El gobierno de Javier Milei oficializó este viernes una flexibilización del crédito en dólares para empresas no generadoras de divisas, una medida que el Ministerio de Economía venía anticipando y que busca, según la propia administración, reactivar la actividad y ampliar el flujo de moneda extranjera hacia el sistema productivo. La decisión quedó plasmada en el DNU 736/2026, publicado en el Boletín Oficial, y modifica el artículo 23 del Decreto 905/02, una norma que hasta ahora acotaba el acceso a este tipo de financiamiento.
El cambio normativo habilita la constitución de depósitos en moneda extranjera en cuentas a la vista y a plazo, y establece que esos fondos podrán destinarse exclusivamente a financiar a prestatarios con ingresos habituales, directos o indirectos, provenientes de operaciones de comercio exterior y actividades vinculadas. También autoriza el otorgamiento de financiamientos a otras personas jurídicas, bajo la reglamentación que dicte el Banco Central de la República Argentina. En los hechos, el Ejecutivo intenta ampliar el circuito de crédito en dólares sin desarmar por completo las restricciones prudenciales sobre el uso de esos recursos.

La medida llega en un contexto en el que el equipo económico intenta generar señales de normalización financiera y, al mismo tiempo, evitar que la expansión del crédito en moneda dura se traduzca en un aumento de riesgos sistémicos. La distinción entre empresas ligadas al comercio exterior y compañías sin generación propia de divisas no es menor: para el Gobierno, el financiamiento en dólares debe apoyarse en flujos que respalden la devolución de esos préstamos, una condición que busca reducir el descalce cambiario que históricamente complicó a bancos y deudores en la economía argentina.
Un giro dentro de una restricción histórica
El Decreto 905/02 había funcionado durante más de dos décadas como marco de referencia para el crédito en moneda extranjera, en un país donde la volatilidad cambiaria volvió recurrente la discusión sobre quién puede endeudarse en dólares y con qué respaldo. La modificación oficializada ahora no elimina ese principio de cautela, pero sí amplía el universo de operaciones posibles y abre una ventana para que empresas con cierta capacidad de generación de divisas accedan a condiciones de financiamiento más alineadas con sus ingresos.
Desde la óptica oficial, la iniciativa apunta a destrabar una parte del crédito corporativo y a canalizar ahorro en dólares hacia sectores que puedan usarlo productivamente. Para el Gobierno, ese mecanismo puede contribuir a una mayor oferta de financiamiento y, en paralelo, a reforzar la disponibilidad de divisas en una economía que sigue condicionada por la escasez de reservas y por la fragilidad de la confianza financiera. La clave estará en la reglamentación del Banco Central, que deberá fijar límites operativos y criterios de elegibilidad para evitar un uso desordenado del instrumento.
Los límites de la apertura
La flexibilización también expone una tensión central de la estrategia económica oficial: impulsar la actividad sin reintroducir desequilibrios que puedan volver a presionar sobre el sistema bancario o sobre el tipo de cambio. El crédito en dólares suele ser más accesible y, en algunos casos, más barato para empresas con ingresos externos, pero resulta riesgoso cuando se extiende a firmas sin cobertura cambiaria suficiente. Por eso, el alcance práctico del DNU dependerá tanto de la letra fina del Banco Central como de la respuesta de bancos y empresas ante un esquema que todavía deberá demostrar su efectividad.
Por ahora, la Casa Rosada apuesta a que la nueva norma funcione como una señal política y financiera: mostrar que el Gobierno busca reactivar la economía con instrumentos de mercado, pero dentro de un marco regulatorio que preserve cierto orden. El alcance real de esa estrategia se medirá en las próximas semanas, cuando la reglamentación y la reacción del sector privado definan si la flexibilización se traduce en más crédito efectivo o queda, por el momento, como una apertura acotada en un sistema que todavía opera con fuerte prudencia frente al dólar.
