Ciudad de México, 6 de septiembre de 2026. El dinero en efectivo continúa siendo el medio de pago habitual para la mayoría de los adultos en México, incluso en un contexto de alta conectividad, expansión de la banca formal y disponibilidad de teléfonos inteligentes. Un estudio elaborado por México Evalúa y publicado por El Universal señala que 95% de los consumidores prefiere utilizar billetes y monedas para sus gastos cotidianos, una proporción que mantiene al país por debajo del promedio de América Latina y el Caribe en adopción de pagos digitales.
El informe, titulado Digitalizar para crecer. El reto de transformar los pagos en México, identifica una brecha entre la infraestructura disponible y el comportamiento real de los usuarios. Aunque una parte amplia de la población tiene acceso a internet y a servicios financieros, las transacciones con efectivo siguen concentrando la actividad diaria en pequeños comercios, mercados, transporte público y puestos ambulantes.
La preferencia se mantiene incluso en compras de mayor valor
La utilización de efectivo no se limita a operaciones de bajo monto. De acuerdo con las cifras difundidas por la organización, 85% de las personas recurre a este medio para compras inferiores a 500 pesos, mientras que 74% también lo utiliza cuando el gasto supera esa cantidad. El dato sugiere que el valor de la operación no es suficiente, por sí mismo, para impulsar un cambio hacia tarjetas, transferencias o códigos QR.
La continuidad de este patrón resulta significativa porque ocurre en un país donde las condiciones técnicas para pagar de manera electrónica se han ampliado. El estudio reporta que 86% de la población es usuaria de internet y que 97% de los internautas se conecta mediante un teléfono inteligente. Además, 77% de los adultos posee al menos un producto financiero formal. Sin embargo, la tenencia de un dispositivo o de una cuenta no se traduce automáticamente en el uso frecuente de herramientas digitales para pagar.

Rapidez, costumbre y percepción de seguridad
México Evalúa atribuye la resistencia al cambio principalmente a hábitos arraigados y a la manera en que los consumidores valoran la practicidad de cada método. El 95% de los encuestados declaró estar plenamente acostumbrado al efectivo, mientras que 52% considera que pagar con billetes es más rápido y práctico. Para estos usuarios, la operación no requiere depender de una conexión, de la batería del teléfono o de la aceptación de una terminal.
La seguridad también influye, aunque con un peso menor que la costumbre. El 13% de los participantes percibe el efectivo como más seguro frente a los medios digitales. Esta percepción puede relacionarse con el temor a fraudes, cargos no reconocidos o robo de información, riesgos que no desaparecen por el simple hecho de que exista una aplicación bancaria o un sistema de cobro electrónico.
El resultado plantea un desafío para las instituciones financieras y las autoridades: la digitalización no depende únicamente de instalar infraestructura, sino de generar confianza y resolver problemas concretos durante la compra. Cuando una alternativa digital es percibida como lenta, costosa o vulnerable, la disponibilidad tecnológica pierde capacidad para modificar la conducta.
Los comercios pequeños enfrentan otra barrera
La oferta de medios de pago también condiciona las decisiones de los consumidores. El reporte indica que ocho de cada diez establecimientos aceptan efectivo. Entre los negocios que no cuentan con opciones de cobro electrónico, 29% sostiene que no ha instalado terminales ni habilitado pagos mediante código QR porque sus propios clientes no los solicitan.
Esta situación puede producir un círculo difícil de romper. Los consumidores no utilizan pagos digitales cuando los comercios no los ofrecen, y los comercios pequeños pueden considerar innecesario asumir los costos de una terminal o de una plataforma si la mayoría de sus compradores continúa pagando en efectivo. En ese proceso, la informalidad, la falta de capacitación y las comisiones asociadas a algunos servicios pueden limitar la incorporación de nuevas herramientas.
La concentración del efectivo en unidades económicas pequeñas también tiene efectos más amplios. Las operaciones no registradas digitalmente dejan menos información para construir historiales financieros, dificultan el acceso al crédito y reducen las posibilidades de que los negocios demuestren ingresos ante instituciones formales. No obstante, la transición tampoco puede plantearse como una sustitución inmediata: para numerosos comercios y consumidores, el efectivo sigue siendo el medio más accesible y universalmente aceptado.
Una transición basada en incentivos y confianza
México Evalúa plantea que el objetivo no debe ser eliminar de manera forzada el dinero en efectivo, sino ampliar las alternativas digitales para que su adopción sea voluntaria, segura y conveniente. La organización propone reducir los costos operativos que enfrentan los pequeños negocios, crear plataformas interoperables y sencillas, reforzar la ciberseguridad, extender la conectividad y establecer incentivos claros para comerciantes y usuarios.
La interoperabilidad resulta especialmente relevante porque permite que distintas cuentas, bancos y plataformas puedan realizar operaciones sin que el usuario deba conocer múltiples sistemas. Al mismo tiempo, la reducción de comisiones y la transparencia en los cobros serían determinantes para que los pequeños establecimientos encuentren un beneficio económico concreto en la digitalización.
El estudio no presenta la preferencia por el efectivo como una anomalía que pueda corregirse únicamente mediante campañas de modernización. Sus datos muestran que el reto combina factores culturales, económicos, tecnológicos y de confianza. Mientras las autoridades y el sector privado no logren que pagar digitalmente sea tan sencillo, rápido y aceptado como entregar billetes, la conectividad por sí sola no modificará el lugar central que ocupa el efectivo en la economía cotidiana de México.
