Los datos del EMAE de abril de 2026 confirman una recuperación parcial impulsada por la explotación de minas y canteras, que creció 17,1 % interanual, y por la agricultura, que avanzó 10,9 %. Estos dos sectores aportaron en conjunto 1,8 puntos al alza general de 1,6 % interanual. Sin embargo, la medición desestacionalizada cayó 1,5 % respecto de marzo, rompiendo la incipiente tendencia de recuperación del componente tendencia-ciclo. El acumulado del año alcanza apenas 2,1 %.
El contraste entre los sectores extractivos y los vinculados al mercado interno resulta el rasgo más persistente de la coyuntura actual. Mientras los proyectos de litio y energía maduran y las exportaciones agropecuarias se recuperan tras las sequías previas, la industria manufacturera retrocedió 2,9 % y el comercio 3,2 %. Ocho de los quince sectores relevados por el INDEC registraron caídas.

Dependencia de commodities y fragilidad del consumo
El primer dato relevante es la concentración del crecimiento. Explotación de minas y canteras y agricultura explican prácticamente todo el resultado positivo interanual. Esta dependencia implica que cualquier variación en los precios internacionales del litio, el cobre o la soja se transmitirá de inmediato al índice general. Históricamente, episodios similares en 2011-2012 y 2022 mostraron que cuando los términos de intercambio se deterioran, el resto de la economía carece de colchón suficiente para compensar la caída.
El retroceso del comercio y la industria manufacturera refleja, además, la debilidad persistente del poder adquisitivo. Las suspensiones en el sector automotriz y el cierre de plantas como Unionbat en Entre Ríos no son fenómenos aislados; responden a una demanda interna que sigue sin encontrar piso tras más de dos años de contracción real de salarios. Las consultoras privadas estiman que el consumo masivo se ubica aún 18 % por debajo del nivel de 2023.
Perspectivas de las empresas extractivas frente a las manufactureras
Desde la óptica de las compañías mineras y agroexportadoras, el escenario actual representa una ventana de oportunidad. Los proyectos de litio en Salta y Catamarca han alcanzado su fase de producción plena, y los contratos de largo plazo con fabricantes de baterías europeas y asiáticas ofrecen ingresos estables en dólares. Las cámaras sectoriales destacan que la inversión extranjera directa en estas actividades superó los 4.200 millones de dólares en los últimos dieciocho meses.
En cambio, los empresarios de la industria y el comercio minorista enfrentan un dilema distinto. La combinación de alta tasa de interés real, caída del crédito al consumo y competencia de productos importados a tipo de cambio apreciado reduce los márgenes y desincentiva la reinversión. Varias cámaras han solicitado al Gobierno medidas de alivio fiscal y líneas de financiamiento específicas, sin obtener respuestas concretas hasta el momento.
El rol de los trabajadores y los sindicatos
Los sindicatos del sector industrial han intensificado las protestas contra las suspensiones y los despidos. En el gremio metalúrgico, la cantidad de trabajadores con suspensiones rotativas ya supera los 18.000, según datos internos. Las paritarias cerradas en los primeros meses del año perdieron rápidamente poder adquisitivo frente a la inflación de alimentos, que en abril se ubicó en 4,8 % mensual. Esta situación genera un círculo vicioso: menor consumo, mayor presión sobre las empresas y nuevas solicitudes de ajuste de personal.
Por el contrario, los sindicatos vinculados a la minería y a la cosecha granaria mantienen una posición más estable. Los convenios colectivos en estas actividades suelen incluir cláusulas de ajuste por productividad y bonos atados a precios internacionales, lo que amortigua parcialmente el impacto de la inflación local.
Escenarios futuros y riesgos estructurales
El primer escenario probable es una recuperación lenta y volátil durante el segundo semestre de 2026. Si los precios de los commodities se mantienen en los niveles actuales y no se producen shocks climáticos, el EMAE podría cerrar el año con un crecimiento entre 2,8 % y 3,2 %. Sin embargo, la brecha entre sectores tenderá a ampliarse, incrementando la heterogeneidad regional: provincias con fuerte presencia extractiva mostrarán mayor dinamismo que las del centro industrial del país.
Un segundo riesgo radica en la sostenibilidad fiscal. El mayor aporte de retenciones y regalías mineras al Tesoro Nacional reduce la presión sobre el déficit primario, pero también genera incentivos para postergar reformas estructurales en el mercado laboral y tributario interno. Si los precios de exportación cayeran 15 % durante 2027, el efecto sobre las cuentas públicas sería inmediato y obligaría a un ajuste más brusco del gasto.
Por último, la tensión social derivada de la desigualdad sectorial constituye un factor de inestabilidad política. Las protestas regionales ya observadas en el interior bonaerense y en el sur industrial podrían intensificarse si el empleo formal no se recupera antes de las elecciones de medio término. Los analistas coinciden en que la gobernabilidad dependerá tanto de la evolución de los precios internacionales como de la capacidad del Gobierno para diseñar políticas de compensación que eviten una fractura más profunda entre las dos velocidades de la economía.
