En la jornada de apertura del 6 de julio, el dólar estadounidense se cotizó en promedio a 6,86 bolivianos, sin registrar variación respecto al cierre previo, según datos de Dow Jones. Esta estabilidad se mantiene tras un período de ajustes graduales en el mercado oficial y refleja la persistencia de una tendencia neutra que ya se extiende por varios días consecutivos.
Durante la última semana el billete verde acumuló un avance del 1,8 % frente al boliviano, mientras que en términos interanuales la variación alcanza el 1,74 %. La volatilidad actual del tipo de cambio se ubica en 9,93 %, muy por debajo del nivel de referencia del 16,02 %, lo que indica una fase de menor incertidumbre en las operaciones diarias.

El mercado paralelo y las expectativas de reforma
En el segmento informal, las cotizaciones se estabilizaron temporalmente cerca de 9,64 bolivianos a comienzos de 2026. Esta calma relativa se vincula con las expectativas generadas por el anuncio de un financiamiento de 4.500 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo para el período 2026-2028 y por las medidas de unificación cambiaria que el gobierno boliviano prevé implementar en el primer semestre.
El Banco Central de Bolivia comenzó a publicar valores referenciales diarios que oscilan alrededor de 9,21 bolivianos para la compra y 9,40 para la venta. Aunque el tipo oficial permanece fijado en 6,96 bolivianos, su relevancia práctica disminuye ante la mayor utilización de las cotizaciones de mercado en transacciones comerciales y de importación.
Objetivos fiscales e inflación proyectada
El gobierno boliviano se ha propuesto reducir el déficit fiscal al 7 % del PIB durante el presente año, al tiempo que estima una inflación que podría llegar hasta el 17 %. El Fondo Monetario Internacional había advertido que, sin control estricto de la emisión monetaria, la inflación podría superar el 15 %, aunque las autoridades locales sostienen que las medidas de ajuste permitirán mantenerla dentro de los rangos previstos.
La CEPAL calcula un crecimiento marginal del 0,5 % para la economía boliviana en 2026, mientras que el Banco Mundial anticipa una contracción del 1,1 %. El FMI optó por no emitir proyecciones detalladas a mediano plazo debido al alto nivel de incertidumbre que rodea la transición cambiaria y el impacto de la contracción económica heredada de 2025.
Transición estructural y desafíos pendientes
El proceso de liberación gradual de divisas en el sistema financiero busca reducir la brecha entre el tipo oficial y las cotizaciones de mercado. Esta estrategia implica una mayor oferta de dólares en los bancos y una mayor transparencia en la formación de precios. Sin embargo, el éxito de la medida dependerá de la capacidad del gobierno para controlar el gasto público y de la llegada efectiva de los recursos externos comprometidos.
La volatilidad observada en 2025 dejó secuelas en las reservas internacionales y en la confianza de los agentes económicos. Las autoridades enfrentan ahora el reto de consolidar un nuevo esquema cambiario sin generar presiones adicionales sobre los precios internos ni sobre el ya debilitado crecimiento del PIB.
Analistas locales destacan que la estabilidad registrada en los primeros días de julio representa un respiro temporal, pero advierten que la sostenibilidad del nuevo régimen dependerá de la evolución del déficit fiscal y del cumplimiento de los desembolsos internacionales. Mientras tanto, el mercado observa con atención cada publicación del Banco Central y las señales que emita el gobierno sobre el ritmo de la unificación cambiaria.
