La Bolsa española cerró este jueves con una caída del 0,18 %, hasta 19.811 puntos, y encadenó su séptima sesión consecutiva en negativo. El retroceso fue moderado, pero confirma un cambio de ánimo en un mercado que sigue acumulando una revalorización anual del 14,46 % y que ahora afronta un entorno geopolítico más incierto.

Petróleo y tensión exterior
El IBEX 35 abrió con avances, aunque terminó cediendo ante el tono negativo de Wall Street y el alza del petróleo. El barril de Brent superó los 93 dólares después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con una amplia ofensiva económica contra Irán. La reacción ilustra la sensibilidad de los mercados a cualquier escalada en Oriente Medio: el crudo puede reforzar a las empresas energéticas, pero también eleva los costes de producción, presiona la inflación y complica las expectativas sobre los tipos de interés.
Repsol fue el principal beneficiado de ese movimiento, con una subida del 2,66 %, mientras Iberdrola avanzó un 0,35 %. En sentido contrario, Inditex perdió el 1,2 %; Telefónica, el 0,81 %; Santander, el 0,6 %; y BBVA, el 0,45 %. La divergencia entre Repsol y la banca refleja un mercado más defensivo: los inversores premian la exposición inmediata al encarecimiento energético y reducen posiciones en sectores dependientes del crecimiento o de unas condiciones financieras estables.
La conservación de los 19.800 puntos evita, por ahora, una señal técnica más deteriorada. Sin embargo, la continuidad de las caídas sugiere que el mercado no interpreta el repunte del petróleo como una oportunidad aislada, sino como un riesgo para la actividad económica europea. La evolución del conflicto con Irán y la respuesta de Wall Street marcarán si el ajuste se limita a una toma de beneficios tras las fuertes ganancias del año o deriva en una corrección más profunda.
