de ahorro necesaria para pagar activos de alto valor en plazos relativamente cortos requeriría documentación contable, bancaria y tributaria consistente.
Entre las operaciones bajo revisión aparece un inmueble ubicado en Limón, comprado de contado en marzo de 2025. También figura una Toyota Fortuner SRV modelo 2025, inscrita en abril de ese año y valorada en ₡36,8 millones, cerca de USD 68.700. La escritura señala que el pago se realizó mediante depósitos bancarios y efectivo, con origen declarado en ahorros y recursos propios de Bell. El expediente incorpora además a Corporación Luna del Atlántico S. A., presidida por ella, como propietaria de una motocicleta Yamaha adquirida de contado por ₡9,8 millones y de un Toyota Hilux cuyo precio superó los ₡18 millones antes de ser donado a la sociedad.

El comercio informal no explica todo, pero tampoco prueba un delito
Bell declaró ante la Fiscalía que es comerciante independiente y que sus ingresos proceden de Luna by Mel, una tienda ubicada junto a su vivienda en barrio Los Cocos, Limón. Describió una actividad concentrada en ropa para mujer, zapatos y artículos de belleza, con mercancía importada de plataformas como Fashion Nova y Shein. Estimó sus ingresos mensuales entre ₡1,5 millones y ₡2 millones, aunque afirmó no contar actualmente con seguro y mantener atrasos en pagos voluntarios ante la CCSS.
La primera conclusión razonable es que existe una diferencia entre ingresos formales registrados e ingresos comerciales declarados. La segunda, más importante, es que esa diferencia necesita ser cuantificada. No basta con comparar una cotización de ₡340.302 con una camioneta de ₡36,8 millones para establecer el origen ilícito del dinero. Tampoco basta con invocar ventas de ropa para justificar automáticamente compras millonarias. La evidencia decisiva debería encontrarse en facturas de importación, movimientos de cuentas, registros de proveedores, márgenes de ganancia, inventarios, declaraciones tributarias, pagos a plataformas y trazabilidad del efectivo.
Este punto tiene una consecuencia práctica para miles de pequeños comerciantes costarricenses. Si la investigación convierte la baja cotización ante la CCSS en un indicador concluyente de lavado, podría afectar a trabajadores independientes cuyos ingresos son variables y cuya protección social es irregular. Pero si las autoridades aceptan sin verificación la explicación de “ahorros personales”, se abriría una vía sencilla para introducir capital de origen desconocido mediante negocios con alta rotación de efectivo. La discusión, por tanto, no debería formularse como una oposición entre comercio informal y persecución penal, sino como un problema de trazabilidad financiera y proporcionalidad probatoria.
La hipótesis fiscal se apoya en una estructura, no en una compra aislada
El caso patrimonial de Bell se desarrolla dentro de la investigación denominada Leviatán, relacionada con una estructura que, según la tesis del Ministerio Público, habría contaminado contenedores desde APM Terminals y utilizado empresas y bienes para introducir en la economía formal recursos presuntamente vinculados con el narcotráfico. La Fiscalía Adjunta Especializada en Delincuencia Organizada ubica a Bell y a su pareja, Joseph Casanova Duartes, entre los posibles líderes operativos. A ellos se les atribuirían funciones de coordinación, obtención de cocaína, administración de recursos y supuesto lavado de ganancias.
La relevancia de esta conexión es doble. En primer lugar, la Fiscalía no parece valorar únicamente si Bell podía comprar una Fortuner o una motocicleta, sino si esos activos encajan en una red de personas jurídicas, relaciones personales y movimientos de dinero. En segundo lugar, la titularidad empresarial introduce una capa adicional: un bien a nombre de una sociedad puede dificultar la identificación del beneficiario económico real, aunque el registro mercantil sea formalmente correcto.
La primera perspectiva original que deja el caso es que el riesgo no reside necesariamente en el negocio de ropa como tal, sino en la velocidad con que un activo de origen discutido pasa a formar parte de una estructura aparentemente legal. Una empresa, un vehículo o una donación pueden tener una función económica legítima, pero también pueden servir para separar el dinero de su supuesto origen y otorgarle una historia documental. La secuencia de adquisición, transferencia y uso del bien puede ser más reveladora que el nombre del titular registral.
La segunda es que las compras de contado adquieren un valor probatorio especial en contextos de ingresos difíciles de verificar. Pagar en efectivo o mediante depósitos puede ser compatible con una actividad comercial, pero reduce la capacidad de reconstruir quién generó originalmente los fondos. Cuando además las compras se concentran en un periodo corto, superan ampliamente la capacidad de ahorro estimada y se vinculan con una persona investigada por delitos graves, el análisis deja de ser contable en sentido estrecho y pasa a ser relacional: importa quién aporta el dinero, quién disfruta el activo, quién lo administra y qué ocurre después con él.
Defensa, Fiscalía y el límite de la presunción
Bell rechazó los cargos y decidió no declarar sobre los hechos investigados, aunque dejó abierta la posibilidad de hacerlo más adelante. Relató que fue detenida cuando se presentó voluntariamente ante la Corte y que oficiales la arrestaron en la entrada. Su defensa anunció la presentación de pruebas y solicitó una evaluación técnica especializada para demostrar la magnitud de sus ingresos. Esa petición será determinante si logra reconstruir de manera verificable la actividad de Luna by Mel durante los años en que se realizaron las adquisiciones.
Desde la perspectiva de la defensa, la ausencia de cotizaciones regulares no descarta ventas en efectivo ni ganancias acumuladas. La tienda puede haber tenido temporadas de alta demanda, ventas por redes sociales, clientela fuera de Limón o mercancía comprada a costos inferiores a los precios finales. También sería relevante establecer si los vehículos fueron adquiridos con financiamiento parcial, aportes familiares, préstamos privados o capital generado antes del periodo examinado. Cada una de esas explicaciones exige respaldo, pero no puede descartarse únicamente porque no aparezca en la base de la CCSS.
La Fiscalía, por su parte, enfrenta la obligación de demostrar algo más que una desproporción patrimonial. En una causa por legitimación de capitales, el valor de los activos puede ser un indicio relevante, pero el caso necesita una cadena lógica que conecte el bien con una actividad ilícita concreta o con operaciones destinadas a ocultar su procedencia. La condición familiar de Bell, incluida su relación con “Macho Coca”, puede explicar el interés investigativo, pero no sustituye la prueba individualizada sobre su conducta y sus decisiones financieras.
La controversia también toca un asunto sensible: la exposición pública de personas vinculadas a investigaciones aún en curso. La publicación de datos sobre vehículos, empresas y montos puede favorecer la transparencia, especialmente cuando se trata de una pesquisa contra una presunta estructura de narcotráfico. A la vez, una cobertura que presente hipótesis fiscales como hechos comprobados puede afectar la reputación y la presunción de inocencia. La precisión verbal no es un detalle editorial; forma parte de la calidad de la información y de la legitimidad del proceso.
Limón y APM Terminals ante una presión creciente
El caso tiene efectos que trascienden a los investigados. Limón combina actividad portuaria, comercio local, transporte y una economía con altos niveles de informalidad. Una operación contra redes que presuntamente contaminan contenedores puede aumentar los controles sobre empresas de logística, agentes aduanales, transportistas, bodegas y proveedores vinculados con mercancías de alto movimiento. Es una respuesta necesaria si existen fallas de seguridad, pero también puede elevar costos, retrasar despachos y someter a pequeños operadores a exigencias que antes se aplicaban de manera desigual.
Para APM Terminals y el ecosistema portuario costarricense, la investigación representa un riesgo reputacional y operativo. La contaminación de contenedores no requiere necesariamente que toda una empresa esté involucrada: puede producirse mediante infiltración de personal, corrupción puntual, vulnerabilidades en patios o accesos ilegales a la cadena logística. Aun así, cada caso alimenta la percepción internacional de que un puerto es un punto débil. Las consecuencias pueden incluir auditorías de clientes, mayores primas de seguro, revisión de rutas y presión de socios comerciales extranjeros.
La tercera lectura original es que el combate al lavado se está desplazando desde la incautación de drogas hacia la arquitectura patrimonial que permite sostener las operaciones. Esa evolución puede ser más eficaz a largo plazo, porque golpea vehículos, sociedades y capacidad financiera. Su riesgo es que la expansión del control patrimonial produzca falsos positivos si no se diferencia entre crecimiento comercial legítimo, evasión tributaria, incumplimientos de seguridad social y lavado de activos. Son problemas distintos, aunque ocasionalmente se superpongan.
Qué puede cambiar después del expediente
En los próximos meses, la investigación probablemente se concentrará en tres frentes: la reconstrucción de los flujos bancarios y de efectivo, la relación económica entre Bell, Casanova y Corporación Luna del Atlántico S. A., y la verificación real de la capacidad productiva de Luna by Mel. También podrían adquirir importancia los proveedores internacionales, los documentos de importación, las declaraciones de aduana y cualquier diferencia entre mercancía comprada y ventas reportadas. Una pericia financiera sólida tendrá que explicar no solo cuánto dinero entró, sino cuánto pudo quedar disponible después de gastos, impuestos, inventario y obligaciones familiares.
Para el sector financiero y comercial, el precedente puede traducirse en una revisión más estricta de compras de vehículos de alta gama, pagos en efectivo, donaciones de activos a sociedades y operaciones inmobiliarias de contado. Los concesionarios, notarios, bancos y registros públicos podrían enfrentar mayores exigencias para identificar al beneficiario final y documentar el origen de los fondos. La eficacia de esas medidas dependerá de que sean consistentes y basadas en riesgo, no de controles indiscriminados que castiguen a quien opera en efectivo por falta de acceso a servicios financieros.
El riesgo más inmediato para la defensa es que la falta de documentación histórica vuelva imposible reconstruir ingresos que, aunque reales, fueron manejados fuera del sistema formal. Para la Fiscalía, el peligro es contrario: sostener una imputación sobre inferencias amplias y no sobre vínculos financieros verificables. Para los comerciantes de Limón, existe un tercer riesgo: que la asociación entre negocios locales, familiares de personas investigadas y activos de alto valor genere una sospecha colectiva capaz de dañar actividades legítimas.
El desenlace dependerá de si el expediente consigue convertir una aparente incongruencia patrimonial en una explicación probada sobre el origen y el destino de los recursos. La compra de una propiedad, una camioneta o una motocicleta no determina por sí sola la responsabilidad penal de nadie. Lo que sí revela el caso es la necesidad de combinar control tributario, inclusión financiera, supervisión portuaria y persecución especializada. Sin esa combinación, la economía informal seguirá siendo vulnerable tanto a la infiltración del dinero ilícito como a investigaciones que confundan ausencia de registros con evidencia definitiva de criminalidad.
