El euro inició la jornada del 2 de septiembre con una cotización promedio de 46,58 pesos uruguayos, según datos de Dow Jones. El valor representa una suba de 0,86% frente al cierre previo, cuando la moneda europea se negociaba a 46,19 pesos. El movimiento confirma una variación positiva de corto plazo y vuelve a situar la atención sobre el comportamiento relativo del peso uruguayo frente a las principales divisas internacionales.
La apreciación diaria no supone por sí sola un cambio estructural en el mercado, pero se suma a un avance semanal de 0,76%. En la comparación interanual, el euro acumula una mejora de 3,22% respecto del peso uruguayo. Estas referencias muestran que la cotización ha evolucionado en una dirección favorable para la moneda europea, aunque con una magnitud todavía acotada si se la observa dentro de los márgenes habituales del mercado cambiario.

El dato más relevante detrás de la variación no es únicamente la suba del euro, sino el nivel de volatilidad informado para esta jornada. La volatilidad actual se ubica en 9,1%, por debajo de la referencia de 14,75%. Esa diferencia sugiere que, pese al incremento de la cotización, las oscilaciones recientes se han producido en un entorno relativamente más estable. Para importadores, empresas con pagos en euros y personas que proyectan gastos en Europa, la menor volatilidad reduce parcialmente la incertidumbre sobre el precio inmediato de la divisa.
Un avance moderado dentro de una tendencia reciente positiva
La cotización del euro frente al peso uruguayo registra una subida durante un día consecutivo. En mercados de cambio pequeños y abiertos como el uruguayo, estas variaciones pueden obedecer tanto a movimientos internacionales de la moneda europea como a cambios en la demanda local de divisas. Por ello, el precio del euro debe leerse junto con la evolución del dólar, las expectativas de inflación, las tasas de interés y las condiciones de liquidez del sistema financiero.
El euro tiene una incidencia particular en operaciones vinculadas al comercio, los viajes, la educación y determinados servicios contratados en el exterior. Una cotización más alta encarece en pesos los pagos nominados en esa moneda, pero también puede mejorar la conversión para quienes reciben ingresos, remesas o pagos internacionales en euros. El efecto final depende de la exposición de cada hogar o empresa y de si sus costos e ingresos están denominados en moneda local o extranjera.
Las previsiones del dólar trazan el marco para 2026
Las expectativas relevadas por el Banco Central del Uruguay apuntan a un aumento gradual del dólar hacia el cierre de 2026. La mediana de las proyecciones ubica el tipo de cambio en 38,98 pesos por dólar en enero y en 39,33 pesos en junio. Para fines de ese año, el conjunto de analistas consultados estima una cotización de 40,19 pesos, luego de prever 38,92 pesos al comienzo del período y 39,48 pesos hacia mitad de año.
Estas proyecciones no determinan de manera directa el valor del euro, pero ofrecen una referencia clave para interpretar el mercado local. La relación euro-peso se construye a partir del precio internacional entre el euro y el dólar, además de la cotización del dólar frente al peso uruguayo. Si el dólar se fortalece localmente y el euro conserva o mejora su posición internacional, la presión alcista sobre el valor del euro en Uruguay podría ser mayor. Si ambos movimientos se compensan, la variación puede resultar más limitada.
La mirada de más largo plazo del BCU también refleja una expectativa de depreciación gradual del peso frente a la moneda estadounidense: los especialistas proyectan que el dólar podría alcanzar 41,46 pesos a fines de diciembre de 2027. El dato no debe leerse como una previsión cerrada, sino como una señal de consenso basada en las condiciones macroeconómicas conocidas al momento de la encuesta. Cambios en los mercados globales, en la política monetaria internacional o en los flujos regionales de capital pueden modificar esa trayectoria.
Crecimiento moderado e inflación cerca de la meta
El escenario cambiario previsto por los analistas se inserta en una economía de crecimiento moderado. Las estimaciones para el Producto Bruto Interno apuntan a una expansión de 1,87% en 2026, 1,85% en 2027 y 1,92% en 2028. La proyección para 2026 representa una revisión frente al 2,47% esperado en julio del año anterior, lo que indica una percepción más cauta sobre el ritmo de actividad. El rango de previsiones, entre 1,50% y 2,30%, revela además que persisten diferencias relevantes entre los analistas.
En materia de precios, la mediana de las proyecciones sitúa la inflación en 4,40% para 2026, 4,45% para 2027 y 4,50% para 2028. La convergencia hacia el objetivo de 4,5% fijado por el Banco Central es relevante para el tipo de cambio porque una inflación contenida ayuda a preservar la previsibilidad de los precios internos. Sin embargo, la estabilidad cambiaria no depende solo de la inflación: también intervienen la credibilidad de la política monetaria, el desempeño fiscal y el contexto externo.
El peso, una moneda marcada por cambios de régimen
El peso uruguayo es la moneda oficial del país desde 1993, tras reemplazar a los antiguos pesos en un proceso asociado a una etapa de elevada inflación. El Banco Central fue autorizado en 1991 a emitir nuevos billetes, con una equivalencia de 1.000 antiguos pesos por cada nuevo peso. Durante los años noventa, Uruguay aplicó un sistema de bandas de flotación para orientar la relación de la moneda con el dólar.
La crisis financiera de 2002, atravesada por salida de capitales y dificultades para sostener el mercado de cambios, llevó posteriormente a la adopción de un régimen de flotación independiente que continúa vigente. Esa experiencia explica la sensibilidad local ante las variaciones de las divisas y la importancia que conservan las expectativas sobre el dólar y el euro. La apertura de septiembre, con un euro en alza pero una volatilidad inferior a la habitual, describe un mercado que por ahora combina encarecimiento de la moneda europea con señales de menor tensión en sus oscilaciones.
