El Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó este miércoles una Línea de Crédito Flexible (LCF) de dos años para Chile por 11.800 millones de dólares. El acuerdo, concebido como una medida de precaución, equivale al 500 % de la cuota chilena en el organismo y contempla una reducción gradual del acceso en función de la evolución de los riesgos externos.

La aprobación fue adoptada por el Directorio Ejecutivo del FMI y no supone necesariamente que Chile vaya a recibir de inmediato esos recursos. La línea funciona como un mecanismo de financiamiento disponible para los países beneficiarios cuando enfrentan amenazas externas, como crisis económicas o financieras. Chile puede utilizarla en cualquier momento y por la cantidad que considere necesaria, de acuerdo con las condiciones previstas para este instrumento.
El anuncio se produjo en un contexto de moderación de la actividad económica chilena. Según explicó en un comunicado Kenji Okamura, subdirector gerente y presidente interino del FMI, el crecimiento del país se ha desacelerado debido, entre otros factores, a una ralentización temporal de la actividad minera. Esa evolución fue parcialmente compensada por el aumento de los precios del cobre, uno de los principales productos de exportación de Chile.
Okamura añadió que la guerra en Oriente Medio ha afectado aún más la actividad económica por el incremento de los precios del petróleo. El organismo señaló además que la economía chilena continúa expuesta a riesgos externos elevados. Entre los factores mencionados figuran la persistencia de las hostilidades en esa región, las tensiones comerciales y una eventual desaceleración del crecimiento en socios comerciales clave.
El FMI también incluyó entre los riesgos las posibles correcciones vinculadas con una reconsideración de las ganancias de productividad impulsadas por la inteligencia artificial. La institución no presentó ese escenario como un resultado ya ocurrido, sino como parte de las condiciones externas que mantienen sujetas a riesgo las perspectivas económicas de Chile.
Para el Banco Central de Chile, el monto aprobado resulta adecuado como seguro frente a posibles riesgos externos en un entorno global que todavía considera complejo. La autoridad monetaria destacó así la función preventiva del acuerdo, cuyo uso no es automático ni implica que exista una transferencia inmediata entre el banco central y el FMI.
La actual aprobación constituye el cuarto acuerdo de este tipo para Chile desde 2020, cuando la pandemia de covid-19 llevó a la adopción del primer mecanismo de esta serie. Desde entonces, las líneas se han renovado cada dos años y el acceso autorizado se ha reducido gradualmente. La LCF está diseñada para atender necesidades reales o potenciales de balanza de pagos con flexibilidad, sin que el país tenga que utilizarla necesariamente.
En su evaluación, el FMI consideró que Chile mantiene una senda fiscal prudente para preservar la sostenibilidad de la deuda y contribuir a que la inflación alcance la meta establecida. El organismo también valoró la adopción de medidas orientadas a impulsar el crecimiento potencial, elementos que respaldaron la aprobación de la nueva línea de crédito preventiva.
